La nueva Constitución en Hungría, ¿antidemocrática o simplemente débil?

Artículo publicado el 4 de Octubre de 2011
Artículo publicado el 4 de Octubre de 2011
La estructura extremedamente “unificada” de la constitución húngara se considera una de las causas más graves de ineficiencia por parte del gobierno durante las pasadas dos décadas. Nos adentramos en los secretos del controvertido texto.

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La nueva Constitución reemplaza a la anterior, creada en la era stalinista (1949) y revisada enteramente durante la transición democrática de los años 1989-90. Uno de los problemas que surgió tras su debate en Hungría fue que la nueva Constitución podría no respetar el principio de "separación de poderes", teniendo en cuenta que este principio es el ideal universal del constitucionalismo. El catedrático Béla Pokol, excéntrico científico social de renombre, elegido recientemente miembro del Tribunal Constitucional, discrepa. Pokol sostiene que, como otras constituciones europeas, la actual Constitución húngara no se basa en el principio de la separación de poderes y que la nueva constitución tampoco debería. Además, culpa de esta "interpretación errónea" a la ineficiencia del sistema de gobierno húngaro durante las pasadas dos décadas.

El sistema de la UE vs el sistema de EEUU

La diferencia entre lo que comúnmente se conoce por "separación de poderes" y la opinión de Pokol podría llevar a confusión. “Separación de poderes” significa una cosa completamente diferente al otro lado del Atlántico. En Estados Unidos existen dos poderes reales y son los ciudadanos los que controlan directamente tanto al Presidente como al Congreso. Estos dos órganos se encuentran totalmente separados, ya que ninguno de ellos necesita el apoyo o la aprobación del otro para ejecutar los poderes que les han sido conferidos. Sin embargo, sus poderes no pueden surtir efecto a menos que ambos órganos cooperen mutuamente.

Por el contrario, “separación de poderes” en Europa significa “división de poderes”. Mientras que las competencias del Estado están divididas en diversas ramas, estas no tienen por qué estar separadas las unas de las otras. En Europa, el poder ejecutivo está subordinado al legislativo y necesita del apoyo del mismo para poder permanecer al mando. Las constituciones parlamentarias europeas aún conservan la estructura de las monarquías absolutas, en la cual solamente existía un poder supremo; antiguamente el Rey; ahora, el Parlamento. En algunos casos, la unión entre el Gobierno y el Parlamento es particularmente fuerte. La “moción de censura constructiva”, término utilizado en Alemania y Hungría, viene a significar que el Parlamento no puede retirar su apoyo al primer ministro a menos que el sucesor de este sea designado al mismo tiempo. Esto hace que el gobierno sea tan sólido que, casi inevitablemente, comparte el mismo destino que el Parlamento. En la historia de la Alemania moderna, la moción de censura constructiva se llevó a cabo solamente dos veces y solo tuvo éxito una vez (Helmut Kohl contra Helmut Schmidt en 1982). En este sentido, Pokol podría tener razón al asegurar que la constitución de Hungría no se basa en el principio de separación de poderes, ya que es este exactamente el mismo modelo de parlamentarismo que ha adoptado Hungría (también conocido como Democracia del Canciller).

El caso de Hungría

Sin embargo, la ineficiencia del sistema político de Hungría no ha sido provocada por una "interpretación errónea" de la constitución tal y como Pokol afirma, sino por el modelo constitucional de la "Democracia del Canciller" en sí mismo, ya que un gobierno sólido no es necesariamente eficiente. La "moción de censura constructiva" tiende a mantener al gobierno en el poder aún cuando este no está actuando de manera correcta y, desgraciadamente, esta no es una posibilidad meramente teórica o mínima; Hungría, en los últimos veinte años, ha estado siete veces dirigida por gobiernos demasiado débiles para llevar a cabo medidas importantes, pero que aún así han completado su mandato. Por ejemplo, durante el mandato del gobierno conservador (1990-1994) se destruyeron un millón de empleos y muchos de los trabajadores de mayor antigüedad comenzaron a recibir una pensión por discapacidad o se prejubilaron, sobrecargando de esta manera el sistema social. Han pasado veinte años, pero Hungría sigue sin recuperarse de esa pérdida de trabajos y trabajadores y la política de los partidos sigue orientándose hacia los pensionistas. Recientemente, el gobierno socialista (2006-2010) fue incapaz de reducir el gasto social y agilizar la burocracia estatal; como resultado se incrementó la deuda pública un 50%. Hungría estuvo prácticamente desgobernada durante más de un tercio de este período, un lujo que un país no se puede permitir.

Hungría ha atravesado dos crisis políticas serias desde que se produjera la transición democrática. La primera fue el llamado " bloqueo de los taxistas" en octubre de 1990, cuando los taxistas bloquearon por completo el tráfico de las principales carreteras en protesta por el incremento del precio de la gasolina. La segunda fue el escándalo desencadenado por el "discurso Őszöd" en septiembre de 2006, cuando un discurso secreto del primer ministro en el que admitía haber mentido durante la campaña electoral vio la luz. Estos hechos afectaron de tal manera al nuevo gobierno que no pudo llevar a cabo su política de una vez por todas. Sin embargo, tanto un gobierno como el otro se mantuvieron en el poder hasta finalizar su mandato debido a que ni el partido en el gobierno ni la oposición pudieron ponerse de acuerdo sobre quién debía seguir a un primer ministro impopular y políticamente débil.

La estructura extremedamente “unificada” de la constitución húngara se considera una de las causas más graves de ineficiencia por parte del gobierno durante las pasadas dos décadas. No es de extrañar que se hayan hecho propuestas para abandonar el concepto de "moción de censura constructiva" o para encontrar otra solución que pueda evitar que el futuro sistema político húngaro llegue a un callejón sin salida. La versión final de la nueva constitución no cambia la antigua estructura y , por tanto, existe el peligro de que la política húngara pase el 35% de su tiempo sin hacer absolutamente nada, incluso bajo el mandato de la nueva Constitución.

Foto: (cc) americanartmuseum/ Flickr