La importancia de ser eco-ideológico en Budapest

Artículo publicado el 14 de Enero de 2011
Artículo publicado el 14 de Enero de 2011
El verde está de moda en la capital húngara, pero muchas veces ese afán de ser sostenible, medioambiental y guay encierra la ecología en una vitrina. Entre diseñadores, modelos y artistas in, paseamos por la feria húngara del eco-diseño.

Si caminas hacia la estación central de Deak Ferenc, en Budapest, verás numerosas tiendas con productos de diseño al otro lado del cristal. Puede ser tan chocante como la llegada de la Coca Cola tras el comunismo en esta y otras capitales de Europa Oriental. ¿Destino? La exposición Design Passage, que se mantiene abierta a lo largo de noviembre en la capital húngara. Dos de las fachadas de este moderno edificio de oficinas están decoradas con botellas de plástico colgantes. Una alfombra verde descansa estirada en las profundidades del patio. Todo indica que he dado con el sitio, excepto por dos cosas: la alfombra es de plástico y el patio está vacío.

Stand de Hannabo Freestyle Home. “Estamos intentando ser ecológicos”, explica Anikó Racz, una de las interioristas, mientras calienta sus manos alrededor de una taza de té. “Pero, a veces, tener buenas intenciones no basta. La madera necesaria para hacer muebles viene de parcelas de bosque ecológico, especialmente de Finlandia, porque no tenemos ese tipo de cosas en Hungría”, continúa con cierto aire de resignación. La diseñadora de ropa Marta Paczona importa desde Nueva Zelanda la lana para sus proyectos, concretamente alfombras austro-húngaras. “Como artista, trabajo con diferentes materiales y no me gustaría limitarme sólo a uno”.

Juventud, ecología, diseño… Las tres claves del marketing

Gabriella Kiss también diseñadora textil, y co-organiza la exhibición. Esta enérgica morena de mediana edad está visiblemente entusiasmada con hablar a la prensa y me abre la puerta de su caseta, que desde fuera parece la escena de un crimen. Ladrillos rojos, un cordón policial y varios objetos rotos evocan la reciente catástrofe natural ocurrida en Hungría. ¿Fueron las inundaciones de barro tóxico una inspiración para los ecologistas? “Los propietarios del Central Passage me contrataron porque querían aprovechar el espacio sin usar de su edificio de oficinas. Los puestos de jóvenes diseñadores deberían despertar el interés por el complejo y estimular a los emprendedores para que traigan clientes y, si acaso, monten aquí sus negocios.” Así que ¿cómo se convirtió el eco-diseño en un proyecto? “¡Ven esta tarde y te enseñaremos la ropa que confeccionamos con flores!”, exclama Gabriella.

"Fuimos invitados al Passage porque nuestras ropas se hacen con materiales naturales"Vuelvo sobre las ocho de la tarde. “Hay incluso contenedores para separar residuos”, murmura un estudiante francés que vive en Budapest y que me acompaña como traductor. El primer modelo pasea por la alfombra roja vistiendo una prenda ajustada y luminosa llena de trozos de metal y dibujos florales. El único elemento verde del desfile es la planta que lleva una de las modelos. Me doy cuenta de que Gabriella está girando alrededor de la audiencia mientras lleva globos con forma de flor. Esperemos que los miembros de la audiencia tiren los globos desinflados en el cubo de basura correcto…

Etiqueta ideológica

La caza de los eco-diseñadores húngaros continúa en el Bambi Café, donde me encuentro con artistas del colectivo KONKRÉT LABOR. Esto me recuerda a una cantina socialista; es un ejemplo de cómo el capitalismo convierte en marca cualquier elemento cotidiano del viejo “socialismo real”. Tímea Tóth y Linda Csóvári, la parte femenina del colectivo, aparecen por allí. La mayoría de sus miembros se graduaron en la Universidad de Arte y Diseño Moholy-Nagy (MOME). “Nuestro primer proyecto fue un árbol hecho con botellas de plástico de la discoteca más famosa de la ciudad, Gödör”. Tras el éxito vinieron otros proyectos de reciclaje. Sin embargo, el eco-diseño no es el único interés del equipo KONDRÉT LABOR (al fin y al cabo, la ecología no siempre reporta beneficios). “Los húngaros son muy conservadores”, dice Tímea Tóth. “No compran candelabros hechos con botellas de plástico reciclado porque les preocupa lo que podían pensar los vecinos”. Otro elemento que se desprende del reciclaje es que de ahí no salen los objetos más modernos y valiosos. “En una exhibición reciente escuchamos comentarios como 'Qué guay, voy a intentar fabricar algo parecido en mi casa…'”, dice Tímea meneando la cabeza.

“Mi concepción del diseño es bastante diferente al de otros estudiantes que piensan de una forma más artística”, explica Panni Pais, un licenciado en sociología que ahora estudia en el MOME y es más crítico sobre la nueva “ideología verde”. “Pienso en cómo un objeto puede tener impacto en su entorno: en el medioambiente, la gente, los animales…”. Panni prefiere distanciarse del eco-diseño. “Ignoro las etiquetas que son usadas al azar. Por ejemplo: ¿por qué un plato de papel es presentado como algo ecológico? No estoy a punto de seguir una forma de vida ascética, sino que tomo decisiones conscientes cuando tengo que hacerlo”.

Consumismo verde

De todas formas, ¿cómo es el eco-diseño?, le pregunto a Tamara Steger, profesora del departamento medioambiental de la Universidad Central de Budapest (con investigadores especializados en la promoción artística de la “ideología verde”). "El arte siempre ha reflejado los cambios sociales, pero muchas corrientes en principio revolucionarias han sido absorbidas por el consumismo. La etiqueta ‘ecológica’ sirve par potenciar la necesidad y no la restricción”. ¿Están los nuevos diseñadores europeos trabajando con ciertas restricciónes? “Cómo no; viven bajo las condiciones creadas por las instituciones que te impiden tomar una dirección diferente. Es un embudo para el cerebro: no puedes separar la basura cuando no hay contenedores suficientes”.

Muchas gracias al equipo de cafebabel.com en Budapest, Hélène Bienvenu y Krisztian Gal.

Fotos: Portada (cc) Jordan.A.; Exhibición © Marta Paczona; Modelos © Ehsan Maleki; video Youtube