La muerte de Venecia: un carnaval de clichés

Artículo publicado el 3 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 3 de Febrero de 2010
La despoblación, el agua que poco a poco la engulle… el fin de Venecia se presenta en todos los medios como algo inminente. A finales de diciembre de 2009, la web de información medioambiental estadounidense Mother Nature Network incluía a la ciudad italiana en su lista de ‘10 lugares que visitar antes de que desaparezcan’. Pero por delante de Venecia está la realidad que engulle

El 14 de noviembre de 2009, Stefano Soffiato, farmacéutico veneciano, vivió su minuto de fama warholiana cuando las fotos de los funerales a Venecia que había organizado realizaron su tour por las redacciones europeas. Mientras que en la Venecia insular se supera el umbral de los 60.000 residentes, varios barcos transportaban un ataúd rosa a lo largo del Gran Canal hasta el ayuntamiento, acompañados de oraciones fúnebres y bajo las sorprendidas miradas de los turistas. El 9 de enero de este año fue el turno de Arrigo Cipriani, propietario del célebre Harry’s Bar, a dos pasos de la Plaza de San Marcos, para salir en primera plana: anunció su intención de presentar una queja colectiva contra varias instituciones venecianas, entre ellas la autoridad portuaria, acusándolos de haber acentuado el fenómeno de las mareas altas. Es cierto que la elegante clientela del Harry’s Bar se ve obligada, cada vez más, a ponerse botas para poder comer en el restaurante…

Una ciudad imaginaria

El 13 de enero de 2010, el ministro Renato Brunetta, candidato oficial a la alcaldía de la ciudad, aseguraba “querer devolverle a Venecia la dimensión internacional que se merece, devolverla a la fastuosidad del siglo XVI, su época de esplendor”. A la espera de conocer las medidas que llevará a cabo para resolver las causas de su decadencia (por ejemplo, el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, la ‘circunnavegación’ de África por los portugueses, el desarrollo consecuente de nuevas rutas comerciales y el declive del Mediterráneo), nos preguntamos por qué siempre se compara la Venecia contemporánea con aquella de hace cinco siglos.

Hace mucho tiempo, la retórica de la decadencia veneciana tuvo al menos el mérito de inspirar a grandes artistas: hablamos de Byron (en el cuarto canto de Childe Harold), de Thomas Mann (Muerte en Venecia), o de pintores como Monet…El poeta futurista italiano, Marinetti, propuso en 1910 “curar y cicatrizar” esta “ciudad en putrefacción elevando hasta el cielo la geometría imponente de puentes metálicos y fábricas”. Y Régis Debray afirmaría en un panfleto ('Contra Venecia', publicado en 1995), que “no es una ciudad sino la representación de una ciudad”. Por lo tanto, surge así una duda: si esa imagen estereotipada y los clichés continuamente machacados nos impiden ver la ciudad real y abrir un verdadero debate sobre sus problemas y sobre lo que está en juego. 

Alternativas a la subida del agua

Si se analiza, por ejemplo, el problema de la subida de las aguas que engullirán la ciudad, nos damos cuenta de que la realidad es más compleja de lo que nos hacen creer algunos periódicos. De hecho, se está construyendo un ambicioso proyecto consistente en unas compuertas móviles en la desembocadura del Lido, que permitirán aislar la laguna en los períodos de marea alta. El proyecto ha hecho correr ríos de tinta. La causa: el contrato se ha realizado con un grupo de empresas sin que se haya organizado ningún concurso previo y sus costes extraordinarios, calculados en cerca de cuatro millones de euros, no dejan de aumentar. La iniciativa tiene ya varias décadas y fue concebida en una época en la que las mareas altas, hoy muy frecuentes, eran una excepción: una posible consecuencia es que el aislamiento de la laguna la convierta en un lago, lo que podría llevar enormes problemas de gestión del equilibrio medioambiental y del tráfico marítimo hacia el mar. Aunque el éxito de tal proyecto está lejos de conseguirse, existen soluciones alternativas que podrían desarrollarse en paralelo. El problema se debe más a la lentitud burocrática y a la falta de transparencia del gobierno italiano que al destino trágico e ineludible de Venecia. 

Tomando en consideración la cuestión de la disminución de la población residente en las islas de la laguna, y aunque el problema es real, encontramos no obstante un fenómeno común en todas las ciudades de arte italianas: en Florencia y hasta en Roma la población residente en los centros históricos, y en particular las clases populares mayoritarias, se están desplazando progresivamente hacia los barrios periféricos. Los datos demográficos no proporcionan una imagen completa de la evolución de la residencialidad y del flujo urbano. Así, Mestre ha pasado de simple patio trasero instalado en ‘tierra firme’ a convertirse en una ciudad anexa desde la que cada mañana miles de venecianos salen a trabajar a través del Puente de la Libertad hacia la isla. Por otro lado, una parte de los 26.000 estudiantes europeos de las dos universidades de la ciudad no aparecen en las estadísticas oficiales de de los residentes de la laguna…

Signos de renovación

En el transcurso de los últimos años, Venecia ha desarrollado bastante su vocación de sede universitaria y de polo cultural europeo. A la sombra de grandes eventos como la Biennale de cine o la de arte contemporáneo, decenas de iniciativas más modestas, normalmente dirigidas por jóvenes empresas de producción cultural, han visto la luz. Por otro lado, obras arquitectónicas y de renovación de primer orden se terminaron en 2009, como por ejemplo el célebre Puente de Calatrava, construido completamente de cristal, y desde ahora el cuarto puente que atraviesa el Gran Canal. No son más que algunos ejemplos entre otros que muestran cómo la realidad de la ciudad insular es más compleja de lo que su imagen mediática nos dejaría creer. Y si para las generaciones que han crecido en Venecia en los años 60 y 70 la noche era sinónimo de aburrimiento, hoy en día el Campo Santa Margherita, la Fondamenta Della Misericordia y Rialto rebosan de bares y restaurantes de todo tipo. Tan sólo tenemos que tomarnos tiempo para aprovecharlo… 

Fotos: ©Alvise Forcellini/Flickr