La Odisea de los médicos en la frontera siria

Artículo publicado el 27 de Enero de 2014
Artículo publicado el 27 de Enero de 2014

En Siria los mé­di­cos es­ca­sean y ya no exis­ten los hos­pi­ta­les.  Según los cálcu­los de la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud hay más de 500.000 he­ri­dos en el país. Los pocos mé­di­cos que que­dan se en­fren­tan a los bom­bar­deos del go­bierno y a los se­cues­tros de los is­la­mis­tas. La lucha de los mé­di­cos en la fron­te­ra entre Tur­quía y Siria.

“Aquí la tie­rra es roja, como en Siria. En casa de­ci­mos que es por la san­gre de­rra­ma­da”, mur­mu­ra Ahmad mien­tras me se­ña­la los cam­pos ara­dos a los pies de las co­li­nas. Bajo el calor del sol de otoño, ro­dean la ca­rre­te­ra que nos di­ri­ge hacia la fron­te­ra entre Tur­quía y su país.

Antes in­clu­so de al­can­zar a ver el check point del go­bierno, ade­lan­ta­mos a una larga cola de ca­mio­nes con ma­trí­cu­la turca. Nin­guno va real­men­te a Siria. Se aden­tran unos pocos qui­ló­me­tros, des­car­gan las mer­can­cías y re­gre­san. Entre ca­mión y ca­mión, se ve un carro de com­ba­te, to­da­vía em­ba­la­do, en­ci­ma de un re­mol­que.  Al otro lado, en la cal­za­da, justo des­pués de cru­zar la adua­na turca, un cen­te­nar de per­so­nas van car­gan­do ma­le­tas, bol­sas de plás­ti­co y al­fom­bras. Todos se apre­su­ran a car­gar sus per­te­nen­cias en los taxis y en los co­ches de los ami­gos y fa­mi­lia­res que les es­pe­ran aquí en Tur­quía. Ahmad les pre­gun­ta adón­de pien­san ir. Al­gu­nos ha­blan de Sue­cia o Ale­ma­nia, pero la ma­yo­ría se que­da­rá de mo­men­to en Tur­quía. La pri­me­ra ciu­dad a la que lle­ga­rán es Rey­han­li, a pocos qui­ló­me­tros de dis­tan­cia: con 63.000 ha­bi­tan­tes antes del es­ta­lli­do del con­flic­to en Siria, hoy en día casi ha du­pli­ca­do su po­bla­ción de­bi­do al flujo cons­tan­te de si­rios que lle­gan a esta ciu­dad hu­yen­do del con­flic­to.

 

EL ÚL­TI­MO DE LOS MÉ­DI­COS

Aquí co­noz­co a Ahmad, mé­di­co de pa­to­lo­gías que llegó de Tur­quía hace al­gu­nos días. Es un hom­bre alto y cor­pu­len­to, lleva una ca­za­do­ra de­por­ti­va, gafas de sol y su Smartp­ho­ne suena cada 10 mi­nu­tos. Va y viene a su ciu­dad natal, Homs, donde el go­bierno de Assad sigue fuer­te e inex­pug­na­ble. “Mi casa fue bom­bar­dea­da, como tan­tas otras. Homs es el bas­tión de Assad y de los ala­wi­tas-chii­tas; de hecho, solo han des­trui­do las casas su­ni­tas”. Sin em­bar­go, Ahmad sigue ejer­cien­do de mé­di­co en Homs.  Su fa­mi­lia está a salvo en Tur­quía y él hace de en­la­ce entre su país en gue­rra y Rey­han­li, donde se apro­vi­sio­na de me­di­ca­men­tos.

Al­re­de­dor de 15.000 mé­di­cos hu­ye­ron de Siria cuan­do es­ta­lló el con­flic­to. Según la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud, el 55% de los hos­pi­ta­les han sido da­ña­dos o des­trui­dos, y el 52% de las am­bu­lan­cias ya no fun­cio­nan. “Homs tiene 400.000 ha­bi­tan­tes”, ex­pli­ca Ahmad; y con­ti­núa: “¿Sabes cuán­tos mé­di­cos hay ahora en la ciu­dad? Ca­tor­ce, y todos es­pe­cia­lis­tas en algo di­fe­ren­te. Al­gu­nos re­sul­tan poco úti­les cuan­do hay que asis­tir a víc­ti­mas de gue­rra, que son la ma­yo­ría.  Tuve que darle al­gu­nos con­se­jos prác­ti­cos a un car­pin­te­ro que en el úl­ti­mo mes prac­ti­có cinco par­tos con ce­sá­rea”. Cuan­do le pre­gun­to si se ha plan­tea­do mu­dar­se a Eu­ro­pa, me res­pon­de que sí. Ya se ha in­for­ma­do: le piden 30.000 euros por lle­var­les a él, a su mujer y a su hija a Sue­cia de forma clan­des­ti­na. “¿Por mar?”, le pre­gun­to. Ahd­mad me res­pon­de con una car­ca­ja­da es­pon­tá­nea, pero ner­vio­sa: “Dis­cul­pa, pero no estoy tan de­ses­pe­ra­do to­da­vía. Sé que hay mucha gente que in­ten­ta en­trar en Eu­ro­pa por el mar, pero hay otras rutas más se­gu­ras. Aun­que re­sul­ten más caras”.

