La Irlanda del no en boca de la gente

Artículo publicado el 1 de Agosto de 2008
Artículo publicado el 1 de Agosto de 2008
Dos meses después del no irlandés, damos un paseo por Dublín. El escaso conocimiento del documento y el miedo al cambio parecen ser los motivos que les han empujado a decir no. Pero Europa no ha explicado bien sus razones.

Foto, Comisión EuropeaLos irlandeses parecen tener las ideas muy claras acerca de por qué 862.415 compatriotas suyos han dicho no al Tratado. Basta con charlar con la gente para entenderlo. “Hay que admitir que la campaña del no estuvo bien organizada”, nos cuenta Clarinda Jacob, recepcionista, sentada en el sofá de su casa, “mientras que la del sí no logró explicar por qué valía la pena votar a favor”. Junto a ella está su cuñado, Brian Noonan, empleado de una empresa de acondicionadores de aire. Asiente: “El Tratado es demasiado complicado: incluso nuestro comisario, Charlie McCreevy, admitió que no había conseguido leerlo”. Muchos esperan una nueva consulta, como ya pasó en 2001, cuando los irlandeses rechazaron el Tratado de Niza para aprobarlo un año después.

Francesca Manunza, una treintañera italiana que desde hace dos años vive en Dublín por trabajo, comenta: “No sé cuántas personas han logrado entender lo que se iba a votar”. “Vi el librito −en gaélico y en inglés− que distribuyó la Comisión para el referéndum y lo encontré bastante complicado”. Lo confirman las personas que nos encontramos por la calle: muchos admiten cándidamente que no fueron a votar porque no entendían para qué se les interpelaba. La pérdida de soberanía, la intromisión en temas como el aborto, la neutralidad, la inmigración y el miedo a la energía nuclear fueron algunos de los puntos fuertes de la campaña desarrollada por el Sinn Féin −el único partido parlamentario a favor del no− y por la asociación Libertas, fundada por Declan Ganley, empresario que presume de haber leído el Tratado y de luchar por una UE más democrática y transparente. 

Una charla en la Universidad

Foto, Paul Watson / FlickrLlegamos al University College Dublin una típica mañana irlandesa de nubes y lluvia. Nos recibe Daniel Thomas, director del Instituto Europeo de Dublín, el principal centro de investigación irlandés acerca de los temas de la integración y el gobierno europeas. Estadounidense -y francés por parte de padre-, ha trabajado en las instituciones europeas. Thomas no alberga dudas: “El Tratado de Lisboa es innovador”, afirma en cuanto entramos en su despacho, “porque hace más transparente y democrático para sus ciudadanos el proceso de toma de decisiones. Es irónico que haya sido rechazado mediante un referéndum, precisamente”. Entra en la habitación Ben Tonra, el director del posgrado de especialización del instituto: es el típico irlandés, tanto por su aspecto como por su acento, y se le invita a unirse a la discusión. “En mi opinión el Tratado es un documento modesto, pero aun así se trata de un paso adelante”.

Resulta inevitable preguntar acerca de la pérdida de soberanía, que ha sido uno de los factores que ha impulsado la victoria del no. “Los irlandeses son conscientes de que tienen una influencia menor que los franceses, lo alemanes, los italianos y los ingleses”, prosigue Thomas, “el Tratado parece reducir aún más su peso”. Sin olvidar, añade Tonra, “que en ciencias políticas existe una teoría que sostiene que los electores son básicamente conservadores y tienden a mantener el status quo: el error ha sido presentar el Tratado como un cambio”. 

Imaginar una Irlanda fuera de Europa

Foto, Silvia CravottaEntonces, ¿lo que ha fallado es una correcta comunicación del Tratado? “No solo eso”, explica Thomas, “también ha contribuido al voto contrario el bajo nivel de comprensión de lo que es Europa y de cuáles son sus funciones. Y esto no sucede sólo en Irlanda y refuerza las reivindicaciones de los euroescépticos”. “Y a ello hay que añadir la falta de confianza”, añade Tonra. “Muchas personas no conocen el proceso legislativo o las funciones de sus representantes en el gobierno nacional, pero lo consideran legitimado. No hay un nivel de confianza similar respecto de las instituciones europeas, ya que muchos políticos tienden a culpar a Europa de lo que no funciona”. ¿A quién corresponde llenar este vacío? “Son los gobiernos de los Estados miembros los que tienen que educar a sus ciudadanos acerca de Europa del mismo modo en que los educan sobre su propia Historia y sus propias políticas nacionales”. Tonra lo ilustra: “Basta con decir a la gente: esta es la estructura de vuestro gobierno y esta la de la UE, en la que trabajan nuestros gobiernos. En cambio, parece que las leyes europeas sean algo extraño. Pero se trata de leyes que los gobiernos nacionales han discutido y por las que han luchado”.

¿Pero es posible imaginar una Irlanda fuera de Europa? “Técnicamente sí, pero creo que los irlandeses dudarían mucho sobre abandonar realmente la Unión”, afirma Thomas. “No sólo por los fondos estructurales recibidos. Hay otros elementos que explican el éxito económico de los últimos diez años, en primer lugar el hecho de que Irlanda es el único país anglófono de la zona euro, y esto ha atraído a muchos inversores norteamericanos”. Luego añade Tonra: “Esta toma de posición establecería un precedente problemático. Creo que el escenario más plausible es que regresen con el Tratado ratificado y que nos pregunten cómo puede obtenerse una respuesta positiva también de Irlanda”. “Octubre, y los reinos se levantan y los reinos caen, pero tú sigues adelante. Y adelante”, es lo que cantaban hace años los muy irlandeses U2. El Consejo Europeo parece haberles tomado la palabra y ha aplazado cualquier decisión hasta la próxima cumbre, prevista para el 15 de octubre.