La marcha sonámbula de Francia

Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2013

Fran­cia es rica y tiene una gran eco­no­mía. Así ha sido desde hace cien­tos de años y así sigue siendo. Cues­ta ima­gi­nar otra si­tua­ción. No obs­tan­te, el país puede estar an­dan­do so­nám­bu­lo hacia el desas­tre. Los cli­chés se amon­to­nan para des­cri­bir esta es­pi­ral ne­ga­ti­va: “nada dura para siem­pre”, “mayor será la caída”, y otras tan­tas cosas más.

Cerca de mi casa, en el quin­to dis­tri­to de París, hay una tran­qui­la calle de un solo sen­ti­do. Aun­que pocos co­ches la atra­vie­san, la calle cuen­ta con un in­ne­ce­sa­rio cruce pea­to­nal, re­gu­la­do por se­má­fo­ros. A modo de com­ple­men­to, un po­li­cía de trá­fi­co ondea su pe­que­ño bas­tón ante los pocos que co­ches que pasan, muy sa­tis­fe­cho con­si­go mismo a pesar de lo su­per­fluo que re­sul­ta. Se po­dría pen­sar que tanta de­ca­den­cia in­di­ca el buen es­ta­do de la eco­no­mía de un país, con un go­bierno con tanto di­ne­ro que no sabe qué hacer con él. Pero no es así exac­ta­men­te.  

COMO UN OSO PE­RE­ZO­SO BAJO LOS EFEC­TOS DEL VA­LIUM

La deuda na­cio­nal en Fran­cia crece sin parar. El país con forma de he­xá­gono ha arre­ba­ta­do el so­bre­nom­bre de “en­fer­mo de Eu­ro­pa” a paí­ses con una tur­bu­len­ta his­to­ria re­cien­te, como Gre­cia Ir­lan­da. Mien­tras que el resto de Eu­ro­pa ha su­pe­ra­do el dolor y ha re­du­ci­do sus dé­fi­cits, el go­bierno fran­cés ha ac­tua­do con la de­li­ca­de­za y vigor de un oso pe­re­zo­so que ha to­ma­do de­ma­sia­do Va­lium. La se­gun­da eco­no­mía de Eu­ro­pa se apro­xi­ma al desas­tre en es­ta­do de so­nam­bu­lis­mo.

Cua­tro si­glos han pa­sa­do desde que Jean-Bap­tis­te Col­bert, mi­nis­tro de Ha­cien­da de Luis XIV, es­ta­ble­cie­se su fi­lo­so­fía y los go­bier­nos fran­ce­ses si­guen ba­lan­do que el  gran es­ta­do es bueno y el mer­ca­do libre malo, como si de una bie­nin­ten­cio­na­da oveja or­we­llia­na se tra­ta­se. Los pro­ble­mas de Fran­cia em­pie­zan con el ta­ma­ño del es­ta­do. El go­bierno gasta un 56.6% de su PIB, más que cual­quier otro go­bierno de la eu­ro­zo­na. En Ale­ma­nia el gasto es del 44.7%, en Suiza del 34.1% e in­clu­so en la ca­la­mi­to­sa Gre­cia el gasto es algo menor: 53.6% de su PIB.

¿Por qué es un pro­ble­ma que el es­ta­do gaste tanto? ¿Se es­ti­mu­la el cre­ci­mien­to a tra­vés del dis­pen­dio es­ta­tal? Esta úl­ti­ma cues­tión puede ser ver­dad hasta cier­to punto; ade­más, el sis­te­ma de co­ber­tu­ra so­cial de Fran­cia es una fuen­te de tre­men­do or­gu­llo na­cio­nal. Un es­ta­do enor­me re­quie­re enor­mes im­pues­tos y en Fran­cia los im­pues­tos están aho­gan­do a las em­pre­sas.  El go­bierno grava con fuer­za las ac­ti­vi­da­des de ne­go­cio, ha­cien­do que mar­chen a cual­quier otro lugar y de­jan­do a Fran­cia con un sec­tor in­dus­trial en re­ce­sión. Entre el año 2000 y 2013 el coste sa­la­rial en Fran­cia au­men­tó en un 45%, a di­fe­ren­cia del 24% de Ale­ma­nia. La com­pe­ti­ti­vi­dad de Fran­cia es pobre y pro­vo­ca que la in­ver­sión de ne­go­cio salte al otro lado de la fron­te­ra. La Se­gu­ri­dad So­cial está des­ti­na­da a in­cre­men­tar la ca­li­dad de vida de la po­bla­ción, pero el efec­to que de­be­ría tener el sis­te­ma de bie­nes­tar ter­mi­na por ser el con­tra­rio, dada la gran pre­sión fis­cal que ahu­yen­ta la crea­ción de tra­ba­jo y la ac­ti­vi­dad in­dus­trial. Como re­sul­ta­do, la tasa de des­em­pleo está en un pico del 11.1%, su­bien­do hasta el 25% en me­no­res de 24 años. Pa­re­ce que los cui­da­dos del es­ta­do Fran­cés son so­fo­can­tes. 

