La nueva Cruzada: rumbo a Europa

Artículo publicado el 3 de Junio de 2005
Artículo publicado el 3 de Junio de 2005

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Entre la escasez de sacerdotes, los bancos vacíos en las iglesias y la influencia menguante de la Iglesia, el nuevo Papa tiene su tarea limitada. Sea como sea, posee varios trucos bajo la manga para solucionarlo.

Cines de toda Europa proyectan ahora El reino de los Cielos, protagonizada por Orlando Bloom como caballero, bajo una armadura no muy brillante, montando a caballo a través de la Tierra Santa para unirse a las Cruzadas. El nuevo Papa, Benedicto XVI, haría bien en ir a ver la película; le ayudaría en sus planes para la "reconquista" Católica de Europa. En esta ocasión no será una lucha épica contra los Sarracenos en Oriente Próximo o los Moros en España, sino una lucha contra la secularización y el liberalismo en Europa Occidental.

¿Qué hay en un nombre?

Cada Papa usa un nombre que elige para sí como una señal de lo que su papado establecerá. San Benedicto, el fundador del monasticismo occidental, fue responsable de la Cristianización de gran parte del continente europeo durante el siglo sexto. Coincidencia o no, las propias palabras de Benedicto XVI dejan pocas dudas de que tratará de convertir su papado en uno en el que se luche contra el secularismo y el liberalismo. En 2004, el Cardenal Ratzinger dijo en una entrevista con el periódico italiano La Republicca: "Hemos pasado de una cultura cristiana a un secularismo agresivo y a veces intolerante. Una sociedad en la que Dios está completamente ausente. Ya lo vimos bajo los regímenes totalitarios del último siglo". La Europa de hoy en día es un lugar mucho más secular que la de siglos pasados. Más aún desde la separación oficial entre Iglesia y Estado. Resulta obvio al comprobar los bancos vacíos de las iglesias, los seminarios vacíos y la extensión de lo que llaman "legislación liberal", como la legalización de la eutanasia, el aborto y los matrimonios homosexuales.

Sacerdotes insuficientes

Aun cuando por el momento Benedicto XVI ha guardado sus "planes de batalla" para sí mismo, hay unas tres áreas principales de acción que es apropiado distinguir.

Su primera prioridad es conseguir más sacerdotes. Sin sacerdotes, la estructura entera de la Iglesia Católica deja de existir. Algunos católicos han sugerido terminar la obligatoriedad del celibato de sacerdotes y monjas como solución para la actual carencia de sacerdotes en Europa. Pero el nuevo Papa, considerado por ser un conservador, no parece estar de acuerdo con ellos. Hace poco, en 2004, escribió un comunicado oficial eclesiástico reiterando esta prohibición a las monjas y a los sacerdotes, y criticando a las feministas por ignorar las diferencias biológicas. En vez de esto, Benedicto XVI, con toda probabilidad, se centrará en reformar los seminarios y su curriculum para hacerlos más llamativos de cara a la gente joven. El tiempo dirá si es suficiente.

Tortazo Político

En Segundo lugar, el Papa querrá centrarse en mantener su influencia política en Europa. Con el descenso de seguidores católicos, la influencia de la Iglesia en los políticos europeos se halla también en peligro. La reciente batalla en el parlamento europeo con el devoto católico Rocco Buttiglione de por medio y el hecho de que el Tratado consititucional europeo no mencione a Dios fueron un duro aviso para la Iglesia acerca de su menguante influencia. Aquí, la Iglesia tiene varios métodos probados a su disposición. Puede influir a políticos individualmente, por ejemplo negándoles la Santa Comunión si votan a favor de la legislación liberal. Hasta existen varios grupos de presión para estas causas en Bruselas. Pero el más efectivo de todos ellos es el llamado "concordato", un acuerdo formal entre el Papa y el gobierno o la jefatura del Estado para la regulación de los asuntos eclesiásticos. En Alemania esos concordatos con los Estados locales asegura que las Iglesias católicas y luteranas reciban un ingreso anual estimado en 9.000 millones de euros a través de lo que se conoce como "impuesto de la Iglesia". Eslovaquia está dispuesta a firmar un tratado bilateral con la Santa Sede permitiendo a sus ciudadanos el "derecho a ejercer la objeción de conciencia" respecto a cualquier cosa que se estime fuera de la línea de los principios católicos, incluyendo el aborto y el acceso a la contracepción. Este tratado llegaría a ser entonces parte del derecho internacional, desautorizando el derecho nacional eslovaco y el de la UE.

Iglesias vacías

La Iglesia católica, por tanto, no carece de medios para contrarrestar su decreciente influencia. Más difícil de resolver es el tercer asunto que Benedicto XVI tendrá que encarar: el de las iglesias vacías. Muchos han sugerido que la disminución de la militancia activa de la Iglesia Católica en Europa se debe a sus políticas conservadoras.

Ciertos católicos en Europa no están de acuerdo con la Iglesia en asuntos como el aborto, la sexualidad, la eutanasia y el uso de condones para combatir el SIDA. Algunos incluso han tomado el camino drástico de dejar la iglesia oficialmente mediante la apostasía. Un discurso más liberal por su parte ha sido sugerido como vía para incrementar la militancia en Europa. Pero la elección del Cardenal Ratzinger parece ser una elección deliberada de los Cardenales católicos de Roma para no seguir esa vía. El nuevo Papa ha prometido no desviarse del conjunto de políticas y principios de la Iglesia de los 2000 años. En vez de cortejar a los liberales, el nuevo Papa ha puesto sus ojos en la nueva generación de jóvenes católicos en Europa. Atenderá el Día de la Juventud, un evento para jóvenes católicos, en Colonia en agosto y ya ha mencionado varias veces en sus discursos que la gente joven será el centro de su papado. Con jóvenes partidarios como Cosipa Gaspanic de Croacia, que reivindica que "la trasnochada y engañosa generación de la revolución sexual está muriendo y una nueva generación de jóvenes de Juan Pablo II se está apoderando del control", pareciera que ha elegido el objetivo correcto.

Pero ninguna Cruzada tiene lugar sin oposición. Liberales, humanistas y católicos disidentes están unidos para crear un "contador-revolución". Mantendrán que la Iglesia ha cambiado de posición primero, sobre la rectitud de la Tierra y la persecución de las brujas por ejemplo. Así que ¿porqué no puede hacer lo mismo con asuntos como las mujeres sacerdotes, la posibilidad de la fe coexistiendo con un Estado secular e incluso la elección por distinto método del papa? Muchos católicos, como los católicos de libre elección, creen que Dios y la Iglesia deberían permitir la libertad de cambiar sus mentes. El Cardenal Danneels de Bélgica ya ha comentado que no está satisfecho con la elección de Ratzinger como nuevo Papa. La disensión dentro de las jerarquías ha resultado siempre más fatale para cualquier Cruzada que la oposición. Pero por ahora, debajo del nuevo liderazgo de Benedicto XVI esta "nueva Cruzada" parece estar tomando su forma definitiva, con la juventud como devotos caballeros. Rumbo a Europa.