La guerra del latín

Artículo publicado el 3 de Octubre de 2016
Artículo publicado el 3 de Octubre de 2016

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Gallia est omnis divisa in partes tres (El conjunto de la Galia está dividida en tres partes), escribió Julio César. Cierto, pero cuando se trata de enseñar lenguas clásicas ¿en cuántas partes se divide Europa? ¿Sirve para algo aprender latín? ¿Podría ser la panacea de los problemas de la juventud europea?

El primer libro que tomé prestado por voluntad propia de la biblioteca de mis padres fue Mitología, de Jan Parandowski. No olvidaré nunca la satisfacción que experimenté al descubrir por primera vez que una fractura de cráneo resultaba ser un excelente remedio contra la migraña (así como para dar a luz a una niña), o que la mejor manera de deshacerse de un sobrino o de un sucesor al trono era enviarle a la búsqueda del vellocino de oro. Ese libro fue una especie de revelación: lo consideré inmediatamente como el mejor libro del mundo y, acto seguido, decidí que quería aprender las lenguas clásicas.

Pero crecí un poco y mi vida tomó otra decisión al respecto: preferí concentrarme en lenguas habladas por personas vivas. Sin embargo, a pesar de ello, estoy orgulloso de haber empezado a aprender latín durante mi etapa de estudiante, concretamente en la enseñanza secundaria. Aunque nunca llegue a ser un łatinista, -sin embargo, he soñado con ello-, siempre me pareció una lengua hermosa. Es a la vez creativa, lógica y poética. Cada palabra tiene un significado y cada palabra resulta ser indispensable.

Siempre me he interesado por las sucesivas iniciativas que se han llevado a cabo en Polonia para que el latín vuelva a estar en un primer plano, es decir, para que el latín sea asignatura obligatoria. Hace unas semanas, se publicó una carta abierta al ministro de Educación. Incluso yo, un apasionado y enamorado del latín, admito que es esencial que nos hagamos una pregunta: ¿tiene esto realmente algún sentido?

La gramática y la vida en armonía

Echemos un vistazo al mapa de Europa. Las lenguas clásicas, que en el caso de Europa son el latín y el griego, no son materias obligatorias en Bélgica, Francia y Reino Unido, aunque se puedan estudiar en la enseñanza secundaria y en la universidad. Los países que más tiempo dedican a estudiar las lenguas clásicas son Alemania y Austria. En estos dos países los alumnos de secundaria eligen entre latín y francés como segunda lengua extranjera (la primera es el inglés). Los países más comprometidos con el estudio de estas lenguas son, como no podía ser de otra manera, Grecia e Italia. En Italia, el latín se enseña en las dos escuelas de tipo clásico que hay en la enseñanza secundaria: el liceo scientifico y el liceo classico [escuelas que preparan a los alumnos durante cinco años para los estudios universitarios o para otras formas de enseñanza superior, ndlr]. En el segundo, la asignatura de griego antiguo es también obligatoria. Por último, y para sorpresa de todos, los Países Bajos encabezan este particular ranking: los programas de la enseñanza secundaria proponen el aprendizaje básico de latín y griego, con la posibilidad de poder seguir estudiando al menos una de las dos. En casi todos los países europeos el latín es asignatura obligatoria en las facultades de medicina, derecho y filología.

¿Qué opinan de esto los estudiantes? Pues que el acercamiento a las lenguas clásicas es muy positivo, sobre todo al latín. Opinan que tener conocimientos de latín les facilita el aprendizaje de lenguas modernas, en particular de las lenguas romances, así como que es útil en medicina y derecho para comprender el significado de numerosos términos relacionados con esos ámbitos. Y algunos hacen hincapié en el aprendizaje de un pensamiento lógico.

No obstante, es difícil encontrar en sus respuestas los elogios que a estas lenguas dedicarían sus padres y sus profesores, entre los que hay quienes opinan que el latín enseña no solo gramática sino también un modo de vida en armonía. Me he metido en uno de los foros mas importantes de traductores y lingüistas en Polonia y el tema de la recuperación del latín como asignatura obligatoria en las escuelas suscita siempre un vivo debate entre la comunidad. Uno de los comentarios más habituales es el siguiente: "Sería una cosa buena para los chavales. Además de la lengua, aprenderían a valorar el trabajo".

Houston, parece que tenemos un conflicto generacional.

Latín vs millenials 

El hecho de que la carta abierta arriba mencionada haya sido enviada por el Instituto Lech Kaczynski, en pleno debate sobre la nueva reforma educativa, no es una casualidad. La fundación, cuya actividad se centra en "la difusión y protección de los derechos humanos y de la libertad", reagrupa a las comunidades próximas al partido actualmente en el poder, conocido por sus posiciones conservadoras. Al igual que la religión, la ética, la educación patriótica y la historia, las lenguas clásicas se convierten en un arma – inofensiva a primera vista pero, en realidad, profundamente simbólica – de una guerra ideológica y política. Las lenguas y culturas clásicas ya no son una rama de las ciencias (ni de las artes) independiente y legítima. Solo representan un símbolo ilusorio de los estudios clásicos y de los valores tradicionales.

Los grupos conservadores reivindican su amor por las lenguas clásicas pero, en realidad, solo las utilizan como reclamo en su programa electoral. No se hace hincapié en el aprendizaje real de las lenguas clásicas, de la historia y de la cultura clásica, sino en "la renovación espiritual y lingüística" que podrían aportar, según ellos, los estudios clásicos. El latín traería consigo nuevos varazos en los dedos de los alumnos indisciplinados y se presenta como la panacea para todo, desde los problemas de memoria a la dislexia, pasando por el bienestar general del cuerpo y del espíritu. El latín serviría incluso para que tan pronto como los chavales vieran una tabla con la primera declinación, su deseo de fumar marihuana desapareciera al instante y dejaran de quejarse del mercado laboral.

Si no, ¿recordáis cuando en los colegios enseñaban a la gente cómo pensar en lugar de decirles qué pensar?

Coca Cola, rayos láser y latín

La conclusión que podemos sacar de las conversaciones que hemos mantenido es que a los jóvenes les gusta el latín en la medida en que se les permita desarrollar competencias que favorezcan su carrera. Es muy sorprendente, e Italia es un buen ejemplo de ello. Aunque haya una larga tradición de enseñanza del latín, muchos creen que la mala situación del mercado laboral trae consigo que los jóvenes ya no puedan permitirse el lujo de aprender latín, sobre todo si tenemos en cuenta su carencia de competencias en el aprendizaje de lenguas modernas.

Una parte del problema reside en el hecho de que el latín se ha etiquetado como una asignatura de humanidades "inútil". "No se trata de volver a poner el latín como lengua protagonista -afirma mi profesora de latín en secundaria-, sino de recuperar su dignidad y todo su sentido". "La degradación del estatus del łatín está estrechamente ligada a la degradación de las humanidades, que no pueden existir sin el latín y el griego. Estas lenguas nos permiten observar las cosas dentro de nuestra cultura que, en caso contrario, se volverían invisibles. Con el latín se abre una nueva dimensión". Sin embargo, ¿es legítimo obligar a la gente a explorar nuevas dimensiones  mientras ellos desean permanecer con los pies en la tierra? ¿Dónde está el límite entre concienciar a la gente y obligar a alguien a convertirse en un intelectual?

Siempre he querido aprender latín, pero nunca he querido que eso controle mi desarrollo personal. Formar a un ser humano lleva más tiempo que cinco horas de clase de latín a la semana. No es tan sencillo.