La incertidumbre reina tras el No

Artículo publicado el 30 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 30 de Mayo de 2005

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En teoría, el rechazo de Francia a la Constitución implica que el proyecto ha nacido muerto, pues tiene que ratificarse por los 25 Estados miembro para que se convierta en ley. ¿Qué consecuencias tendrá para los demás Estados miembro?

¿Cómo pueden otros gobiernos ratificar un tratado que ha sido aniquilado por los franceses? ¿Acaso los gobiernos de Holanda, Polonia, República Checa, Irlanda, Dinamarca y, por supuesto, el Reino Unido, serán capaces de asegurar el apoyo de sus electores?

¿Una manzana podrida está echando a perder al resto?

Es obvio que el No francés crea una crisis institucional para la UE, pero es improbable que Francia se vea obligada a abandonar la Unión Europea, a pesar de que el presidente francés Jacques Chirac, irónicamente, sugirió el año pasado que el Reino Unido debería hacer lo propio en caso de pronunciarse contra el tratado.

No obstante, esto no quita que las campañas en pro del Sí en otros Estados miembro se vean sin duda minadas por el No francés. A pesar de que varios países han anunciado ya su intención de continuar con el proceso de ratificación –presumiblemente con la esperanza de que si todo el mundo dice Sí, los franceses se vean obligados a pensárselo de nuevo- el que Francia, el miembro fundador y fuerza conductora de la Unión Europea, pueda decir No, es una mala señal para los futuros referendos. Otras repercusiones se extienden a aquellos países que ansiosamente esperan unirse al club de la UE, puesto que una de las razones para el rechazo a la constitución es que el referéndum también sirve de plebiscito para otros asuntos; en concreto para una futura ampliación que incluya a Turquía.

¿El Reino Unido quiere el No?

Ahora bien, ¿qué hay acerca de las oportunidades de la Constitución en el Reino Unido, la más escéptica de todas las naciones europeas? La ausencia de Europa como un tema de campaña en las recientes elecciones generales en el Reino Unido no permite dilucidar qué influencia podría tener en la política británica. Tony Blair, Primer Ministro británico, embarcado ahora en un tercer mandato al frente del gobierno, sabe que el resultado francés tendrá un enorme impacto en sus esfuerzos por ratificar la constitución. Además, será Gran Bretaña la que tenga que pagar los platos rotos, al ser el rechazo francés el primero de los asuntos a tratar una vez que asuma la presidencia de la Unión Europea en julio. Pero la mayoría de los analistas están de acuerdo en que Tony Blair estaba rezando por encontrarse con este resultado. Después de todo, cuando se hizo el borrador del tratado, todos los ojos estaban puestos en Gran Bretaña, aguafiestas oficial respecto a la constitución. Aunque hace poco declaró que Gran Bretaña tendría un referéndum independientemente del resultado francés, parece improbable que el Primer Ministro británico presione por un voto favorable y arriesgado con el cual no tendría nada que ganar. A este respecto, el No Francés ha enfriado el referéndum inglés, indeseado examen para un Blair ya debilitado, quedándose con más tiempo y espacio para concentrarse en los asuntos domésticos, como el de abordar de nuevo la reforma de los servicios públicos.

Por otro lado, será mucho más difícil para la presidencia británica de la UE conducirse a través de la agenda económicamente liberal que desea, ya que varios de los que votaron en contra de la constitución en Francia lo hicieron por su naturaleza "liberal". En efecto, el presidente francés puede terminar culpando de su humillante derrota a las ideas anglosajonas. Hay un sentimiento de que la respuesta de Chirac podría ser la creación de una Europa a diferentes velocidades. En Francia, la noción de un "Centro" europeo, integrado probablemente por los seis miembros fundadores (Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos) y España, ha ganado relevancia junto con la percepción de un declive en la influencia de Francia en Bruselas. Además, parece que no sólo Francia contempla esta idea. De acuerdo con el International Herald Tribune, el canciller alemán Gerhard Schröder ha diseñado ya un "Plan B" provisional, anticipando un No británico, en donde un círculo de miembros más pequeño y cerrado podría operar conjuntamente en el seno la UE. Si se logra tener este Círculo Interior, Gran Bretaña podría enfrentarse al aislamiento, mientras que otros nuevos Estados miembro conservarían un sentimiento de rechazo; difícil receta para una Europa fuerte y unida.

Existen tantos imponderables, que las consecuencias definitivas de lo que implica el No francés distan mucho de ser claras. No obstante, lo que es cierto es que la Unión Europea ha sufrido el más grande retroceso de su corta Historia, y ahora se enfrenta a un periodo de incertidumbre sin precedentes.