La otra Barcelona: Bloques y cuestas más allá de Gaudí

Artículo publicado el 28 de Marzo de 2011
Artículo publicado el 28 de Marzo de 2011
La ciudad condal, aquella que fue cuna del movimiento arquitectónico más colorido, donde se alzan las torres de la inacabada Sagrada Familia y el Parc Güell, nos muestra la cara con la que el ayuntamiento de Barcelona ha convencido a turistas y residentes. Pero ¿de qué ciudad hablan? Presentamos un recorrido por los bloques de cemento, las gentes y los suburbios de la otra Barcelona.

Ciutat Meridiana es el primer barrio que saluda a los visitantes que llegan a la ciudad por autopista. Perteneciente al distrito de Nou Barris se encuentra, literalmente, encajonado en las faldas de la sierra de Collserola. Es el mayor ejemplo arquitectónico del desarrollismo franquista: cantidad sin calidad. Muchos pisos, unos encima de los otros, sin orden ni lógica. Así nació la ciudad satélite, como solían llamarla los arquitectos del régimen. 

No hay suburbio sin estigma

El 40% de los habitantes de Ciutat Meridiana son inmigrantesLo que en principio iba a ser el nuevo cementerio de la ciudad acabó siendo un barrio que acogió a la inmigración sureña de los años 60. Manolo Martínez vive en el barrio desde que llegó de Córdoba: “Vinimos a finales de los sesenta. Casi todos los vecinos llegamos a la vez, y nos instalamos donde pudimos”. Durante sus primeros años de vida, el barrio se llenó de jóvenes que llegaban buscando un futuro mejor. Igual que los jóvenes de la llamada segunda ola de inmigración que llega de América Latina o del norte de África. Del total de la población de Ciutat Meridiana (11.121), los ciudadanos inmigrantes representan el 40% (4.467). Muchos han abierto pequeños comercios y llenan las calles con fruterías, peluquerías o pequeños ultramarinos.

Desde lo alto del Tibidabo la visión es muy diferente a la que se tiene paseando entre las calles de Ciutat Meridiana. Una de las zonas más exclusivas de Barcelona se encuentra, curiosamente, situada a las faldas de Collserola. Pero aquí no hay caos ni edificios de 17 plantas. Desde el otro gueto de Barcelona, Pedralbes, debe de costar no estigmatizar a los ciudadanos del otro lado. Seguramente jamás han paseado entre sus calles con pendientes de hasta un 15%, ni se han sentado en la plaza Roja (llamada así por las acciones sindicales de los años del franquismo tardío), pero la imagen de Ciutat Meridana les aparece clara: drogas y violencia. O eso es lo que han oído. Se rumorea, incluso, que es la ciudad sin ley y que la policía no se atreve a entrar en el barrio.

Qué fue primero, ¿el gueto o la gallina?

Como el barrio es un gueto, no hay servicios de conexión con el resto de la ciudad. O, tal vez, el barrio se convirtió en un gueto porque no hay servicios de conexión. Juan Castillo, vecino desde hace 40 años, cogía el bus cada mañana: “Si perdías el bus de las cinco de la mañana tenías que andar hasta Sant Andreu. Ése era el único bus del barrio”. Durante los últimos 10 años la zona ha experimentado un cambio importante, contando, actualmente, con dos estaciones de la L11 del Metro de Barcelona.

La Real Academia Española define gueto como “barrio o suburbio en que viven personas marginadas por el resto de la sociedad”. Muchos vecinos coinciden en la opinión de que el barrio está olvidado. La poca inversión pública o el interés por mantener esta zona aislada del resto del municipio generan descontento. Victoria Lindao regenta una peluquería y se queja del poco interés por renovar el barrio: “Se han olvidado de nosotros. Los ascensores que hay para no tener que subir todas las escaleras se estropean cada dos por tres y tardan semanas en repararlos”.

Antes, la única forma de llegar al centro era coger un bus a las cinco de la mañana...Las zonas más pobres de las ciudades son aquellas en las que hay más tensión social y donde se viven situaciones de inseguridad de manera más frecuente. Carmen López, dependienta de una panadería, asegura que hay pequeños robos y disturbios entre los diferentes grupos del barrio. “Antes se notaba más el tráfico de drogas. Estoy segura que el negocio no ha desaparecido, pero no es tan explícito como años atrás”. Carmen nota mejoras en la vigilancia, pero añade que la criminalidad ha aumentado en los últimos años debido, tal vez, a la crisis. Para mitigar esta situación el ayuntamiento de Barcelona comenzó aplicar en 2008 un plan trienal para consolidar las redes de apoyo al inmigrante y promover su integración lingüística a través de cursos de catalán.

Norte y sur: la periferia de la periferia.

“Se han olvidado de nosotros. Los ascensores se estropean cada dos por tres y tardan semanas en repararlos”, asegura una vecina.

Ciutat Meridiana está dividida por la autopista de entrada a la ciudad de Barcelona. Por encima de ella están los bloques del barrio y por debajo se divisan algunos edificios y barracas. Al descender por un lado hay un cambio de paisaje radical: a Vallbona se llega por un camino de tierra. A ambos lados de la calle hay matojos y arbustos descuidados donde se esconden gallos y gallinas. El centro está constituido por dos edificios de obra nueva, varios negocios cerrados y dos bares que monopolizan el lugar. Pero si se camina un poco más, se descubre una hilera de barracas situadas bajo la autopista. Cartones, uralita, y paredes de aluminio configuran un paisaje demasiado lleno de realidad: la otra cara de mi ciudad.

El viento, la lluvia y las riadas han destrozado en varias ocasiones las viviendas de un centenar de personas. Sin calefacción, agua caliente o luz vigilan la entrada de Barcelona, dando la bienvenida a todos aquellos que jamás les verán. Y es que en el escaparate de Gaudí no hay lugar para aquellos que viven al margen de la sociedad. Para los que alguien se atrevió a definir como ciudadanos satélite.

Fotos: Portada: (cc) Victoria Gracia; El Born: lefthandrotation; parada de metro: orionomada/todas cortesía de Flickr.