"La memoria del Holocausto ha sido un motor antirracista"

Artículo publicado el 27 de Enero de 2009
Artículo publicado el 27 de Enero de 2009
Enzo Traverso, nacido en Italia, vive en Francia desde 1985. Profesor de la Universidad de Picardía, es especialista Historia de la Segunda Guerra Mundial, Nazismo y Antisemitismo. Entre sus trabajos, Auschwitz y los intelectuales. Hablamos del Día de la Memoria en Europa que, por desgracia, “hoy no puede evitar ser relacionado con lo que sucede en Oriente Medio”. Entrevista

¿Qué es la memoria del Holocausto en Europa?

Pienso que la memoria del Holocausto ha sido, históricamente, en Europa Occidental, una especie de motor para los movimientos antirracistas. Durante la guerra de Argelia, en Francia, la memoria del Holocausto era parte de la lucha contra las políticas de opresión y persecución. En los últimos veinte años, sin embargo, esta memoria se ha institucionalizado: ha dejado de ser una memoria antagonista respecto al poder, para convertirse en una memoria compartida, integrada en las instituciones y objeto de conmemoraciones oficiales.

Esto es un fenómeno contradictorio: por un lado, si las instituciones se hacen cargo, significa que refleja una verdadera conciencia histórica que la convierte en una especie de religión civil. Por otro lado, tiene consecuencias que deberían hacer reflexionar sobre los usos públicos del pasado. En este periodo de guerra (en Gaza) ha sido empleada como un tipo de cheque en blanco para Israel como Estado que encarna la memoria del Holocausto. Todos criticábamos los bombardeos, pero cada una de las críticas iba precedida por las afirmaciones de una solidaridad de base con Israel. Si, por contra, pensamos en un país como Francia, donde la memoria del Holocausto es tan importante: en febrero de 2005, un mes después de la conmemoración híper mediatizada, la Asamblea Nacional vota una ley que define el colonialismo como ‘positivo’. Esto significa que los días de la memoria, más que una conmemoración ritual y, a menudo, retórica y vacía de contenido, deberían ser la ocasión para reflexionar sobre los usos públicos del pasado. Y, también, sobre los usos políticos de la memoria.

Y, en este sentido, ¿qué significado debe tener?

Un principio ético-político para mí irrenunciable es que la memoria, por su misma naturaleza, no es un recuerdo del pasado congelado, inmóvil e inmutable. La memoria vive en el presente. Recordar el Holocausto hoy, en Europa, significa discutir y combatir las formas de exclusión, racismo y opresión actuales. Participar en las conmemoraciones para después permanecer indiferente ante el hecho que, cuando Sarkozy se convierte en presidente, se producen redadas a los inmigrantes simpapeles ante las escuelas, significa que el día de la memoria es solo una cortina de humo. Creo que este tipo de cosas hay que decirlas. El hecho de que estas conmemoraciones se produzcan en un clima consensual, me deja perplejo.

A nivel europeo, ¿existe una memoria pública sobre cosas como esta?

Hay algunas tendencias que se están manifestando a escala europea. Es evidente que la memoria del Holocausto no puede ser la misma en Alemania (país que la ha concebido y puesto en práctica), en Francia (país que hoy tiene la comunidad hebrea más grande de Europa) y en España (que no participó en la Segunda Guerra Mundial). Si nos fijamos en el caso de España, la Ley de Memoria Histórica, que fue votada hace un año y medio, no existiría sin las leyes memoriales que fueron promulgadas en varios países de la Europa Occidental en los últimos años. Actualmente en España (discrepancias que tengo con algunos colegas españoles) existe una fuerte tendencia a asimilar las violencias del franquismo con un genocidio, cosa errónea desde el punto de vista historiográfico.

Para algunos países, el Holocausto parte de un discurso de memoria nacional. Para otros no es, como en España, objeto de conmemoración...

Foto: Il MulinoA menudo, distingo tres espacios memoriales en Europa: uno occidental, uno oriental y uno poscolonial. El primero se basa en el núcleo fundacional de la Unión Europea (Alemania, Francia, Italia y los países de la Península Ibérica), en cuyo centro está la memoria de Auschwitz. En Alemania esta memoria está más que presente en el espacio público: hoy no es posible considerarse alemanes sin tener en cuenta en el hecho de ser ‘germano’ el pasado nazi. Después está el espacio oriental, es decir, los países que formaron parte del Pacto de Varsovia: aquí se está construyendo una identidad nacional en cuyo centro está el pasado comunista que convierte en víctima a la propia nación, oprimida por el dominio soviético. Es una memoria que tiene un fuerte acento nacionalista y que supone la degradación del Holocausto como parte del pasado.

El tercero es la memoria poscolonial de una parte de la sociedad europea: varios millones de personas con ‘orígenes poscoloniales’ (tanto ciudadanos como inmigrantes) y memoria del colonialismo, de relaciones conflictivas con Europa y de opresión. Es una memoria que existe y que lo pone en tela de juicio de una manera más que saludable. Concluyo con un ejemplo: el 8 de mayo de 1945, el fin de la guerra. Para Occidente es el fin del sufrimiento y el inicio de una era de paz. En la Europa Oriental es el fin de la ocupación nazista y el inicio de la soviética. Si nos situamos, sin embargo, en Argelia, el 8 de mayo de 1945 es el aniversario de la revuelta de Sétif, una de las últimas masacres del colonialismo francés.

Entonces, el día de la memoria...

Hoy es difícil de hablar del día de la memoria sin hacer alusión a la situación en Oriente Medio. Eso se puede ver en los comentarios de la prensa, de una parte concreta de la opinión pública en muchos países, en los eslóganes de las manifestaciones. También es consecuencia del discurso político (al que no me refiero como propaganda) tras la estrategia isralelí: a partir de la guerra de los seis días, Israel presentó la ocupación del territorio palestino como una exigencia de autodefensa y como una condición para evitar un nuevo Auschwitz. De ahí las ecuaciones: Hamas - nuevo nazismo o como cuando Sharon decía que Arafat era el nuevo Hitler.