La guerra de la salchicha

Artículo publicado el 14 de Agosto de 2008
Artículo publicado el 14 de Agosto de 2008
Checos y eslovacos llegan a un acuerdo sobre la inscripción conjunta en la Unión Europea de su especialidad culinaria

En Praga y Bratislava respiran tranquilos: el peligro que durante tanto tiempo ha amenazado las relaciones entre checos y eslovacos parece haber llegado a su fin. El pasado mes de julio, y tras meses de continuas y duras peleas, los antiguos hermanos llegaron a un acuerdo sobre una cuestión básica: ¿En cuál de los dos países se producen las verdaderas salchichas de panceta?

Lo que para un extranjero puede sonar a broma es para checos y eslovacos un tema muy serio. Las salchichas de panceta, o spekacky en el idioma local, pertenecen a las delicatessen de ambos países.

Estas salchichas, pequeñas pero gordas, se caracterizan principalmente porque gotean grasa. Su sabor característico resulta especialmente inusual para los extranjeros. Al principio se muestran comestibles

cual salchicha borracha, metidas en salmuera agria, acompañadas por gran cantidad de cebolla y pimientos infernalmente picantes. De esta forma es como se suelen comer, bajo la denominación de utopenci, con una cerveza.

A comienzos de año, los eslovacos querían cubrirse las espaldas frente a sus vecinos en Bruselas y hacer que se protegieran sus salchichas como especialidad nacional. Esto hubiera implicado que los checos a partir de entonces tendrían que producir su spekacky siguiendo la receta eslovaca. De lo contrario, se verían obligados a inventarse un nuevo nombre para sus salchichas.

La astucia de los vecinos hizo aumentar el enfado de los productores de salchichas checos, que bombardearon al Ministerio de Agricultura pidiendo que se mostrara a los eslovacos quién llevaba más tiempo en la primera línea de producción de salchichas. Entonces Praga respondió con un veto en Bruselas. Finalmente, en marzo, los dos ministros, Petr Gandalovic y Zdenka Kramplova celebraron una reunión para tratar la crisis, que por primera vez se tomó en serio.

Es ahora cuando ambas partes se ponen de acuerdo en Bruselas sobre los procedimientos que se deben seguir. Se van a solicitar los derechos, no solo para la denominación de las salchichas, sino también para las cuatro especialidades de salchichas y salami. Dos de las recetas, las del salami Zipser y Liptauer, han ido a parar a manos de los eslovacos; los checos se han llevado los derechos para el salami Jäger y para las salchichas de panceta. De todos modos, las cuatro clases de embutido tendrán que ser protegidas en ambos países por igual.

Los periodistas aprovechan ahora la ocasión para intentar acabar con sucedáneos de la soja y de otros productos con ingredientes dudosos que desde hace un tiempo llenan las estanterías de las tiendas. Uno de los periodistas del diario checo Lidove Noviny terminó su minuciosa colaboración sobre el asunto de las salchichas con un suspiro: ¡El Señor y la Unión Europea nos quieren librar para siempre de estas salchichas!