La opinión de Luxemburgo sobre su pequeño paraíso

Artículo publicado el 22 de Abril de 2008
Artículo publicado el 22 de Abril de 2008
Antecedentes sobre el paraíso fiscal que hace frontera con Bélgica, Francia y Alemania

“Todas esas compañías que quieren ahorrarse dinero son la causa de que Luxemburgo tenga una mala reputación como paraíso fiscal en Europa”, dice un luxemburgués de unos 50 años que espera en una estación de autobús. “No estamos muy lejos de un segundo escándalo como el de Liechtenstein” añade un transeúnte, mientras que en la calle, otra luxemburguesa llamada Lisa cuenta que al ciudadano medio no se preocupa en realidad por estos asuntos, siempre y cuando el Estado esté obteniendo suficientes ingresos.

Los ciudadanos de Luxemburgo son conscientes de que su economía ha prosperado debido a la atracción que ejerce su industria financiera, indiscutible líder en el mercado europeo, en los inversores mundiales. Sin embargo, la actitud del gobierno es completamente diferente. “No nos consideramos un paraíso fiscal,” dijo en febrero el portavoz del primer ministro.

Viejo Gran Ducado

Situado en el corazón de Europa, Luxemburgo, conocido como el Gran Ducado, fue uno de los miembros fundadores de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) y es uno de los países más ricos de la UE. Su prosperidad proviene en parte de su estatus, que lo convierte en el centro de fondos de inversión número uno en Europa y en el centro neurálgico de la distribución global de fondos. Pero, ¿cómo es la vida en el paraíso tras la investigación alemana sobre evasión de impuestos en el vecino Liechtenstein en febrero del 2008?

Junto con Bélgica y Austria, Luxemburgo se mantiene como una excepción debido a que sus leyes prohíben revelar información bancaria al mundo exterior, excepto por razones criminales. En el Financial Times del 19 de febrero, José Ángel Gurría, el director de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), consideró que los secretos bancarios son una “reliquia de un tiempo distinto”. Durante la cumbre de Reuters sobre fondos, un mes más tarde, Yves Mersch, el gobernador del Banco Central del Gran Ducado lo describió como “una parte de nuestro consenso social”. “La confidencialidad en un pequeño país es muy importante para el mantenimiento de un gobierno democrático. En países más grandes se pueden hacer inspecciones y balances a través de la multiplicación de instituciones que se controlan unas a otras”. En la misma reunión, el ministro de la Tesorería, Luc Frieden, añadió que el sistema de retención de impuestos funcionaba bien. “Transferimos una impresionante cantidad de impuestos a los otros Estados miembro de la Unión Europea. No deberíamos cambiar otra vez cosas que funcionan bien”, apostilló.

¿Juego limpio o almacén de dinero negro?

Algunas personas ven a Luxemburgo como un almacén de dinero negro. Utilizan la confidencialidad bancaria como un escudo contra las autoridades europeas que buscan controlar qué está ocurriendo dentro de sus fronteras. “Debe hacerse una clara distinción entre la evasión fiscal y el blanqueo de dinero,” explica un abogado afincado en Luxemburgo. “Es una cuestión de perspectiva. La lucha contra el blanqueo de dinero, cuyos orígenes se encuentran en el contrabando de armas, tráfico de drogas, etc; es algo distinto a la evasión fiscal. Hacer esto en Luxemburgo, o no informar sobre ingresos por trabajo, no se considera una tentativa criminal como ocurre en otros países. Los fondos en Luxemburgo están autorizados y supervisados por un regulador financiero, la Comisión de Vigilancia del Sector Financiero (CSSF). Si algún banco o profesional tiene la mínima sospecha sobre una transacción, están obligados a informar sin dilación a las autoridades competentes”.

¿Podría el país arriesgarse a otro escándalo como el que ocurrió con el Banco Internacional de Bahréin, que transmitió fondos a través de las cuentas privadas de Clearstream, la división de cambio de dinero del Deutsche Börse? En su momento se consideró como el mayor escándalo financiero de Luxemburgo. “El Gobierno de Luxemburgo no ve ninguna necesidad y por tanto no sugerirá ninguna propuesta nueva para cambiar las normas de confidencialidad bancarias, que han demostrado ser útiles para mantener un correcto sistema de trabajo en Europa,” declaró Luc Frieden durante la cumbre de Reuters.

Parece que cada acción tiene una respuesta. La competencia no se duerme y otros países europeos han reaccionado, y reaccionarán en el futuro, contra países que estén facilitando los servicios que ofrece un paraíso fiscal mejorando su propio régimen fiscal. Gran Bretaña y Francia han actuado de inmediato ofreciendo beneficios fiscales para los ahorradores a largo plazo que mantengan su dinero en casa.

Incluso en el paraíso no hay garantía para nada.