La logística, disciplina olímpica

Artículo publicado el 5 de Agosto de 2008
Artículo publicado el 5 de Agosto de 2008
Organizar el transporte de barcos y cervezas desde Alemania a la lejana China podría ser considerada otra pruebas de las muchas que se verán en Pekín

Cuando el 9 de agosto las embarcaciones de los remeros alemanes estén preparadas para competir en la primera regata olímpica, estas habrán dejado tras de sí un largo camino de 8.000 Km. Lo mismo que los caballos, los palos de jockey y la equipación necesaria para las demás disciplinas olímpicas.

De Fráncfort a Pekín

Las Olimpiadas son una pesadilla en términos de logística. La cuenta atrás de la expedición olímpica comenzó con la inauguración de un mayúsculo almacén de carga aérea en las cercanías de Fráncfort. Desde el 7 de julio se han enviado, nada más y nada menos, desde el citado aeropuerto cerca de cien toneladas de material: botiquines con un peso total de quinientos kilos, camisetas, agua mineral, camillas para dar masajes a los atletas, material de oficina y seis toneladas de folletos sobre el equipo alemán. Tampoco olvidemos algunas cajas de cerveza nacional. El noventa por ciento de la equipación se fletará vía Fráncfort hasta Pekín.

Foto: Lono Kollars / WikipediaLas embarcaciones requieren una solución concreta para su transporte. La de la modalidad de cuatro scull sin timonel puede llegar a medir entre diez y veinte metros de largo. Para estas medidas extraordinarias se requieren aviones especiales. Por eso las embarcaciones se transportan desde las bases olímpicas de toda Alemania hasta Fráncfort en remolques acoplados a automóviles. Allí le espera un Boeing 747. El habitáculo interior hará las veces de bodega para las embarcaciones. Esto es posible ya que la cabina de mando puede plegarse hacia arriba permitiendo que la carga entre directamente por la parte delantera del avión a través del cono de la nariz.

Los botes de los remeros olímpicos viajan hasta China en aviones Boeing 747

Solo se sabe a posteriori el gasto que la organización de las olimpiadas le acarreará a la Federación Olímpica Alemana (DOSB, en sus siglas en alemán) y a sus patrocinadores. Aun así, Achim Bueble, responsable de logística de la DOSB, parte de la base de que como mucho esto supondrá a la Federación un gasto de trescientos mil euros. No quiere especular sobre si será la mitad o un tercio de los gastos totales. Si se transportara por mar sería más económico pero tardaría aproximadamente seis semanas en llegar a destino. No obstante, los mayores montantes de la partida son los servicios, como el trabajo de la transportista. Achim Bueble no contesta a la pregunta de a cuánto ascienden estos últimos.

Embarcaciones y burocracia

Foto: David Ian Roberts / Flickr

Cuando las embarcaciones estén en Pekín tendrán que saltar el siguiente obstáculo, la burocracia china. El director deportivo, que ha acompañado al flete en calidad de responsable, deberá transportar los botes al Canal Olímpico tan rápido como sea posible. En palabras de Dan Danzglock, miembro de la Junta directiva de la Federación alemana de remo: “en realidad queríamos ocuparnos de la organización, sin embargo, una vez en Pekín, los chinos se hacen cargo de la logística y nos convertimos en meros acompañantes de la expedición". A la llegada a la sede olímpica, los patrones de las embarcaciones recogen el testigo de nuevo. Ha llegado la hora de poner a punto los botes, para ello necesitarán volver a medir los grados de inclinación, comprobar el estado del casco, remos y escálamos.

El equipo alemán tiene jornadas de hasta 18 horas diarias los días previos de las Olimpiadas

Llegados a este punto, la hazaña logística que supone transportar el equipo de Alemania a China se puede dar casi por concluida. En la Villa Olímpica se alquilaron tanto un aparcamiento subterráneo como dos container a modo de almacén. Aquí se guardará el equipaje personal de los cerca de cuatrocientos cincuenta deportistas y trescientos asistentes. El trabajo físico de base comenzó para el Jefe de logística Bueble con el flete aéreo. Con entusiasmo relata lo siguiente: “cuando el camión entra en la Villa Olímpica con la equipación todos ayudan a descargar la mercancía, desde atletas hasta los asistentes". Este espíritu deportivo compensa las jornadas de dieciséis a dieciocho horas diarias, la falta de sueño y el exceso de adrenalina en sangre que registran sus análisis desde hace tres meses.