La juventud griega: cuando Facebook supera a los medios tradicionales

Artículo publicado el 15 de Diciembre de 2017
Artículo publicado el 15 de Diciembre de 2017

En Grecia, los jóvenes ya no ven las noticias. Al menos, casi nunca, y no se avergüenzan de decirlo. Piensan que el cuarto poder ya no es fiable; solo se utiliza para difundir miedo y para que los políticos, que se esconden tras los medios de comunicación, puedan ver cumplidos sus deseos. Pero si leen las noticias de manera selectiva y llenos de dudas, ¿cómo pueden mantenerse informados?

Un informe publicado este año por el Reuters Institute for Journalism reveló que los griegos ostentan el índice más bajo de confianza en los medios a nivel global con un 23 %. Un dato muy bajo comparado con, por ejemplo, la mayor tasa registrada en Finlandia, del 62 %. Es también el único país europeo que confía más en las redes sociales que en los canales de comunicación tradicionales.

Además, más de la mitad de los encuestados en Grecia y Turquía (57 %) evitan las noticias en comparación con menos de uno de cada diez en Japón (6 %). Una de las razones principales para que se produzca esta “evasión a los medios” es la continua emisión de noticias “negativas” ligadas a la economía, la política, la corrupción, los accidentes, la guerra, los conflictos sangrientos y los ataques terroristas alrededor del mundo. Son noticias que no solo contribuyen a incrementar el miedo y el sufrimiento debido a un futuro ya de por sí incierto, sino que también dan lugar a que se intensifiquen la baja moral y el mal estado psicológico existentes. Por consiguiente, la gente prefiere no saber nada y respaldar el dicho aquel de “ojos que no ven, corazón que no siente”.

La elusión de las noticias negativas

“Yo solo leo aquellas noticias que llaman mi atención”, dice Dimitris, un técnico de microsistemas de veintiocho años residente en Atenas. “Los medios no nos cuentan la verdad. No hay nada agradable que ver. Todo gira en torno a los desastres, los conflictos, la guerra, los crímenes y los políticos, que se pasan el día parloteando”. La experiencia de Dimitris muestra cuán importante es para la población confiar en los canales nacionales de comunicación. Cuanto más merma la confianza en las noticias, más se evita el mantenerse informado. 

Muchos jóvenes griegos creen que a menudo se contaminan los hechos y que los titulares se crean dependiendo de lo “cliqueables” que sean. Andreas, de veintiséis años y de Corinto, comparte esta opinión: “Los medios engañan a la gente ya que, alterando el contenido consiguen atraer a la audiencia / los lectores. Los titulares casi nunca reflejan de qué tratan las noticias en realidad. Y los entrevistadores analizan todo de una manera tan minuciosa que acaba por no haber cohesión en lo que se dice, perdiéndose así la verdad”, añade. Como en muchos otros países, en Grecia las noticias son de corte sensacionalista; a menudo citan erróneamente o manipulan la historia a propósito para reflejar algo más “chocante”, algo que causará un impacto —a veces negativo— en los lectores. Sin embargo, no hay que asumir que “todos” los sucesos que nos cuentan sean negativos. Es solo que el sensacionalismo siempre capta más la atención.

La gran codependencia entre la política y el periodismo

La ola de pesimismo, que arrasa entre los jóvenes, se debe también al hecho de que estos creen sinceramente que los políticos tienen demasiada influencia sobre lo que se publica. El país heleno goza de una mala reputación por entrelazar las agendas políticas con los medios de comunicación. “En Grecia, la principal característica de los medios es la codependencia entre la política y el periodismo”, dice Maria, una ateniense experta en comunicación de treinta y tres años. “Todo medio está afiliado a un partido político y sigue sus ‘líneas’ más relevantes”, añade y recalca que “los medios independientes son excepciones pues existen muy pocos”. Además de Rizospastis, que es el portavoz del partido comunista, los otros medios del país han evitado proclamar su afiliación de manera oficial. No obstante, los jóvenes y ancianos en Grecia disciernen con facilidad, gracias a los titulares y el tono general de la cobertura de las noticias, qué medio en concreto muestra tintes políticos. 

Aunque la mayoría de los jóvenes del país piensa que los lectores mismos pueden hacer referencias cruzadas, decidir la validez de lo que leen y dejar de lado las “noticias falsas”, lo cierto es que los canales de comunicación independientes son limitados. Por un lado, Dimitris cree que “se trata a las personas como a ovejas porque comen lo que los medios les echan y, con frecuencia, se muestran temerosas a las represalias si actúan de manera contraria”. Por otro lado, George, de veintitrés años, profesional de las TI y residente en el Peloponeso, aún piensa que hay espacio para la mejora: “Los medios deben volverse más objetivos, emitir más puntos de vista, investigar y analizar la historia para que el público pueda formarse una opinión completa [de lo que está pasando]”. 

El giro hacia las redes sociales

Después de que se hayan dado suficientes noticias de poca fiabilidad, la juventud griega se ha decantado por las redes sociales. De hecho, un significativo 69 % de la población utiliza las redes sociales como fuente informativa. El 62 % usa Facebook y el 32 % se decanta por YouTube para mantenerse al día. Además, Grecia es el único país del mundo que cree que las redes sociales hacen mejor el trabajo de separar la realidad de la ficción que los medios tradicionales. Sin embargo, este hecho se relaciona más con la escasa estima de los helenos hacia los medios de comunicación en general que con la calidad informativa que se ofrece.

