La marca Hitler

Artículo publicado el 21 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 21 de Febrero de 2005

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El hundimiento, la adaptación cinematográfica de los últimos días de Hitler en su búnker berlinés, arrasa en toda Europa.

Adolf Hitler conquista estos días las salas de cine. Más de cuatro millones de espectadores en Alemania, 750.000 espectadores en Francia, entrada en el puesto número 2 de la cartelera holandesa: El hundimiento, una película que plasma los últimos días de Hitler en su búnker de Berlín, se ha convertido en una película taquillera en Europa. Los alemanes, los franceses y los polacos no quieren perderse el ponerse por una vez en la piel de Hitler.

Encuentro nacional

Bernd Eichinger, director de la productora Constantin, quizás acierte, convencido del evidente contenido de su trabajo.

Sin embargo, la mayoría de los medios de comunicación alemanes no se lo tragan. Según las críticas, la película de Eichenger se dedica a tergiversar la historia ya que, en la película, los alemanes son sólo víctimas, y no autores. Este argumento ha sido acogido con buen agrado en el resto de Europa. En Francia, el diario de izquierdas Libération dedica al tema una página doble. El actor que caracteriza a Hitler, Bruno Ganz, actúa con el ímpetu de una “escobilla de retrete”, y se supone que ahora a los alemanes les basta con verse no sólo como autores. Le Monde hace hincapié sobre lo mismo. A la protagonista Traudl Junge, última secretaria de Hitler, la han criticado todos. Es demasiado ingenua, tiene demasiada buena fe y se ha insinuado más o menos que la ingenuidad ha sido la perdición de los alemanes. Al otro lado del Canal de la Mancha, predomina asimismo el escepticismo. Es cierto que la película no se estrenará en Inglaterra sino el 25 de marzo, pero Robert Boyes, corresponsal en Berlín de The Times, critica de antemano que no se exprese con suficiente claridad quiénes son los criminales y quiénes las víctimas de la guerra. Y el biógrafo de Hitler, Ian Kershaw, añadió que El hundimiento apenas contribuye a entender mejor a Hitler. En Polonia se reaccionó de manera parecida. Witold Kulesza, director del Instituto para la Conservación de la Memoria Nacional, apuntó que con la película comienza en Alemania la fase de “reencuentro nacional”.

Pero también hay reacciones positivas. Alfred Grosser, el intelectual franco-alemán por excelencia, calificó la película de “notable y muy pedagógica”. Y el historiador Simon Sebag Montefiore defendió, por el contrario, la opinión de su compañero Kershaw que publicó el Daily Mail acerca de que la película muestra una imagen realista de la tiranía.

La cultura Nazi-Pop

Tim, un luxemburgués de 25 años de edad y estudiante en Múnich desde hace cinco años, también se sorprende de la agitación. En su tierra natal, la película se proyecta al mismo tiempo que un documental sobre la ocupación nazi de Luxemburgo. "La película muestra con claridad que la caída de los nazis fue merecida. Se ve la demencia de Hitler y de sus ayudantes", dijo Tim añadiendo que "es importante hacer películas de este tipo".

Por el contrario, Susana, de Varsovia, opina que "para los polacos supone la ruptura de un tabú" porque la película describe a Hitler como "un personaje trágico, no como un criminal". Le preocupa también que en Alemania los neonazis tengan creciente presencia en algún Estado Federado al mismo tiempo: "Hitler se ha convertido evidentemente en un producto de la cultura pop. Sin embargo, sus ideas todavía perduran".

Bernd Eichinger tiene en todo caso motivos para frotarse las manos. El hundimiento acaba de ser nominada para los Oscar en la categoría de mejor película extranjera y ha sido vendida en todos los países relevantes. La productora Constantin ha sabido elegir la fecha de su comercialización internacional: 2005, el 60º aniversario del final de la II guerra mundial. Así, la marca Hitler es más fácil de vender.