La oleada ProVida

Artículo publicado el 8 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 8 de Febrero de 2007
Las asociaciones en contra del aborto son un ‘lobby’ en muchos países y sus reivindicaciones se escuchan por toda Europa. Conservadurismo y valores tradicionales a la coctelera.

“No hay lugar para una sociedad comprometida con la dignidad de la persona si no protege la vida de los más indefensos, sea cual sea la edad o grado de desarrollo”. Son palabras de Benigno Blanco, vicepresidente y portavoz del Foro Español de la Familia, una confederación de más de 5.000 asociaciones, y dejan clara la filosofía del movimiento antiabortista ProVida. El movimiento tiene sus orígenes en los EE UU, cuando en 1973, el Tribunal Superior incluyó el aborto dentro de los derechos constitucionales. Desde entonces, muchas organizaciones empezaron a defender a ultranza el respeto a la vida desde el momento de la concepción. “El movimiento ProVida cuenta con el apoyo de la Iglesia católica y fundaciones norteamericanas. Con dinero es fácil movilizar a la gente”, explica Rebecca Gomperts, la doctora fundadora de la organización holandesa a favor del aborto y Women on Waves.

A pesar de que muchas de estas asociaciones se declaran aconfesionales, promulgan argumentos similares a muchas religiones por lo que respecta a la defensa de la vida del ser humano. “El respeto a la vida es un valor universal compartido por todas las personas que buscan el bien común, no sólo un valor exclusivo de las religiones. Nuestro colectivo se encuentra de acuerdo con todas las posiciones defendidas por la mayoría de las religiones, en particular de la Iglesia católica y los protestantes evangélicos”, explica Paul Ginoux Defermon, del colectivo ProVida francés 30 ans ça suffit, que engloba a diez asociaciones y unos 100.000 socios.

Divergencia de opiniones

La situación europea en relación con el aborto depende de la legislación de cada país. Para las asociaciones ProVida no es fundamental una legislación común europea en materia de aborto. “Es necesario que cada país tenga una política rígida de prohibición del aborto junto con una justa política de acogida de la vida”, explica Ginoux Defermon. Para Rebecca Gomperts, tampoco es necesario estandardizar una misma ley en la Unión Europea, pero considera que “todos los países de la Unión, de alguna manera, tendrían que legalizar el aborto”.

Polonia y Portugal: leyes restrictivas

Durante la época comunista, en Polonia el aborto era “libre y gratuito”. El 1993, después de la presión de las asociaciones ProVida, se añade una enmienda en la legislación polaca que restringe la ley. El presidente de la Federación Polaca del Movimiento ProVida, Pawel Wosicki, no se sorprende del crecimiento de este movimiento en Polonia a partir de la aprobación de la nueva ley. “El Centro de Investigación de la Opinión Pública (CBOS), uno de los centros de investigación más importantes en Polonia, revela que la aceptación del aborto ha bajado en este periodo de tiempo: en 1997, el 65% de los polacos se declaraba favorable al derecho a abortar, mientras en 2006 sólo lo hacía el 44%.

En Portugal, el 11 de febrero se celebra un referéndum sobre el aborto. “Esperamos que los electores portugueses serán lo bastante lúcidos como para no cometer el mismo error funesto que los parlamentarios franceses de 1974 al despenalizar el aborto”, declara Ginoux Defermon, y añade: “En Francia, desde 1975, el número de abortos ha pasado de alrededor de 60.000 a 220.000 de media al año”. Por otro lado, el presidente de la Federación polaca opina: “Los referendos sobre el derecho a vivir son un malentendido. El derecho fundamental a vivir no se puede someter a votación ni al pensamiento de la mayoría”.

Endurecer las leyes, pero, no es quizás la manera de terminar con el aumento de embarazos no deseados. “Por desgracia, hay médicos que violan la ley y practican abortos, poniendo en peligro la vida no sólo del hijo concebido, sino también la de su madre”, explica Pawel Wosicki, y añade: “El turismo abortivo es triste y se debe a las clínicas mediáticas abortivas que sólo se preocupan de su propio beneficio”.

Madre o embrión

“El derecho a vivir de la madre tiene preferencia sobre el derecho a vivir del embrión”, explica la fundadora de Women on waves. Pera ella, lo más importante es la salud de la madre. “¿Por que obligar a una mujer a tener un hijo si no lo puede tener?”, se pregunta. El presidente de Foro Español de la Familia, en cambio, no piensa lo mismo: “No tiene nada que ver la cuestión del aborto con un eventual derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, sino que se trata de la cuestión de si la mujer tiene derecho a disponer del cuerpo de su hijo hasta el punto de terminar con su vida”.

Gloria, de 40 años, abortó en 1991. “Abortar no es un placer, es una decisión. Una decisión que cada mujer asume por las razones que sean. Quizás, el movimiento ProVida tendría que dejar de jugar con la culpabilidad de las mujeres e invertir parte de sus esfuerzos en una buena educación sexual o proporcionar facilidades para que las mujeres puedan salir adelante con sus hijos. Quizás así, las cosas cambiarían”.

WOMEN ON WAVES: ¿SALVAVIDAS O CRUZADA MEDIÁTICA?

La interrupción voluntaria del embarazo es la operación más practicada en el mundo después de la de cataratas. Una realidad que denuncia la muy mediática ONG holandesa Women On Waves.

¿Qué hace Women On Waves?

En Portugal, tienen lugar cada año alrededor de 20.000 abortos, de los cuales 5.000 acaban mal. A bordo de su barco, el Borndiep, el equipo médico de Women On Waves puede practicar, en las aguas territoriales de los países que prohíben la interrupción voluntaria, abortos en las 6 primeras semanas de embarazo y distribuir píldoras abortivas sin que las mujeres corran el riesgo de verse perseguidas por la justicia. Su misión principal pretende sensibilizar acerca del problema, proponiendo sobre todo manuales online sobre “auto-aborto.”

¿Quién tuvo la iniciativa de esta mediática ONG?

En el origen de esta iniciativa se encuentra Rebecca Gomperts, de 41 años, una antigua doctora del Rainbow Warrior de Greenpeace. Tras un viaje por Méjico, donde tomó conciencia del desamparo de las mujeres obligadas a abortar de modo ilegal, decidió montar sola este proyecto en su estudio de Ámsterdam en 1999. En 2005, declaraba a Alternet: “Yo veía a esas mujeres tan necesitadas y tan vulnerables que primero imaginé que un barco que se encargara de 20 ó 30 mujeres al día sería un verdadero servicio a la sociedad. Hoy, ya no se trata de ser la portavoz de esa causa y sigue siendo difícil encontrar financiación.”

¿Ruido mediático o fuerza política real?

Los resultados de las campañas realizadas son moderados: en Irlanda, en 2001, ningún aborto pudo ser practicado a causa de una falta de garantía jurídica. En Polonia, la presencia del barco provocó una conmoción en las asociaciones feministas que propusieron una ley, posteriormente rechazada por el Sejm (el parlamento polaco). En 2004, la iniciativa de la ONG se topó con la oposición de las autoridades militares portuguesas. Pero la estrategia del impacto mediático, heredada de su hermana mayor, Greenpeace, se ha beneficiado de una impresionante difusión en los medios: más de 20 horas de cobertura en la tele y alrededor de 700 artículos, tanto en Portugal como en la prensa internacional.

Silvia Filipe

Traducción: María Teresa Tomás Rangil