"LA LOCURA ES NORMAL": ENTREVISTA A DANICA CURCIC

Artículo publicado el 17 de Febrero de 2014
Artículo publicado el 17 de Febrero de 2014

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Danica Curcic, actriz danesa de raíces serbias, pone de manifiesto lo mejor de las dos culturas: la balcánica y la escandinava. Además de participar en varias películas que se estrenan el próximo otoño, también representa en el teatro el papel de los clásicos personajes masculinos shakesperianos: Hamlet, el rey Lear y Otelo. Los quiere todos.

Ca­fé­ba­bel: "Dan­ica Cur­cic, Di­na­mar­ca". Tu nom­bre ser­bio re­pre­sen­ta a Di­na­mar­ca en Ber­lín. ¿Esto in­flu­ye en cómo se te con­si­de­ra en Di­na­mar­ca? Tu doble iden­ti­dad, ser­bio-da­ne­sa, ¿in­flu­ye en tu forma de ac­tuar?

Da­ni­ca Cur­cic: Nací en Bel­gra­do y crecí en un hogar ser­bio en Co­pen­ha­gue. Tan sólo tenía un año cuan­do nos mu­da­mos. Mi padre tra­ba­ja­ba en la em­ba­ja­da yu­gos­la­va de Co­pen­ha­gue. Se su­po­nía que no íba­mos a estar aquí para siem­pre, pero en­ton­ces la si­tua­ción en nues­tro país em­pe­zó a de­te­rio­rar­se. Es­ta­lló gue­rra y mis pa­dres de­ci­die­ron que­dar­se en Di­na­mar­ca.

Creo que es una gran ven­ta­ja el hecho de ha­ber­me cria­do entre dos cul­tu­ras, dos tem­pe­ra­men­tos y dos for­mas de vivir muy di­fe­ren­tes.

Lo cu­rio­so es que Da­ni­ca sig­ni­fi­ca Di­na­mar­ca en latín. Es pura coin­ci­den­cia. Mi abue­la tam­bién se lla­ma­ba Da­ni­ca. Es un nom­bre tra­di­cio­nal ser­bio.

Sin em­bar­go, un nom­bre como este no in­flu­ye en cómo me trata la gente. El tema está en mi as­pec­to. No tengo ras­gos par­ti­cu­lar­men­te es­la­vos o da­ne­ses. Esto es algo po­si­ti­vo, ya que me per­mi­te in­ter­pre­tar tanto pa­pe­les da­ne­ses como es­la­vos. No obs­tan­te, Di­na­mar­ca es un país pe­que­ño y ac­to­res de otros paí­ses como Tur­quía, Eu­ro­pa del Este o los paí­ses bal­cá­ni­cos, en oca­sio­nes, sí que tie­nen pro­ble­mas en la se­lec­ción de ac­to­res. A veces tam­bién  me dicen a mí que soy de­ma­sia­do mo­re­na para un papel de tí­pi­ca novia da­ne­sa.

"NO HABÍA NADA QUE PU­DIE­RA PA­RAR­ME"

Ca­fé­ba­bel: ¿Fue una de­ci­sión cons­cien­te el hecho de con­ver­tir­te en ac­triz? ¿Qué papel jugó tu fa­mi­lia?

Da­ni­ca Cur­cic: Mis pa­dres siem­pre me han apo­ya­do. Mi edu­ca­ción era es­pe­cial­men­te im­por­tan­te para ellos. Los da­ne­ses sue­len tener una men­ta­li­dad dis­tin­ta. Ellos se cogen un año sa­bá­ti­co y via­jan. Para mis pa­dres era fun­da­men­tal que me fuera bien en la es­cue­la; que sa­ca­ra bue­nas notas. No cabía dis­cu­sión al­gu­na. Pro­ba­ble­men­te, de­bi­do a esto em­pe­cé mis es­tu­dios ci­ne­ma­to­grá­fi­cos y pe­rio­dís­ti­cos en la uni­ver­si­dad cuan­do sólo tenía 17 años.

Más tarde, tuve claro que debía dejar los es­tu­dios teó­ri­cos y con­ver­tir­me en ac­triz. Pensé: “Ya está. Esta es mi vo­ca­ción. Tengo que ha­cer­lo y voy a ha­cer­lo; y será in­creí­ble.” ¡Es­ta­ba muy de­ci­di­da cuan­do tomé la de­ci­sión! No había nada que pu­die­ra pa­rar­me.  

Cuén­ta­nos un poco más sobre tus úl­ti­mos pro­yec­tos.