COM­BA­TIEN­DO A FRANÇOIS CON TRAC­TO­RES Y CO­LI­FLO­RES

La deuda na­cio­nal de Fran­cia es de casi 2 bi­llo­nes de euros. Si se api­la­se dicha can­ti­dad en bi­lle­tes de un dólar se al­can­za­ría más de la mitad del re­co­rri­do que lleva a la Luna. En 2014 el go­bierno gas­ta­rá 46.7 miles de mi­llo­nes de euros en sal­dar la deuda.  Se re­quie­re con ur­gen­cia algún tipo de ac­ción, aun­que François Ho­llan­de no to­le­ra­rá re­cor­tar el pre­su­pues­to. La po­bla­ción está in­có­mo­da por la falta de ini­cia­ti­va del pre­si­den­te; su por­cen­ta­je de apro­ba­ción es el más bajo ob­te­ni­do nunca entre los pre­si­den­tes de la Re­pú­bli­ca Fran­ce­sa: 15%. Sin em­bar­go, los fran­ce­ses le odian más cuan­do de­ci­de ac­tuar, pro­tes­tan­do cada mo­vi­mien­to suyo como mur­cié­la­gos en­de­mo­nia­dos. Ho­llan­de se haya en una po­si­ción com­pli­ca­da. En vez de asu­mir­lo y tomar de­ci­sio­nes de ca­la­do, se ma­ne­ja con tor­pe­za a la bús­que­da de un aco­mo­do inexis­ten­te. 

Ha in­ten­ta­do re­cau­dar de las mi­no­rías con la misma co­bar­día con la que David Ca­me­ron re­du­jo la pro­tec­ción so­cial de las mi­no­rías del Reino Unido. Todos saben que a los fran­ce­ses les gusta pro­tes­tar, pero nadie es­ta­ba pre­pa­ra­do para una reac­ción tan fu­rio­sa a la subida de im­pues­tos. En oc­tu­bre, in­ten­tó gra­var un im­pues­to sobre los vehícu­los pe­sa­dos. Gran­je­ros de Bre­ta­ña blo­quea­ron ca­rre­te­ras con sus trac­to­res y con mon­ta­ñas de co­li­flo­res. Ves­tían som­bre­ros rojos, en re­mi­nis­cen­cia a la re­vuel­ta del siglo XVII con­tra Luis XIV y Col­bert. Ho­llan­de se echó atrás. In­ten­tó apli­car un cruel y ex­tra­ño im­pues­to del 15.5% sobre los pla­nes de aho­rro. Como en el caso an­te­rior, vol­vió a re­tro­ce­der en su em­pe­ño tras en­fa­dar a todo el mundo, desde em­pre­sa­rios de éxito hasta an­cia­nas que te­mie­ron por sus fon­dos de pen­sio­nes. 

LA RE­CU­RREN­TE PA­NA­CEA DE LA CER­VE­ZA Y EL BAILE

Con el tipo de in­te­rés pú­bli­co al 2.32% (ren­di­mien­to del bono a diez años), Fran­cia puede con­ti­nuar su lento so­nam­bu­lis­mo hacia el desas­tre du­ran­te bas­tan­te tiem­po. Esto sig­ni­fi­ca que la carga de la deuda fran­ce­sa, aún as­tro­nó­mi­ca, to­da­vía es sos­te­ni­ble por­que pue­den se­guir pi­dien­do di­ne­ro pres­ta­do para pa­gar­la. Sin em­bar­go, el 8 de no­viem­bre, Stan­dard and Poor’s re­ba­jó por se­gun­da vez la ca­li­fi­ca­ción de la deuda fran­ce­sa. Esto de­be­ría en­cen­der todas las alar­mas, en parte por­que una de­gra­da­ción de la ca­li­fi­ca­ción a me­nu­do es una pro­fe­cía au­to­cum­pli­da. Cuan­do una agen­cia de ca­li­fi­ca­ción re­ba­ja una deuda na­cio­nal, los in­ver­so­res exi­gen ma­yo­res in­tere­ses sobre el di­ne­ro que pres­tan, au­men­tan­do el costo de prés­ta­mo y au­men­ta­do la pro­ba­bi­li­dad de que el go­bierno no pueda hacer fren­te a sus acree­do­res. Dicha re­ba­ja co­lo­ca a Fran­cia ante un gran ries­go de im­pa­go con solo men­cio­nar­lo. Esta es una de las mu­chas ra­zo­nes por las que las agen­cias de ca­li­fi­ca­ción están lejos de ser úti­les, si no son di­rec­ta­men­te per­ni­cio­sas.

Evi­den­te­men­te las cosas no pin­tan bien para la eco­no­mía fran­ce­sa, y en la misma línea, para Eu­ro­pa en su con­jun­to. Dado que no hay nada que como in­di­vi­duos po­da­mos hacer para ali­viar la an­gus­tia y des­es­pe­ran­za que nos ro­dean, te­ne­mos que re­cu­rrir a la única fuen­te de fe­li­ci­dad de la que dis­po­ne­mos, a la fuen­te in­ter­na de op­ti­mis­mo y fe­li­ci­dad a la que lla­ma­mos ce­re­bro hu­mano. Aleja el ren­di­mien­to de bonos y la de­fla­ción de la mente, ol­vi­da in­clu­so que  has leído este texto y aban­dó­na­te a la siem­pre ac­ce­si­ble pa­na­cea de la cer­ve­za y el baile.