La locomotora europea más loca

Artículo publicado el 19 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 19 de Mayo de 2006

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Un tren, único en su género, partió el 24 de abril desde Berlín. Ocho días de viaje a través de la vieja y la nueva Europa. Un tren sobre los raíles del diálogo y el descubrimiento mutuo.

8.53h: Estación Central de Cracovia. El silbato estridente del conductor anuncia la salida del “Tren Europeo 2006”. La idea, concebida en 2004, ha visto la luz gracias a donaciones privadas y a grandes subvenciones comunitarias. El objetivo del proyecto era el de reunirse para celebrar el segundo aniversario de la quinta ampliación Europea “que permitirá dialogar con habitantes de diversos países europeos; tanto los satisfechos como los descontentos con la adhesión a la UE”, nos dice Anna Olszowska, coordinadora del proyecto en Polonia.

Budwiejovice en la República Checa, Malibor en Eslovenia o Pecs en Hungría. Son paradas de este tren que ahora se detiene en Zgorzelec, un pueblo situado en la frontera entre Alemania y Polonia. A pesar del madrugón, un ambiente festivo reina en los vagones. Como las abejas en la colmena, los pasajeros participan de buen ánimo en las actividades propuestas. “Se trata de trabajo, no de divertirse”, afirma la asistente Maria Graul. Cerca de 100 personas de 13 países –como Hungría, Chequia, Rumania, Lituania o Bielorrusia- viajan en este tren. La gran mayoría son jóvenes seleccionados para exponer sus proyectos artísticos que se centran en la importancia del diálogo entre los ciudadanos europeos. “Queremos conocer a nuestros vecinos. Europa no son sólo los funcionarios europeos de Bruselas, sino también la gente corriente”, subraya Mélanie Henze, una de las alemanas del equipo organizador.

Emociones al vuelo

En uno de los compartimentos, unos jóvenes periodistas de la revista alemana Politik Orange comparten su espacio con dos jóvenes estudiantes, silenciosos, concentrados en sus ocupaciones. Una silueta misteriosa provista de una polaroid surge de repente y dispara algunas fotos que habrán de pegarse en seguida a la ventana del vagón. “Captar el Momento”, este es el nombre de la iniciativa propuesta por Matthias Nebel, que quiere atrapar en su película todos los acontecimientos del viaje, inmortalizar los pueblos recorridos y a los pasajeros. “¡Hay tantas emociones…! Y visto que no somos capaces de memorizar cada minuto, estas fotos son un excelente medio para guardar en la mente los recuerdos del viaje”, añade Mélanie.

¡Que no pare el debate!

A las 10.30h, en un vagón especialmente diseñado como salón político, comienza un debate entre los invitados expertos políticos y científicos. El tema propuesto es “¿Adónde va Europa?”. Políticos y representantes de ONG son también pasajeros de este tren. “La idea es discutir con figuras políticas o literarias sobre temas como la integración o el futuro de los 25”, nos cuenta Agnieszka, polaca, que trabaja en Viena. Los oyentes, curiosos, lanzan muchísimas preguntas. Una de las participantes, Athanasia Rousiamani, de origen griego, aborda la cuestión de la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Presenta al público algunas de las opiniones que ha recogido entre los habitantes checos, eslovenos o austriacos en el transcurso del viaje. Sus entrevistas muestran que sólo los magiares parecen a favor de la integración de Turquía. “Algunas personas incluso han reaccionado de manera violenta, mientras que yo sólo quería conocer su punto de vista”, nos cuenta Athanasia, con un pequeño con cierto punto de desdén. El debate está siendo grabado por Madeleine y Christophe, que piensan utilizarlo para hacer reaccionar a los habitantes de las próximas etapas. Durante toda la mañana, bien concentrados, montan la grabación en un compartimento destinado a audiovisuales.

Al mediodía, los participantes se dirigen al vagón restaurante donde les espera la comida. Algunos de nuestros pasajeros prefieren continuar sus tareas en vez de sumarse a la cola de los hambrientos. Por grupos, según su función –animadores, talleres culinarios, música, literatura o teatro- los pasajeros terminan por encontrarse en el vagón bar-biblioteca, donde toman el postre o el café y charlan en pequeños grupos. “Hemos intentado entrevistar a personas de edades diversas y de diferente estatus social. Cada respuesta es una buena respuesta. Uno me acaba de decir que Europa es una mierda”, nos dice Marta Gawinek. El sonido de unos instrumentos llama a los curiosos hacia el último vagón: los acordes de jazz del ensayo del concierto de la noche ponen en movimiento a nuestros pasajeros. La noche será larga.

El final de mi viaje se acerca. A las 17.25h el tren se detiene en la estación de Zgorzelec, donde nos recibe la banda del pueblo. Los participantes descienden para recorrer la ciudad en donde han hecho escala con sus proyectos debajo del brazo y con el deseo de trasmitir toda la información posible sobre los países recorridos hasta ahora por este Tren Europa 2006. “Hemos sido muy bien recibidos por todos, pero han sido los húngaros y los eslovenos quienes mejor nos han acogido. No nos esperábamos una acogida tan entusiasta”, manifiesta, alegre, Tobias Hipp, responsable de la operación. El uno de mayo, los pasajeros realizaron la última etapa, hasta Berlín. Término de su viaje artístico. Será en la capital alemana, emblema de la reunificación, donde presentarán a una delegación de personalidades políticas y de los medios de comunicación las impresiones recogidas a lo largo de este singular viaje.