TIE­RRA DE NADIE

40 qui­ló­me­tros más al oeste me en­cuen­tro con el per­so­nal de una im­por­tan­te ONG in­ter­na­cio­nal: son ita­lia­nos, fran­ce­ses y es­pa­ño­les en una mi­sión cerca de la ciu­dad siria de Idlib. Su cam­pa­men­to se llama Fe­lli­ni. Sin em­bar­go, hace 3 se­ma­nas que están blo­quea­dos en An­tio­quía, en Tur­quía. “Ma­ña­na por la ma­ña­na in­ten­ta­ré por enési­ma vez con­ven­cer al go­bierno turco de que nos deje en­trar en Siria”, me cuan­ta Loiq, res­pon­sa­ble de la mi­sión.  Des­pués de la ex­plo­sión de un coche bomba y del se­cues­tro de 6 miem­bros de la Cruz Roja en la pro­vin­cia de Idlib, ce­rra­ron la fron­te­ra a los eu­ro­peos. Mien­tras es­pe­ran la au­to­ri­za­ción del go­bierno turco, el equi­po tiene que con­ten­tar­se con coor­di­nar a sus co­la­bo­ra­do­res si­rios al otro lado de la fron­te­ra, por Skype. “Es pe­no­so, pero es la única ma­ne­ra que te­ne­mos de aten­der a los pa­cien­tes”, me cuen­ta Elisa, una psi­có­lo­ga ita­lia­na. De mo­men­to se que­dan en An­tio­quía donde, des­pro­vis­tos de sus batas, se con­fun­den con los tu­ris­tas.  Una obs­te­tra fran­ce­sa acaba de vol­ver des­pués de pasar al­gu­nos meses en To­lo­sa. Está in­quie­ta con la idea de atra­ve­sar la fron­te­ra de nuevo. La si­tua­ción ha cam­bia­do desde la úl­ti­ma vez. “Ahora el pro­ble­ma no es solo el go­bierno de Assad, sino tam­bién los re­bel­des ex­tre­mis­tas como el ISIS (Es­ta­do is­lá­mi­co de Irak y Le­van­te), ori­gi­na­rios de otros paí­ses mu­sul­ma­nes. Ellos lu­chan por la crea­ción de un Es­ta­do is­la­mis­ta, que no per­te­nez­ca ni a los Si­rios, ni a los re­bel­des del Ejér­ci­to Sirio Libre. Estos gru­pos de­tes­tan nues­tra ma­ne­ra de tra­ba­jar y eso nos com­pli­ca mucho las cosas. La ma­yo­ría de los si­rios se pre­gun­tan quié­nes somos y qué es lo que que­re­mos”.

El 16 de sep­tiem­bre de 2013, 55 mé­di­cos de va­rias par­tes del mundo pu­bli­ca­ron una carta abier­ta di­ri­gi­da al go­bierno sirio y a todas los gru­pos ar­ma­dos en­vuel­tos en el con­flic­to, pi­dien­do el cese de los ata­ques al per­so­nal mé­di­co  y a las ins­ta­la­cio­nes sa­ni­ta­rias en te­rri­to­rio sirio. En la carta, pu­bli­ca­da en The Lan­cet, los mé­di­cos de­fi­nen la si­tua­ción ac­tual como “una de las ur­gen­cias  hu­ma­ni­ta­rias in­ter­na­cio­na­les más gra­ves desde el fin de la Gue­rra Fría”.

Mien­tras en Eu­ro­pa se dis­cu­te sobre la fa­lli­da in­ter­ven­ción mi­li­tar de Oc­ci­den­te, Elisa me manda un e-mail desde An­tio­quía anun­cián­do­me el cie­rre de­fi­ni­ti­vo del cam­pa­men­to Fe­lli­ni. Esta es una doble de­rro­ta para los si­rios. Para los que com­ba­ten y los que no.

Este re­por­ta­je forma parte del dos­sier que Ca­fé­Ba­bel ha de­di­ca­do al con­flic­to de Siria