La impotencia europea es desastrosa

Artículo publicado el 28 de Octubre de 2003
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Artículo publicado el 28 de Octubre de 2003

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Paz en Palestina, desarrollo social, política de vecindad, confianza mutua... Un paseo por el horizonte de las relaciones entre Europa y los países de la cuenca mediterránea con Sami Naïr

Presidente de la Delegación para las relaciones con los países del Mashrek y los Estados del Golfo del Parlamento Europeo donde es diputado, Sami Naïr nos entrega su análisis sobre las fuerzas y las debilidades del Partenariado euro-mediterráneo, y sobre las relaciones de Europa con su patio trasero.

café babel: ¿Cuál es el balance del Partenariado euro-mediterráneo?

Sami Naïr: Todavía es pronto para hacer el balance completo del Partenariado euro-mediterráneo. Todos los acuerdos de partenariado entre la Unión y terceros países han sido firmados, salvo el convenio con Siria, que debería aprobarse de aquí a fin de año. La mayoría de estos acuerdos han entrado en vigor. Se trata de un avance innegable. Sin embargo, en materia de balance económico, son necesarios varios años para su puesta en marcha. Habrá que juzgar entonces el partenariado teniendo en cuenta las siguientes cuestiones: la zona de libre intercambio ¿ha favorecido el desarrollo de terceros países mediterráneos, acelerado la diversificación de su sistema productivo, atraído las inversiones extranjeras directas y dinamizado el crecimiento? ¿Asistimos a un aumento del nivel de vida y al desarrollo social (educación, acceso a la sanidad, impulso de los sistemas de seguridad social, etc.)? Estos son los verdaderos desafíos del partenariado euro-mediterráneo.

Por el momento, si nos basamos en los acuerdos más antiguos (Marruecos y Túnez) el objetivo está lejos de ser alcanzado. Y más grave aún es que las condiciones previas al éxito de la zona de libre intercambio es decir el incremento de las inversiones privadas- no parecen realizarse. Según el último informe del Centro de Estudios Prospectivos y de Informaciones Internacionales (CEPII), el aporte de capital privado en la región África-Oriente Medio ha sido prácticamente nulo en 2002. Sin embargo, el partenariado debería haber sido la señal enviada por los responsables políticos a los mercados, para favorecer una reorientación de los flujos financieros hacia esta región del mundo. Sin un esfuerzo masivo del sector privado, la apertura económica de la orilla sur podría saldarse con un recrudecimiento de la crisis económica y social.

¿Cómo se articula el partenariado con la resolución del conflicto israelo-palestino?

Uno de los objetivos del partenariado es la paz y la seguridad en el Mediterráneo. Aunque este objetivo figura de manera muy general en la Declaración de Barcelona (1995), es evidente que la situación en Oriente Medio pesa terriblemente sobre el conjunto de relaciones entre Europa y el mundo árabe.

La agresión estadounidense contra Irak ha mostrado de qué manera Europa estaba dividida frente la política a seguir en esta región del mundo. La impotencia europea es desastrosa ya que Europa podría promover un mundo multilateral construido sobre el respeto de las naciones y, en el aspecto económico, la solidaridad. Imposible imaginar un partenariado eficaz sin paz en Oriente Próximo y sin un desembarco solidario de la orilla sur del Mediterráneo en Europa.

¿En qué debe consistir la actuación europea en el Mediterráneo?

En el campo estratégico, los europeos deben pelear por la consecución de una verdadera multipolaridad, por el respeto del derecho internacional y una reforma de la ONU que permita a esta institución aumentar su eficacia.

En Oriente Medio, el objetivo central de los Europeos debe ser la restauración de la justicia y la seguridad en Palestina, con la creación de un Estado palestino viable.

En el aspecto económico, el partenariado debe reorientarse para favorecer el desarrollo social y no sólo la apertura de los mercados del Sur a los productos europeos.

La Comisión ha hecho una proposición interesante de política de vecindad con el conjunto de países fronterizos de la Unión ampliada. Se trataría de extender el concepto de mercado único a estos países. Si la puesta en marcha de estos mercados tiene en cuenta las necesidades específicas de exportación, cooperación y asistencia financiera y técnica de la orilla sur, el partenariado podría ser beneficioso a largo plazo para las dos partes.

¿Cuáles podrían ser las respuestas a la política estadounidense en la región?

Al no ser vecinos mediterráneos, los Estados Unidos tienen una política estrictamente instrumental respecto a esta región. Por otro lado, siendo la primera potencia del globo, guardan una actitud imperial que no tiene en cuenta ninguna regla internacional.

Por el contrario, Europa, vecina directa, muy afectada por el desarrollo económico de las sociedades del Sur, debe instaurar una relación de confianza y de solidaridad con ellas.

Piense lo que piense el gobierno estadounidense hoy, la política de la fuerza no puede conducir más que al fracaso. La situación en Irak lo atestigua. Frente a este fracaso y al caos creciente en Oriente Medio, los europeos están divididos. Sin embargo, Europa podría conducir, en esta región del mundo, una política solidaria y respetuosa con las naciones. Si no lo consigue, es imperativo que las naciones que privilegian la multipolaridad Francia, Alemania, Bélgica...- y todas aquellas que quieran unirse a ellas, puedan poner en práctica su política sin encontrarse con trabas en el resto de Europa. La búsqueda de un consenso europeo respecto a Estados Unidos o a los conflictos de Oriente Medio no debe paralizar a los europeos que quieren mantener con el mundo árabe relaciones fundadas en la confianza, más que en la paranoia de la lucha contra el terrorismo. La impotencia de Europa no debe ser el pretexto para la impotencia de sus miembros. ¿No ha demostrado acaso Francia, durante la crisis iraquí, que otra vía para Europa es posible?