La gripe del pollo de la política europea

Artículo publicado el 12 de Febrero de 2004
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Artículo publicado el 12 de Febrero de 2004

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Inoculemos cuanto antes el virus de la democracia y del estado de derecho en las instituciones internacionales y en la Unión Europea.

Las verdaderas epidemias chinas, vietnamitas, camboyanas no azotan a los pollos para transmitirse a los hombres, sino que siegan la vida, las esperanzas y el bienestar de las personas de carne y hueso, reduciéndolas a la categoría de animales o no-humanos. Estas personas son a veces como los pollos de engorde, obligados a existir y privados de la vida y de la libertad en nombre de mitos falsos y decadentes, oprimidos por los criadores sin piedad y dedicados a una única misión: la autoconservación, la permanencia en el más autárquico y ciego de los poderes. El estado de la salud de los pollos asiáticos es en este caso un termómetro del respeto a los derechos humanos y la democracia para centenares de millones de personas.

Derechos de los pollos y Derechos Humanos

En el sano Occidente, los primeros contaminados por la influencia aviar han sido los expertos de todos los ministerios de sanidad: han puesto en ebullición la existencia tediosa de los funcionarios de centenares de organizaciones internacionales que tienen la tutela de la sanidad, la tutela del consumidor, la tutela del buen o del mal gusto, la tutela de todo, salvo quizás del sentido común. Durante años masacres y pillajes, represión cultural y destrucción completa del más mínimo rastro del derecho a la vida han silenciado (con silenciador) la vida de millones, quizás millardos, de habitantes de China -como los tibetanos y uigures-, de Laos, de Vietnam. Sin un organismo internacional encargado de la democracia y del estado de derecho, sin siquiera un bostezo en los asientos de las instituciones más competentes. Sin una migaja de legalidad más allá de un formalismo obtuso.

Y Europa sigue dando preferencia a sus pollos. Continúa traficando con el diablo, vendiendo su alma por unos cuantos aviones de más a Pekin, por algún favor de un régimen vietnamita nunca renegado. Por algún asunto. Por su tranquilidad de espíritu.

Si acaso la Unión Europea propondrá, como acto de gran clarividencia clientelista, un nuevo tratado internacional para la protección de la sanidad de los pollos, pero no para la de las gallinas y menos aún la de los pavos. Mientras que la única cosa que necesitan enormemente los “pollos” europeos y chinos es la Organización Mundial de la Democracia, el reconocimiento de la democracia y del estado de derecho como derecho humano fundamental. Los europeos también, aunque sean un poco menos «pollos».