La inmigración china, una realidad europea

Artículo publicado el 16 de Julio de 2008
Artículo publicado el 16 de Julio de 2008

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Cada gran ciudad europea tiene un barrio chino. Los nuevos inmigrantes viajan mucho de un país europeo a otro: ¿más europeos que los europeos?

Las provincias de Fujian y Zhejiang en China | Foto: WikipediaLa emigración china ha vivido un aumento sin precedentes desde la puesta en marcha de la política de reformas y apertura, en 1978, que supuso el fin de la era Mao. Tras décadas de aislamiento con el exterior, a finales de los años ochenta China vive una 'fiebre de salidas al extranjero'. Ese es el caso de las provincias de Fujian y de Zhejiang, focos tradicionales de emigración del sur de China, de donde provienen la gran mayoría de chinos llegados a Europa. 

Al principio, eran los países de la Europa occidental el destino privilegiado, pero las oportunidades de encontrar trabajar disminuyeron rápidamente. El mercado de empleo en el sector de la restauración, preferido por los inmigrantes chinos, queda pronto saturado. Los recién llegados, se ven obligados a encontrar otras actividades y otras regiones de acogida. Durante los años noventa, las capitales de los países del norte europeo, como Dinamarca o los Países Bajos, pero también los países del este, como República Checa, Hungría o Rumanía, ven surgir verdaderos barrios chinos, con una organización propia. Hoy en día podemos encontrar más de 30 periódicos chinos en Europa. 

Dos comunidades chinas en París

Foto: Clive Power/ FlickrFrancia es la principal elegida por esta nueva ola de inmigración china, sobre todo en París. Pero, a su llegada, los inmigrantes se encuentran ya con otra comunidad asiática bien implantada en la capital francesa. Para esta, Francia es la última etapa de una historia migratoria comenzada a veces hace siglos: se trata de los ‘Boat People’, con estatus de refugiado en Francia desde los años setenta, a causa de las persecuciones sufridas en los países de la antigua Indochina. Estos cantoneses, teochius, o incluso hakkas, grupos étnicos originarios de China y que se dispersaron por el sudeste de Asia, tienen también influencias de la cultura vietnamita, laosiana o tailandesa… 

Nada tienen en común los nuevos y viejos inmigrantes, que no comparten ni su historia reciente, ni su lengua. En el distrito 13 de París y alrededores se agrupan los ‘Boat People’, los inmigrantes chinos se establecen en el tercer distrito y en la parte nordeste de la ciudad. Parí, tiene, por tanto, dos barrios chinos. Aunque las relaciones entre estos grupos no sean siempre amistosas, la interacción es inevitable. Con la llegada de los nuevos inmigrantes, China se transforma en una realidad más palpable. Estos últimos son, de hecho, más conectados con la vida actual de China, donde todavía vive una parte de la familia.

Fenómeno de conversión cultural

La televisión china tiene cada vez más audiencia en sus emisiones por satélite, comprendidas por los antiguos inmigrantes. Sobre todo, en chino mandarín, la lengua oficial, se impone como lengua franca de los chinos emigrados. Como testimonio, un próspero empresario chino de origen laosiano, llegado a Francia en 1976: “Incluso los teochius y los cantoneses ya no pueden distinguirse los unos a los otros como ocurría hace 50 años. Antes, los unos y los otros no podían comprenderse en una misma lengua. Ahora, con el chino mandarín, eso ya no pasa. Hay menos diferencias”. Según este empresario, los dialectos son menos importantes que el mandarín, transformada en la verdadera lengua de negocios.

Este fenómeno de conversión cultural no solo se da en un sentido. Desde hace algunos años, los nuevos inmigrantes chinos organizan en París, como los que llegaron antes desde Indochina, su propio desfile para celebrar el año nuevo chino. Lejos de adaptarse a las tradiciones de sus provincias de origen, son calcadas a los rituales de los ‘boat people’.