La Marsellesa ultrajada en el estadio: una polémica a la francesa

Artículo publicado el 24 de Noviembre de 2008
Artículo publicado el 24 de Noviembre de 2008
¿Habrá pronto una revolución en las gradas de Francia? Tras la sonora pitada que recibió el himno nacional francés durante el encuentro que disputó la selección francesa frente a Túnez el pasado octubre, numerosos políticos han manifestado su descontento sobre un problema que se ha expandido por toda la sociedad del país galo

El pasado 14 de octubre, la selección francesa de fútbol recibió a la tunecina en el Estadio de Francia. Y, como cada vez que Los Azules se enfrentan a una antigua colonia francesa del Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez) en la región parisina, los aficionados del equipo visitante son tan numerosos como los del combinado anfitrión. En efecto, Île de France acoge una amplia comunidad originaria de África. Se trata de padres y abuelos nacidos en territorio africano que emigraron a Francia para trabajar y de hijos y nietos nacidos ya en tierras galas o que han llegado para reunirse con su familia. Estos grupos, cuando tienen la ocasión de ver al equipo de su país de origen, se desplazan en masa. Es una situación normal y comprensible. Lo que no es tan habitual son los pitidos que acompañan al himno nacional francés cada vez que una de estas selecciones juega en París. La situación ya se ha repetido en dos ocasiones, además de en el encuentro ante Túnez: en octubre de 2001 ante Argelia y en noviembre de 2007 ante Marruecos.

Evidentemente, estos pitidos han provocado numerosas reacciones de los políticos franceses, con independencia de su ideología. En primer lugar, el secretario de Estado para el Deporte y antiguo entrenador de la selección francesa de rugby, Bernard Laporte, ha anunciado que una posible solución sería no jugar más contra estos equipos en París. Por su parte, la ministra de Juventud y Deportes, Roselyne Bachelot, anunció tras una reunión organizada por el presidente Nicolás Sarkozy al día siguiente del partido frente a Túnez, que todo partido en el que la Marsellesa sea abucheada será suspendido durante el tiempo que los representantes del Estado necesiten para abandonar el recinto deportivo.

¿Por qué pitar la Marsellesa?

yoyolabellut/FlickrLos pitidos hacen recordar todas las revueltas del otoño de 2005. Los jóvenes del extrarradio, dónde viven numerosas familias de origen magrebí, sufren especialmente las lacras del paro y la exclusión social. Este sector de la población con dificultades suele vivir reagrupado en los mismos barrios, alejados del corazón de la ciudad, del centro de las actividades. Se ha ido originando, poco a poco, una verdadera brecha social desde hace tres décadas. El origen de estos franceses de nacimiento y de adopción sirve para explicar sus dificultades de inserción en la sociedad francesa.

Además, existe un déficit abrumador en la representación de estos ciudadanos de origen extranjero en las altas esferas del Estado. Algunos miembros del Gobierno procedentes de estas ‘minorías visibles’ constituyen un primer paso a la hora de hacer evolucionar las formas de pensar. Sin embargo, la ausencia total de un diputado ‘inmigrante’ en el Parlamento no ayuda a la inserción de personas que no se sienten ni franceses cuando están en Francia ni magrebíes cuando se encuentran en el Magreb. Ahora bien, como señaló el sociólogo especializado en los comportamientos de los aficionados, William Nuytens, el pasado 15 de octubre en el diario Le Monde, “el estadio es uno de los pocos lugares donde aún podemos manifestarnos públicamente hoy en día”. Pitar la Marsellesa permite a algunos ciudadanos expresar su malestar.

Protestar contra "un rival de una noche"

Yogi_OM/FlickrLas encuestas realizadas una vez finalizado el encuentro han mostrado, sin embargo, las diferentes razones que explican el comportamiento de los aficionados. Por lo pronto, la difícil situación del equipo de Francia tras el fracaso de la pasada Eurocopa, así como el mantener en el cargo a su seleccionador, Raymond Domenech, han provocado que numerosos espectadores piten independientemente de su origen. También se ha podido constatar que, de todos los jugadores, el más abucheado fue el joven Hatem Ben Arfa, francés de origen tunecino. Los aficionados visitantes le reprocharon haber preferido vestir la camiseta de la selección francesa en lugar de la tunecina. Por último, la cantante Lâam, también con orígenes de Túnez y encargada de interpretar la Marsellesa, se llevó como recuerdo una parte de los pitidos por la misma razón que Ben Arfa.

El presidente de la UEFA, Michel Platini, ha declarado que este tipo de comportamientos existía ya en los años 80 con los inmigrantes italianos y polacos y que se trataba “simplemente de protestas contra un rival de una noche al que se quiere vencer”, según declaró en Le Monde el 17 de octubre de 2008. En efecto, estos jóvenes que pitan la Marsellesa son los mismos que expresaron su alegría en la calle tras las victorias históricas de 1998 (Copa del Mundo) y 2000 (Eurocopa) y que animarán a Thierry Henry y Franck Ribéry en el próximo partido.

Hay quien también reconoce una especie de competición entre los países del Magreb. Si los argelinos y los marroquíes pitaron, los tunecinos no podían ser menos. Para terminar, la periodista de France Info especializada en África, Aïda Touhiri, ha explicado que, durante la Copa de África de 2004 disputada en Túnez, “todos los rivales de las Águilas de Cartago (Túnez) fueron recibidos entre pitidos”. Así que no hay porqué apelar a la revolución.