La otra cara de la moneda

Artículo publicado el 18 de Abril de 2007
Artículo publicado el 18 de Abril de 2007

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Siglo VI antes de Cristo, Asia Menor. Un ingenioso mercader griego se despierta de un bote porque acaba de tener una idea extraordinaria. Adiós a las pepitas de oro y al ganado; ¿por qué no hacer su vida más fácil con un nuevo instrumento de cambio? Combina las palabras estima ( - nomizo) y ley ( - nomos) para crear (nomisma), o "moneda" como nosotros lo conocemos.

Después de unos cuantos experimentos con piezas de metal, se consigue crear la primera moneda de canto duro en Lydia, la actual Turquía. Cuatrocientos años más tarde, la moneda se extiende por toda el continente hasta Roma. Allá en el Templo de Juno (la equivalente romana de la diosa Hera, esposa de Zeus), en la cima del monte Capitolino, nomisma se convierte en denario (plural denarii). El epíteto de Juno, Moneta, se grava en la cara de las monedas. Mil años después, la derivación inglesa, money, es conocida en todos los rincones de civilización del planeta, seguida de cerca de la moneda española.

Las lenguas latinas actuales conservan viva la memoria del denario romano con el dinero español, el diners catalán y el denaro (italiano). Los alemanes tomaron prestada la palabra Geld del inglés arcaico. Sueno como gold (oro) en inglés moderno, pero no tiene relación con el metal precioso. Los franceses y los griegos, sin embargo, prefieren hablar de su dinero en términos de un metal un poco menos valioso, con argent o argyros (plata). Para los que viven en la parte este de Europa, sólo quedó la calderilla, y así, tenemos el peníze checo, el pienidz polaco y el pénz húngaro, que probablemente equivale al pence inglés (penique), que era de cobre.