LA IDEOLOGÍA EN LA POLÍTICA GEORGIANA

Artículo publicado el 23 de Febrero de 2014
Artículo publicado el 23 de Febrero de 2014

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La inauguración de Giorgi Margvelashvili como presidente de Georgia de ayer marcó el final del suceso más raro de la política georgiana: la convivencia. Ahora que la coalición Sueño Georgiano controla casi todos los órganos del poder ejecutivo, la pregunta que nos hacemos inevitablemente es: ¿qué va a cambiar y hasta qué punto? Parte de la respuesta está en la importancia (o falta de ella) de la ideología en la política georgiana.

Ninguno de los dos principales partidos políticos de Georgia parece ser de ideología de izquierdas ni de derechas, una característica específica del sistema partidario del país. En las últimas elecciones presidenciales, al igual que en las anteriores, la lucha fue entre dos partidos personalistas que intentaban hacerse con todos los votos. Estos grupos tienen un líder muy influyente y quieren atraer a todos los sectores de la sociedad. Debido a la falta de democracia y al legado soviético de autoritarismo, si el partido no tenía una ideología amplia que pudiese incluir a TODOS, no tenía éxito. El papel del Parlamento ha tenido tan poca importancia en la política georgiana que algunos de los grupos votados como representantes decidían no ir y seguir luchando en la calle.

Incluso los nombres de los mayores grupos y coaliciones políticas indican que la meta del partido es incluir a todo el mundo: el partido de Eduard Shevardnadze se llamaba «Unión de los Ciudadanos de Georgia». Por esta razón se dice que, en la política de Georgia, el ganador se hace con todo.

Con todo esto se puede interpretar que la ideología no es importante en la política georgiana. Un buen ejemplo se vio cuando Sueño Georgiano creó el borrador de la nueva ley del trabajo: el ex Ministro de Educación, nombrado ayer presidente, lo criticó por ser «el sueño de Rosa Luxemburgo y una pesadilla para el comercio». El Ministro de Justicia respondió que el borrador solo era un primer paso en la oleada de reformas pendientes. Como se ve por estos comentarios, son frecuentes las diferencias ideológicas entre políticos de alto nivel, especialmente en el ala parlamentaria de Sueño Georgiano. Hay nacionalistas, liberales de derecha y social demócratas en un mismo grupo.

De hecho, muchos creen que Sueño Georgiano y el Movimiento de Unión Nacional tienen la misma base ideológica. El ex Ministro del Medioambiente y la Protección de los Recursos Naturales, miembro del grupo MUN, publicó una broma en Facebook diciendo que la diferencia entre MUN y SG era tan pequeña que la gente votaba a SG porque no le gustaba el aspecto de los miembros de MUN. Ciertamente, muchos piensan que los dos partidos tienen las mismas ideas, y que el éxito de SG fue debido a esto: ocuparon el centro de la política georgiana y arrinconaron a MUN en la derecha de un espectro ideológico muy grande.

Es verdad que para que una coalición así funcione tiene que haber alguna fuerza que les una. Sueño Georgiano tiene dos factores: Bidzina Ivanishvili, el héroe; y Michael Saakashvili, el malo. Sin embargo, tanto el héroe como el villano han abandonado la política. Esto también afecta al MUN, partido que tendrá que hacer frente a nuevas realidades. MUN tiene miembros liberales, nacionalistas y de centro, que no parecen haber consolidado sus opiniones sobre varios temas. Por ejemplo, algunos de sus miembros estaban públicamente en contra de prácticas religiosas iliberales, mientras que otros parecían apoyarlas o ser neutrales.

¿A qué votan entonces los georgianos? Lo común en las elecciones no es votar A FAVOR de ideas o personas, sino EN CONTRA de ellas. Cuando los georgianos votaron a Shevardnadze con un 70 %, estaban votando contra las fuerzas que supuestamente querían desestabilizar el país, por lo que «estabilidad» fue la palabra clave de la campaña de Shevardnadze. Después de la Revolución de las Rosas de 2003, los georgianos votaron contra él. En 2012 la gente también votó contra Saakahvili en lugar de a favor de Ivanishvili.

La única forma de salir de este sistema partidista unipersonal es reforzar el papel del Parlamento y cambiar el cartel de los partidos. Si un grupo político con un líder fuerte vuelve a ganar por el 75 % de los votos, el cambio democrático que se espera en Georgia habrá fracasado. Por eso las diferencias dentro de la coalición de Sueño Georgiano son buenas.