Ahora mismo estoy ha­cien­do tea­tro. Estoy tra­ba­jan­do con otras tres ac­tri­ces en un co­lla­ge de Sha­kes­pea­re en el Tea­tro Real de Co­pen­ha­gue. Es todo lo con­tra­rio a las nor­mas tea­tra­les de la época del pro­pio Sha­kes­pea­re; cuan­do los hom­bres tam­bién in­ter­pre­ta­ban los pa­pe­les de las mu­je­res. Yo hago de Ham­let, el rey Lear y Otelo.

Mu­chas si­tua­cio­nes o per­so­na­jes sha­kes­pe­ria­nos se re­pi­ten. Por ello, nues­tro di­rec­tor y el dra­ma­tur­go del Tea­tro Real de Co­pen­ha­gue crea­ron un fas­ci­nan­te co­lla­ge. Entre otros, los per­so­na­jes de lady Ana en Ri­car­do III y Ofe­lia en Ham­let fue­ron com­bi­na­dos en la misma es­ce­na. Tiene mucho sen­ti­do, ya que tra­ta­mos emo­cio­nes puras como el deseo, los celos o el odio en si­tua­cio­nes muy bien de­fi­ni­das. Y sin em­bar­go, tengo mucha cu­rio­si­dad por saber cómo queda. Prác­ti­ca­men­te aca­ba­mos de em­pe­zar. Es un opor­tu­ni­dad única para una ac­triz in­ter­pre­tar el que qui­zás sea el papel más im­por­tan­te de todos los tiem­pos: Ham­let.

El desa­fío con­sis­te en hacer que estos gran­des per­so­na­jes pa­rez­can lo más hu­ma­nos po­si­ble. De­fen­der­los.       

¿Hay algún papel en es­pe­cial que te gusta in­ter­pre­tar?

In­ter­pre­té ese gran per­so­na­je en The Ab­sent One (2014): una fu­gi­ti­va per­tur­ba­da que se paseó con el ca­dá­ver de su bebé du­ran­te diez años. Esa clase de papel te per­mi­te lle­gar a lo más pro­fun­do de ti mismo; donde no lle­ga­rías nor­mal­men­te. El desa­fío de los gran­des per­so­na­jes con­sis­te en hacer que pa­rez­can lo más hu­ma­nos po­si­ble y de­fen­der­los.

¿Crees que la lo­cu­ra es algo poco na­tu­ral o, mer­jor dicho, que la nor­ma­li­dad no es más que una forma acep­ta­da de lo­cu­ra?

Todo de­pen­de del punto de vista. Como ac­triz, tengo la ven­ta­ja de poder me­ter­me y salir del papel. Pue­des re­pre­sen­tar casi cual­quier per­so­na­je. Lo más im­por­tan­te es en­con­trar la ver­dad den­tro de uno mismo. In­clu­so una mujer loca posee esta ver­dad. La pa­la­bra ‘loca’ tiene con­no­ta­cio­nes ne­ga­ti­vas, pero todo es una reac­ción a algo que ha pa­sa­do. Todo es con­se­cuen­cia de algo más. Así pues, la lo­cu­ra es nor­mal.   

¿Tie­nes algún pro­yec­to a la vista en Ser­bia? ¿Crees que es in­tere­san­te el hecho de que ven­gas del ám­bi­to ci­ne­ma­to­grá­fi­co?

Por ahora no tengo nada pla­nea­do en Ser­bia, pero allí el cine es muy pro­me­te­dor. Vi la pe­lí­cu­la Clip (2012) y me pa­re­ció que era muy con­vin­cen­te y di­rec­ta. Un re­tra­to de dos ge­ne­ra­cio­nes dis­tin­tas: una an­cla­da en la nos­tal­gia y la otra que in­ten­ta so­bre­vi­vir en un país que ha sido des­trui­do. Tam­bién estoy im­pa­cien­te por ver Kru­go­vi (ing. Cir­cles, 2013) con Ni­ko­la Ra­ko­ce­vic, que es tam­bién una es­tre­lla del cine eu­ro­peo este año. He oído que es una pe­lí­cu­la muy buena.

Para mí, Un­der­ground (1995) de Kus­tu­ri­ca es una de las pe­lí­cu­las más gran­des que jamás se han hecho. Me en­can­ta­ría tra­ba­jar con él. Aún no he con­tac­ta­do con él, pero creo que de­be­ría ha­cer­lo. 

Cafeba­bel Ber­lin CUBRE LA 64 EDI­CIÓN DE LA BER­LI­NA­LE

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