La homosexualidad, tan vieja como el Hombre

Artículo publicado el 10 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 10 de Enero de 2005

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Aunque el término “homosexual” es reciente y se acuñó por vez primera en 1868, la homosexualidad siempre ha estado ahí. No obstante, su estatus ha variado muchas veces a lo largo de la Historia.

La homosexualidad no siempre ha sido tabú. Antes del asentamiento del cristianismo, la homosexualidad formaba parte de la vida en toda Europa. En la Grecia antigua, los hombres adultos tenía por misión educar y entrenar a los jóvenes efebos en sus relaciones sexuales, y estas eran consideradas de un modo muy natural en la preparación para la vida social. En cambio, con la llegada del cristianismo se empezó a condenar la homosexualidad como pecado y como propio de sociedades “bárbaras”. Fue el emperador romano Constantino, una vez convertido al cristianismo, quien castigó por primera vez la homosexualidad con la castración en el año 342. Desde entonces, el derecho comenzó a criminalizar la homosexualidad en todo el continente con penas que iban desde la castración a la de muerte, convirtiendo a los homosexuales en seres perseguidos durante siglos.

Amor prohibido

El amor entre hombres, a pesar de estar prohibido y condenado ampliamente por la sociedad, ha sido a menudo usado como tema artístico. Sobretodo durante el Renacimiento, empeñado en glorificar el cuerpo masculino. A puerta cerrada, los homosexuales no se veían perturbados por las normas de buena conducta, e incluso durante la Ilustración llegó a emerger una cierta subcultura homosexual bastante distinguida. En Londres, por ejemplo, surgieron multitud de Molly Houses (unos clubes privados exclusivamente para hombres) por doquier durante el siglo XVIII. Los hombres bordeaban voluntariamente los límites sociales bebiendo, bailando, flirteando entre ellos y parodiando la vida burguesa. Con la despenalización de la homosexualidad en Francia tras la Revolución, pareció que iban a ser definitivamente aceptados. Pero en vez de castigar la homosexualidad, empezaron a castigar los actos homosexuales en tanto “ofensa a la moral pública”.

Se progresó durante el siglo XIX hacia el reconocimiento de la homosexualidad. De todos modos, como dijo el letrado alemán Karl Heinrich Ulrichs cuando declaró públicamente su homosexualidad en el transcurso de una conferencia en Berlín en 1867, el público aún no estaba preparado para aceptar desviaciones de la norma. La acuñación en 1868 por parte del psiquiatra húngaro Károly Mária Kertbeny del término “homosexual”, introdujo más cercanía a esta cuestión. Por un lado, resultó ser un término liberador ya que dio a los homosexuales la oportunidad de identificarse a si mismos y de organizarse. Pero por otro lado, resultaba represivo al identificar oficialmente a los homosexuales como los “otros”, estigmatizándolos y designando la homosexualidad como un déficit social.

El principio del fin

Siempre se ha pensado que el movimiento contra la discriminación de gays y lesbianas nace de las dos últimas décadas, pero sus raíces se hallan en las postrimerías del siglo XIX con el nacimiento del Comité Científico Humanitario fundado en 1897 por el neurólogo germano-judío Magnus Hirschfeld. Se trató entonces del primer grupo socio-político en pelear por los derechos de los homosexuales.

Los frutos de sus esfuerzos fueron ampliados por la primera guerra mundial, que sirvió para redefinir los poderes en Europa y generar cierta conciencia hacia los homosexuales. En 1919, Hirschfeld inauguró el Instituto de Investigación Sexual en Berlín, instituto que proporcionó los más amplios catálogos de trabajos sobre las relaciones entre hombres. Aun así, la realidad homosexual alemana se vio perturbada por el régimen nazi, durante el cual las relaciones homosexuales y sus publicaciones fueron ilegalizadas. El instituto de Hirschfeld fue destruido en 1933, y entre 1939 y 1945 los homosexuales fueron deportados en masa a los campos de concentración.

Divergencias entre los Estados de la UE

El periodo de posguerra, más centrado en la reconstrucción que en los derechos de gays y lesbianas, propició pocos progresos, pero acercándonos hacia el final del siglo XX asisitimos a una explosión de declaraciones legales reconociendo la igualdad de derechos para los homosexuales. Sea como sea, en la UE este reconocimiento varía de país a país, con diferencias especiales entre los países del norte y del oeste respecto a los de sur y del este. A nivel comunitario, la introducción del artículo 13 en el Tratado de Ámsterdam y del artículo II-81 en la Constitución impide la discriminación por motivos de orientación sexual. Con esta premisa legal, el no reconocimiento de las uniones entre gays y lesbianas podría ser elevado ante la Corte Europea y forzar, por tanto, un cambio legislativo. En el futuro, los homosexuales verán afortunadamente reconocidos sus derechos. El tiempo nos lo dirá.