La odisea de las gafas: del "cuatro ojos" a las Google Glass

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2013

En 2014, Goo­gle lan­za­rá al mer­ca­do las Goo­gle Glass, unas len­ti­llas ultra li­ge­ras que nos per­mi­ti­rán na­ve­gar por In­ter­net “con la vista”. Quizás estas gafas revolucionen nues­tras vidas. O quizás no. Pero una cosa sí está clara: desde la Edad Media hasta el siglo XXI, las gafas no han pa­ra­do de cam­biar por na­tu­ra­le­za. A di­fe­ren­cia de quienes las llevan. 

¿Te­néis en mente el tó­pi­co ci­ne­ma­to­grá­fi­co del jóven per­de­dor que se cae al suelo por los gol­pes que le dan los lí­de­res de turno? Hay un ob­je­to, un ac­ce­so­rio, que re­pre­sen­ta muy bien el tris­te des­tino del no­va­to. No es por la ban­do­le­ra ni por los cal­ce­ti­nes des­co­lo­ri­dos que so­bre­sa­len de las Con­ver­se, sino por las gafas, ese ob­je­to que tra­s la caí­da se des­li­za por el ás­pe­ro as­fal­to antes de que el jefe de la pan­di­lla se apre­su­re a par­tir­las en dos.  

Poco sexy

Mo­ti­vo de mal­tra­to desde los pri­me­ros años de es­cue­la, las gafas han sido el sím­bo­lo del es­tu­dian­te sen­ta­do en pri­me­ra fila, fa­vo­ri­to de los pro­fesores ¿Cómo ol­vi­dar­se de los lla­ma­dos "cua­tro ojos", víc­ti­mas del gro­sor de los cris­ta­les que pa­re­cían du­pli­car sus pu­pi­las? ¿Y qué decir de las se­ño­ri­tas que se pre­sen­ta­ban en las fies­tas de fin de curso de punta en blan­co pero con unas gafas feas? Eran los 90, es­tá­ba­mos a las puer­tas de los 2000. En aque­lla época una cosa es­ta­ba clara: las gafas ten­drían siem­pre gra­ba­da a fuego la ima­gen de al­guien poco sexy. En cam­bio, tras el 2000 llegó la no­ve­dad "del siglo". En un abrir y ce­rrar de ojos el "des­pre­cia­do" ac­ce­so­rio es re­em­pla­za­do de una vez por todas por las len­tes de con­tac­to. La ten­den­cia se pro­pa­ga in­clu­so en las ge­ne­ra­cio­nes más jó­ve­nes y cada vez se ven menos gafas en la es­cue­la. Al­gu­nos van más allá y usan la en­de­mo­nia­da len­ti­lla desecha­ble para cam­biar el color de sus ojos, su­je­tos al ries­go de per­der la vista imi­tan­do a Lady Gaga.

la re­van­cha de los nerd 

No se sabe real­men­te si es por la cri­sis de iden­ti­dad o del "se es­ta­ba mejor cuan­do se es­ta­ba peor", pero des­pués de 2010 asis­ti­mos a un cam­bio ra­di­cal de ten­den­cia que po­dría com­pa­rar­se con el de la Res­tau­ra­ción de 1800. Las gafas pasan de ser el sím­bo­lo de los "flo­jos" al em­ble­ma de la moda ¿Quién lo hu­bie­se ima­gi­na­do? Desde en­ton­ces van co­gi­das del brazo del fe­nó­meno hips­ter. Para ello es ne­ce­sa­rio que la mon­tu­ra de estas no sea más pe­que­ña que el pilar que sos­tie­ne el salón de la casa de nues­tros abue­los. Los hay que se com­pran gafas fal­sas, aque­llos des­afor­tu­na­dos que no ne­ce­si­tan lle­var­las. Y tam­bién re­sis­ten, ro­da­vía, los que pre­fie­ren las len­ti­llas. Aun­que se ad­vier­te la ten­den­cia (cons­cien­te o no), por parte de ac­to­res y ar­tis­tas en ge­ne­ral, de apo­yar esta moda.

culo se cie­rra

EL CÍRCU­LO SE CIE­RRA

V.I.P a parte, no es ca­sual que la fi­gu­ra del pro­fe­sor to­da­vía se aso­cie ma­yo­ri­ta­ria­men­te al ac­ce­so­rio que re­cien­te­men­te se ha pues­to de moda. De hecho, las gafas nacen como un ob­je­to si­nó­ni­mo de "eru­di­ción", usado a fi­na­les de la Edad Media por aque­llos que di­fun­dían el saber a golpe de pluma es­ti­lo­grá­fi­ca.

La di­fu­sión de las gafas se lleva a cabo por medio de un re­la­to es­cri­to o na­rra­do por los mon­jes y co­mer­cian­tes de viaje por Ve­ne­cia, Pisa y Flo­ren­cia: una his­to­ria que hoy en día está al al­can­ce de un click gra­cias a Goo­gle. Y puede que el círcu­lo se esté ce­rran­do, por­que la em­pre­sa de Moun­tain View re­pre­sen­ta pre­ci­sa­men­te "el saber" del mundo con­tem­po­ráneo. El ob­je­to mis­te­rio­so se llama Goo­gle Glass, unas gafas di­gi­ta­les ultra li­ge­ras -sí, es la enési­ma in­ver­sión en ten­den­cia, apro­ba­da por los hips­ter- cuya sa­li­da al mer­ca­do está pre­vis­ta para 2014. Re­sul­ta­do de un pro­yec­to em­pe­za­do en 1998 en los la­bo­ra­to­rios del MIT de Bos­ton, las Goo­gle Glass nos per­mi­ti­rán na­ve­gar por in­ter­net sin manos, en­viar en di­rec­to todo lo que vea­mos y con­ver­tir las si­nap­sis de la Web en vez de ha­cer­lo nues­tros smartp­ho­nes. De una forma u otra, nos en­con­tra­mos en un punto de no re­torno y al mismo tiem­po en una ten­den­cia que será siem­pre la misma: ya nunca se­re­mos los "cua­tro ojos" de la clase, o esa jóven que busca a tien­tas sus mon­tu­ras en el suelo. Con las Goo­gle Glass, ya nunca se­re­mos, de nuevo e inexo­ra­ble­men­te, los des­gra­cia­dos de an­ta­ño.