La metodología ágil, ese gran descubrimiento

Artículo publicado el 16 de Marzo de 2018
Artículo publicado el 16 de Marzo de 2018

¿Qué pensará Katha, la redactora jefa de Cafébabel, sobre la metodología ágil? Lo cuenta entre tazas de chai latte, estrés, kombucha y nómadas digitales.  

Todo comenzó una mañana de otoño en un bistro parisino. Nuestros programadores de Scopyleft nos acababan de mostrar una presentación sobre la metodología ágil mientras comíamos pain au chocolat y bebíamos un zumo de naranja, una forma muy bohemia de digerir este nuevo método de desarrollo software a través del cual estamos diseñando la nueva página web de Cafébabel.  

En la presentación se abordaba el tema con ejemplos del mundo del atletismo. Hablaban de sprints, y de cómo un grupo de jugadores de rugby forcejeaban en medio de una muchedumbre ordenada. En medio de este caos "ágil" debía nacer el nuevo Cafébabel. Lo cual me pareció todo un horror, ya que yo estaba más bien acostumbrada a la clásica gestión de proyectos. Es decir: uno escribe un plan detallado, establece las fechas de entrega para el equipo, y se atiene a eso, pase lo que pase. 

Tal vez ya lo habéis pensado, pero con la metodología ágil se procede de una manera mucho más...ágil. No se fijan objetivos utópicos que no tienen nada que ver con la realidad del desarrollo del software, sino más bien pequeños objetivos por etapas–como ya lo hemos mencionado–los llamados sprints o carreras cortas de mucha velocidad. Nuestro diseñador gráfico, Johan, de repente será oficialmente llamado PO (Project Owner), una especie de intermediario entre los deseos de los editores ("que los textos tengan el formato scrollytelling, que las fotos sean enormes, que el perfil de los redactores aparezca en forma de gif saltarín...) y también pasará a convertirse en un revelador de la realidad ("Eh, no, eso no se puede hacer"). Al menos una vez al día, el PO llama por Skype a los llamados Dailys a ciudades como Burdeos o Barcelona o donde sea que nuestros programadores nómadas digitales estén sentados en ese momento. Eso también es importante: el intercambio diario de ideas. 

Pero esta metodología también le puede volver loco a uno. En especial cuando los límites de lo ágil se disuelven y uno ya no sabe qué forma parte de la metodología y cuál de la privada de un nómada digital. De repente escribe @pointbr: "Estoy en el aeropuerto de Lyon y tengo un rato libre. ¿Hablamos por Skype por 15 minutos?". Igual que en el deporte, se requiere flexibilidad–y sobre todo mucha interacción y humanidad. Apreciamos mucho cuando @pointbr nos hace una visita, y nos trae galletas, té Chai y kombucha.

Así que, al final, hemos acabado aceptando este sistema de trabajo. La plataforma de desarrollo de software GitHub nos sirve de chat para hablar sobre las últimas correcciones. Y en pocas semanas nuestra nueva web estará finalmente en línea. Que maravilloso -y qué agil todo.