La gente quiere que se le devuelva su dinero

Artículo publicado el 27 de Junio de 2005
Artículo publicado el 27 de Junio de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Las críticas sobre las bonificaciones que los británicos reciben de las arcas de la UE crecen. Sin embargo, el euroescepticismo, en plena resaca del No a la Constitución, se manifiesta cada vez más mediante las avaricias de cada país.

“Quiero que me devuelvan mi dinero”. Con esta legendaria frase, pronunciada en la cumbre europea de Fontainebleau, en 1984, la primera ministra Margaret Thatcher expresó con palabras el euroescepticismo como nadie lo había hecho antes. Según la Dama de hierro, el Reino Unido estaba recibiendo, en proporción, menos de lo que pagaba del Presupuesto Europeo. Y ella quería una compensación.

Razones razonables

En aquel tiempo, Gran Bretaña era uno de los Estados más pobres de la Comunidad Europea (CEE), con un Producto Nacional Bruto (PNB) per cápita un 10% más bajo que la media de la Comunidad. Además, como uno de los mayores importadores de productos agrícolas de origen no comunitario, el Reino Unido soportaba altísimos niveles de impuestos por aranceles y aduanas que, uno tras otro, ayudaron a financiar la Política Agraria Común (PAC). Dado que la PAC ayuda a la agricultura europea, el hecho de que el Reino Unido estuviera pagando grandes cantidades (tanto directa como indirectamente) a un fondo del cual recibía como el que menos, desembocó en un sensación de injusticia de la que Margaret Thatcher supo sacar provecho.

Para Thatcher, la solución lógica era que la PAC fuera revisada y que a Reino Unido se le devolviera algo. Este calculado acercamiento no fue demasiado bien acogido por los demás Estados miembro, para los que la PAC, el único campo en el que la CEE había conseguido acordar satisfactoriamente una política común, era un símbolo de lo que la CEE había logrado. Pero para acallar habladurías sobre la escisión británica, la bonificación fue concedida y aún perdura hoy.

Tiempos de cambio

Con el telón de fondo de los debates sobre el próximo presupuesto, que intenta limitar el gasto en cada una de las áreas de la política de la UE, Francia y otras naciones han tomado una postura firme contra (cómo no) la bonificación británica. El Reino Unido también se muestra testarudo. Quiere seguir adelante con su convenio especial, con el que se ahorra alrededor de 4500 millones de euros al año, y ha amenazado incluso con vetar la totalidad del presupuesto si las cosas no siguen en su sitio. Como en la época de Thatcher, el Reino Unido aún no recibe de la PAC tanto como aporta, y por eso Blair no está muy dispuesto a ceder en lo que no es sólo una herramienta económica sino también política.

Sin embargo, el contexto en el que la compensación fue originalmente acordada ha cambiado sustancialmente a lo largo de los años. Y a favor de los británicos. Están mucho mejor de lo que estaban hace 20 años: desde 1984, quince países más han entrado en la Unión y su poder adquisitivo ocupa el tercer lugar. Los argumentos británicos por tanto suenan menos razonables, algo que lleva al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, a tomar parte en el asunto y a apelar al fin de la bonificación.

El nacionalismo resurge

Pero no es sólo el Reino Unido el que está tratando de defender sus intereses y evitarse pagar. Como fue evidente durante la cumbre de líderes europeos del 16 y 17 de Junio, la oposición pública a la constitución propuesta ha convertido a los líderes políticos en tenaces defensores de los intereses nacionales en un intento de ganar confianzas. Por ejemplo, el presidente francés Jaques Chirac rebatió la propuesta de Blair para el cese de las bonificaciones a cambio de una reforma de la PAC, sabiendo que tal reforma podría enfadar a los granjeros franceses que se benefician en gran medida de este acuerdo. Asimismo, los holandeses, muchos de los cuales (según Motivation) votaron Nee a la constitución basados en que la contribución holandesa era demasiado alta, han presionado para ver reducidos sus pagos en la Unión.

La constitución ha removido el debate sobre el futuro de la UE, pero de una forma bastante diferente a la que se esperaba. Por ahora, los desacuerdos se centran en los conflictos de intereses de las diferentes economías dentro de la Unión. Entre países con un vasto sector agrícola y aquellos que se valen del comercio. Como siempre, el dinero parece ser lo único que provoca el interés de la gente. Y quiere que se lo devuelvan.