La historia de Songbeat: cómo fundé mi propia empresa de star-up

Artículo publicado el 25 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 25 de Febrero de 2010
Lanzar una empresa de música en línea, con 25 años y sin los medios de Apple, parece misión imposible. Sin embargo, dos jóvenes berlineses lo han conseguido. Gracias a profesionales procedentes de todo el mundo y a la perseverancia en las ideas, el sitio Songbeat ha conquistado a su público. Te relatamos la historia de su creación

La pequeña empresa de Philip Eggersglüß y Marco Rydman no conoce la crisis. Por más que vivan en una de las ciudades más pobres de Alemania, en donde el paro afecta a un 15% de la población activa, su bienestar económico está asegurado gracias a una idea sencilla: catalogar las bases de datos mp3 o las estaciones de radio en línea y crear un buscador capaz de indexarlos para luego escucharlos y descargarlos. Fue así como surgió Songbeat. Este programa sirve precisamente de intermediario entre los mp3 y los usuarios, que son los únicos responsables de los derechos de autor. De hecho, a cada uno le corresponde saber si posee los derechos de lo que está descargando del sitio. Y entonces, ¿de dónde llega el dinero? De las búsquedas por palabras clave, por las que el usuario tiene que pagar 15 dólares por cada mil.

Para estos dos socios, los acontecimientos se encadenaron rápidamente. En noviembre de 2007, descubrieron que el derecho de las sociedades anglosajonas les ofrecía un marco favorable para su compañía star-tup. De hecho, la fundación de una sociedad con responsabilidad limitada en el Reino Unido tan solo necesita un capital de inicio de una libra esterlina, mucho menos de los 25.000 euros indispensables para abrir una GmbH (en alemán, sociedad con responsabilidad limitada) en el país germano. Así fue como estos dos alemanes, con una inversión inicial de 3.000 euros, se lanzaron a la aventura. Esta suma bastaba para construir el reproductor de mp3, el buscador y para financiar una campaña publicitaria.

Una compañía con 100.000 usuarios

los creadores de SongbeatEl dinero contante y sonante empezó a llenar rápidamente los bolsillos de los dos empresarios. Una vez reunido el capital necesario, fundaron esta famosa GmbH en el país: “Hemos decidido finalmente crear una sociedad alemana, lo que implica menos riesgo para nosotros y no nos obliga a estar en el punto de mira de una segunda administración”. Entonces, la empresa empezó a crecer. Philip y Marco contrataron a un nuevo equipo de programadores en Polonia. “Los conocimos durante una colaboración común con una empresa danesa y más tarde también tuvimos a un programador sueco que participó en el proyecto”. La empresa intentó abrirse camino en el mercado europeo con la traducción de la segunda versión del programa en siete lenguas y fue cobrando forma. Su futuro parecía estar asegurado con alrededor de 100.000 usuarios habituales, buenos ingresos y un sistema jurídico adaptado. Sin embargo, no tuvieron en cuenta la reacción de las grandes compañías discográficas.

En enero de 2009, la filial alemana de la Warner llamó a la puerta de Songbeat, pero no para una visita de cortesía. Acusaron a la empresa de poner a disposición gratuitamente en internet el contenido protegido por los derechos de autor. Fue un proceso relámpago, David contra Goliat. Obligaron a Songbeat a cerrar sus puertas temporalmente, para volver a abrirlas un par de meses más tarde bajo otra forma. En esta ocasión, Marco y Philip dejaron de ocuparse del desarrollo del programa. Su distribución se hizo separadamente a través de una nueva sociedad con responsabilidad limitada con sede en Hong Kong, en manos de un nuevo gerente y fuera del alcance de la Warner. Además, los dos berlineses abrieron el juicio. “Los primeros años de Songbeat no fueron fáciles. Hubo mucho trabajo y mucha presión. Desde la reestructuración de la empresa, tenemos menos responsabilidades y más tiempo libre”. Para ellos, se trata de una aventura que ha dado sus frutos.

Berlín, capital de la creatividad

Los propósitos de Songbeat siguen siendo claramente comerciales, lejos del impulso inicial de los fundadores de Napster o The Pirate Bay que trataron de permitir el libre intercambio de datos más allá de una relación mercantil. Por su parte, Songbeat intenta “monetizar un sector que ha dejado de serlo desde hace tiempo, pues se ha acostumbrado a toda una generación a obtener música gratuitamente en la red. Nosotros estamos intentando volver a introducir la forma de pago en este sector. Nuestro modelo podría constituir una solución para las grandes compañías discográficas”. Sin embargo, estas compañías no comparten abiertamente esta propuesta.

Para Philip, que fundó su primera compañía con 19 años, este éxito representa la confirmación de su vocación. Lo lleva en la sangre y es de la opinión de que todos somos capaces de convertirnos en empresarios. Los problemas principales consisten en atreverse a tomar riesgos y en mantener luego la disciplina suficiente para llevar a cabo el proyecto. “Cuando uno es el propio jefe, goza de grandes libertades, pero también debe ser ordenado y capaz de levantarse por la mañana. Es imprescindible saber ponerse ciertas normas”, afirma el joven berlinés. Más aún cuando se trata de Berlín, pues uno no vive tan resueltamente como en el resto de Alemania: “Aquí, se puede salir de fiesta fácilmente durante toda la semana”. Según Philip, esta tentación es uno de los defectos de la capital alemana, además de, entre otros, la omnipresencia de charlatanes que no actúan (“imposible trabajar con esas personas”). A pesar de ello, la ciudad también tiene sus lados positivos. Los alquileres son relativamente baratos, lo que permite a cualquier compañía startup de lanzarse con un presupuesto reducido. Además, el ambiente internacional que predomina en la ciudad atrae a creativos de todo el mundo. Se trata de una ganga para muchos jóvenes empresarios que ven en Berlín la capital europea para lanzarse al mercado.