El elevado uso que los griegos hacen de las redes sociales puede asociarse también con su gusto por comentar y opinar sobre temas de actualidad, ya sean políticos, deportivos o simples cotilleos. Quizás es por esto que demuestran una intensa presencia en redes y que tienden a confiar más en ellas, ya que gracias a estas tienen la oportunidad —en cierto modo— de participar, reaccionar y expresar su opinión.

Las redes sociales, utilizadas de manera profusa por los jóvenes, se consideran rápidas y directas; son fuentes que les permiten estar siempre informados en cualquier lugar. Tassos Morfis, editor jefe y cofundador de AthensLive, una plataforma social sin ánimo de lucro, afirma que prefiere la información que se ofrece en línea porque “la televisión griega es de muy baja calidad y la impresión en papel es demasiado cara”. De hecho, explica que AthensLive fue el primer medio de comunicación sin ánimo de lucro cuyo capital inicial se reunió mediante crowdfounding, con “la esperanza de que ofrecer una alternativa sostenible a los medios tradicionales inspirará el cambio en el ampliamente corrupto paisaje de la comunicación”.

“Uso las redes sociales para mirar las novedades y disfrutar de una mejor capacidad para juzgar las decisiones de nuestros políticos”, comenta Andreas. No obstante, el hecho de que las redes no cuenten con una herramienta que permita comprobar los acontecimientos y que sean abiertas al público significa que la información no siempre es fiable. Vasia, de veinticinco años y auxiliar administrativa de Corfú, es consciente de esos peligros y señala que “para los medios de internet es más fácil manipular la verdad, ya que permiten que todo el mundo tenga voz y opinión”.

“Lo paradójico es que las redes sociales no generan información. En su lugar, se basan en la redistribución de las fuentes convencionales y tradicionales”, comenta Stylianos Papathanassopoulos, catedrático de Medios de Comunicación y Política de la Facultad de Comunicación y Estudios en Comunicación de la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas.

El nivel de exageración que se ve en los medios de comunicación es lo que más disgusta a la gente. Es en la creciente cantidad de “periodismo sesgado” donde descubrimos que los periodistas se han convertido en comentaristas, interviniendo en las noticias cuando se supone que solo deben informar. “En el pasado, los periodistas eran poderosos guardianes de la democracia; apoyaban fuertes valores del discurso político y analizaban el inapropiado comportamiento de los funcionarios estatales siempre que fuera posible”, comenta el profesor Papathanassopoulos. En la actualidad, los periodistas no solo han perdido la confianza del público, sino que también, debido a la difusión de las redes sociales, “corren el riesgo de adquirir el papel de ‘seguidores’ en lugar del de ‘líderes’”, añade. 

El ejemplo más representativo de esta propaganda mediática es el referéndum del 5 de julio del 2015. Con este se decidía si Grecia debía aceptar las condiciones del rescate financiero propuesto por el gobierno junto con la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo para paliar la deuda del país. Este período se vio como un recorrido de intensa propaganda, en especial de los medios tradicionalmente afiliados a algún partido político. Como resultado, según Tassos: “Incluso los restantes ciudadanos que creían en los medios tradicionales perdieron toda confianza”. 

Lo que resultó más descarado de la cobertura del referéndum en todos los medios —incluyendo las redes sociales— fue el tema de la aceptación de los términos del rescate, que rápido se convirtió en una cuestión sobre si el país debía permanecer en la UE o no. Todos los medios jugaron un gran —y negativo papel— de desinformación ciudadana en lo relativo a la pregunta que en realidad estaba entre manos. La mayoría de las plataformas de comunicación recurrieron al alarmismo y se refirieron de manera abierta al voto al “sí” como a “un gesto de alusión positivo hacia la UE”. 

¿Es posible revertir este clima de desconfianza?

Pero, ¿se puede restablecer este recelo hacia los medios? La juventud cree que o bien las cosas no cambiarán o bien llevará mucho tiempo que lo hagan. Con pesimismo en la mirada, Dimitris afirma: “Es el sistema político, entendido como un todo, lo que debe cambiar. Son los políticos los que han privado a la gente de opinión y los que manejan los hilos”. Por el contrario, Andreas piensa: “Se necesita un periodismo más imparcial, uno que trate los hecho políticos con independencia del gobierno que esté en el poder”. Por un lado, el catedrático Papathanassopoulos subraya que “las plataformas tradicionales precisan una vuelta a sus valores primigenios y producir contenido dirigido a las nuevas generaciones”. Por otro lado, el periodista Tassos cuenta con una propuesta aún más radical: “Los medios tradicionales deberían romper con el apoyo del gobierno y los periodistas en situación de desempleo deberían fundar sus propios medios cooperativos, sin ánimo de lucro, sin publicidad y con artículos primordiales”.

La crisis financiera, de profundo calado en Grecia, ha provocado que los jóvenes del país hagan horas extra no remuneradas, horas que son injustificablemente largas. Incluso hay veces que aceptan dos o más trabajos para poder apañárselas. A decir verdad, casi no tienen tiempo para nada más. Ver las noticias no está entre sus prioridades. En especial desde que, según su opinión, solo reiteran la mezquindad de la sociedad actual y perpetúan la razón por la que las cosas se han vuelto tan desalentadoras.

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