La Humanidad, a fin de cuentas

Artículo publicado el 15 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 15 de Marzo de 2015

A ratos, diario de Jean Jaurès, órgano de prensa del Partido Comunista y periódico de opinión, l'Humanité ha sido siempre un caso aparte. Hoy en día, la redacción situada en Saint-Denis se hunde cada vez más en la monotonía pero no por ello ha olvidado sus principios enraizados en el comunismo. Reportaje al corazón de un periódico “que ante todo hace honor a su nombre”.

En la redacción de l'Humanité flota una especie de airecillo posbélico. Algunos periodistas teclean sobre en sus ordenadores en una calma sepulcral. Cada uno en su box, los distintos departamentos cuchichean, dejando sonar el zumbido del ventilador de las unidades centrales en un ambiente que siente el calor sólo porque hace sol fuera. Dentro, un mes después de los atentados del 7 de enero, surgen los primeros estigmas en imágenes. Portadas, mensajes a lápiz o clichés grapados en las paredes del edificio como si fueran fotos familiares. Aquí los fallecidos de Charlie eran bien viejos conocidos: Tignous y Wolinski dibujaban, Charb era un empleado.

Lector-salvador

Los ataques han sacudido toda la redacción del diario de Saint-Denis. Ha hecho falta plantar cara a un mes horrible, trabajar de manera infatigable para encontrar el punto medio entre información y emoción. A mediados de febrero, cuando el inmenso arranque de solidaridad empezó a dejar sitio al día a día, hubo que admitir que era el momento de que la redacción pensara un poquito en ella. Desde hace tiempo, l’Humanité repite las peticiones de donativos en las páginas del diario. Hoy, la tirada es de 40.000 ejemplares entre semana, 70.000 el domingo. Demasiado poco para esperar una continuidad del periódico sin pasar por la ayuda de sus principales mecenas: sus lectores.

Nos recibe, sin embargo, un relajado Patrick Apel-Muller en el despacho de dirección. Y con una sonrisa tan larga como su bigote, el director de la redacción de 'l’Huma' nos invita a sentarnos tras una pila impresionante de libros de lo más dispares. Piernas cruzadas, él no deja de sonreír cuando se le pide confirmar que su periódico va mal: 'l’Humanité' pasa por dificultades financieras", matiza con voz baja. Comparado "con otros", el periódico se las apaña más o menos bien. Repitiendo las peticiones de donativos, la empresa ha recaudado cerca de 1.300.000 euros el pasado diciembre. Algo con lo que olvidar los problemas de tesorería y, sobre todo, que confirma que 'l'Huma' es un periódico con la ventaja de ser leído…Por filántropos.

De miel y paté 

En 2012, estos mismos lectores aportaron más de 2 millones de euros a las arcas. ¿Quiénes son estos contribuyentes? "Gente corriente", indica Patrick Apel-Muller rascándose el muslo. "Jubilados que aportan sus escasas contribuciones por ejemplo". Salvadores más bien, sin los que la pila de la edición diaria que preside la estantería sería mucho más fina. La empresa lo sabe perfectamente y se aferra a considerar este vínculo como un privilegio. "Desde la organización de vacaciones inteligentes al aprovisionamiento de productos de la tierra", responde nuestro hombre cuando hay que explicar sus proyectos de desarrollo. Viajes a Cuba acompañados de un periodista experto de la región, invitados para su gran fiesta anual, miel, paté… 'l'Huma', no es solamente un periódico. ¿Y cómo podría serlo? Se vende a  1,70 euros y fabricarlo cuesta 2. Menos subvenciones publicas, renuncia de los anunciantes, abandono de los quioscos…El periódico, como todos los demás, tiene problemas para adaptarse a su tiempo.

Pero para el director de la redacción, los males no se encuentran en las cifras. El cénit del mal: un sistema que impediría que la prensa independiente tenga su voz. Nombre del código: "pensamiento único". Dicho de otra forma, la subsistencia de una prensa neutra, consensuada, idéntica que se nutre de dinero público en detrimento de otra prensa que manifiesta una opinión. Al escuchar a Patrick Apel-Muller, l’Humanité parece ser el único periódico francés que se plantea realmente la cuestión de transformar la sociedad. "La denuncia de injusticias, el encuentro de las luchas sociales, políticas y medioambientales", precisa enumerando  con los dedos de la mano. El problema es que la línea editorial impresa por el periódico, además de ser rechazada por los anunciantes, saldría de los radares mediáticos. "Nunca vemos a un periodista de 'l'Huma' en los medios. ¿Acaso han oído a alguno de nosotros hablar sobre Charlie?", apostrofa con los ojos desorbitados.

El estilo lo tienes, jefe

La verdad es que l'Humanité siempre ha sido un caso aparte. Fundado por Jean Jaurès, el diario "de todas las inteligencias libres" se ha convertido rápidamente en el órgano central del Partido Comunista Francés al que ha apoyado durante más de 70 años. En la actualidad lo dirige Patrick Le Hyaric -del partido de izquierdas Front de Gauche- el único diputado europeo con el cargo de jefe de prensa de todo el continente. Cuando le preguntamos por el tema de su independencia, el director de la redacción esquiva la respuesta con un revés: "Esta pregunta sólo se plantea cuando el contenido del periódico tiene asuntos sobre fuerzas exteriores que nada tienen que ver con su contenido". De este modo, 'l'Huma' saca la artillería pesada, multiplica sus titulares sobre Syriza y empapa sus páginas de manera encarnizada contra la Troïka. "Hoy se reprocha a los periódicos el hecho de ser comprometidos, continua Apel-Muller. ¡Pero es una cualidad! Si todo el mundo piensa igual, escribe y piensa la misma cosa no habría más que una pluralidad de titulares para contenidos idénticos".

Para asegurar lo contrario, la redacción recluta periodistas en organizaciones sindicales y piensa incluso en reinstaurar el sistema de "rabcors" esos corresponsales obreros que alimentaban el diario desde sus fábricas. A día de hoy, un buen tercio de la redacción es militante y sigue los pasos del director de la redacción, que ha pasado por la Unión de Estudiantes Comunistas antes de convertirse en periodista. Si, en una enésima sonrisa, Patrick Apel-Muller nos confiesa que el periódico no tiene de comunista más que la forma de trabajar, l’Humanité  es aún un periódico de opinión, bien orientado a la izquierda. Y piensa seguir siéndolo.  Incluso si tiene que  contentar al lector con un poco de vacaciones y mucha miel.