La marca Europa: ¿Fomenta Eurovisión el espíritu comunitario?

Artículo publicado el 9 de Junio de 2010
Artículo publicado el 9 de Junio de 2010
¿Europa? Un continente poco dinámico y cada vez más viejo que se halla próximo a perder su protagonismo en el mundo y que, para colmo, se ve obligado a luchar por su principal elemento de cohesión, el euro. ¿Puede este festival crear unidad donde realmente no existe?

El mayor problema que los políticos de Europa han de resolver frente a su ciudadanía consiste en transmitir que la Unión es una comunidad que posee multitud de elementos comunes y no una sociedad de egoísmos nacionales. La 'marca Europa' es difícil de publicitar, ya que la realidad está marcada por intereses meramente nacionales. Para muchos, la idea de Europa se ha convertido en sinónimo de la administración burocrática de la UE en Bruselas y queda así reducida a un prejuicio negativo: un bullicioso grupito de tertulianos de salón de plenos tan excesivamente remunerado como ajeno al mundo.

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El propio sistema tiene la culpa de ello ya que, con mucha frecuencia, ha venido a refrendar tales prejuicios: la UE ha violado una y otra vez todas las normas que rigen la buena gestión de una marca. Ésta sólo funciona adecuadamente si se fundamenta en la construcción de una comunidad, en ideas concretas y compartidas, jamás en la transmisión de estructuras jurídicas abstractas o en votaciones sobre tratados que no comprende nadie que no sea jurista.

Normas, leyes y una administración comunes: todo ello es necesario para el buen funcionamiento de Europa. En primer lugar, sin embargo, ha de situarse una idea. Acaso suene ingenuo y grandilocuente pero es la única solución viable para dar verdadera cohesión a un complejo de tan enormes dimensiones: nadie compra un Porsche únicamente para desplazarse desde el punto A hasta el punto B. Un club de fútbol no despierta pasiones por el mero hecho de ofrecer a 11 personas la ocasión perfecta para corretear por un campo de césped. Se trata siempre de algo más, de una idea subyacente.

El Tratado de Lisboa supuso la congelación de algunos de los pocos elementos cohesivos de la UE: el himno y la bandera

El Tratado de Lisboa, esto es, el fracaso de la Constitución Europea, ha supuesto incluso la congelación de algunos de los pocos elementos cohesivos de la Unión Europea: el himno y la bandera de la Unión. El sociólogo alemán Ferdinand Tönnies identificó hace casi 100 años la diferencia entre comunidad y sociedad en su obra homónima (Gesellschaft und Gemeinschaft, 'Sociedad y comunidad'): la sociedad es lo abstracto, lo construido, lo facultativo. La sociedad es el resultado de diversos contratos. La lengua lo pone de manifiesto, hay sociedades por acciones pero, en ningún caso, comunidades anónimas. La sociedad se materializa en las autoridades, en las modernas estructuras del Estado, en las empresas, en cualquier lugar donde una estructura formal sirva de base para una organización: "La sociedad es la razón abstracta".

En cambio, la energía social reside en la comunidad, que se caracteriza por la cercanía, la confianza y unas preferencias comunes. Los miembros de una comunidad comparten circunstancias vitales, que perciben e interpretan de manera similar. Sólo de ese modo es posible desarrollar identidad y unidad. Las verdaderas fuerzas cohesivas existen únicamente en la comunidad, de modo que una auténtica capacidad de persuasión sólo puede desarrollarse en el marco de dicha forma de unión. No cabe descartar conflictos y disgustos, cualquiera que tenga familia y amigos lo sabrá. El consenso general, sin embargo, sostiene a la comunidad.

Para el buen funcionamiento de la sociedad es necesario, pues, un fundamento comunitario. El Festival de Eurovisión lo puso de manifiesto hace unos días. Millones de personas de todo el continente celebraron juntas una idea: una competición pacífica entre cantantes procedentes de la mayoría de los países de Europa (aunque la idea se ha propagado entretanto más allá de los confines del continente) por la corona de la canción europea. Noruega, el anfitrión de la edición de este año, tuvo una gran idea al rodar una breve película que capta el espíritu de una manera maravillosamente simple: unidos en la diversidad.

Europa baila en comunidad, en todas partes de un modo distinto, pero en todas partes al mismo ritmo. Ello demuestra que cuanto se percibe es, sin excepción, único. Y sólo se percibe y se almacena en la memoria lo que es concreto. Una constitución sólo es una abstracción. En cambio, un baile en los diferentes escenarios de Europa es una realidad viva. Nunca fuimos tan europeos como durante la velada de Eurovisión, aunque, al final de la misma, fueran los alemanes quienes tuvieran mayores motivos para alegrarse. Se puso de manifiesto cómo se construye una marca en el sentido de la unidad social, cómo apelar al sentimiento de unión pese a estar celebrándose una competición. Incluso la ganadora de esta edición, Lena Meyer-Landrut, fue, por un momento, un pequeño engranaje, acorde al espíritu de la época, de un enorme mecanismo.

Un artículo de markenradar.com.

Foto: Lena ©aktivioslo/flickr