La otra cara de la paz

Artículo publicado el 5 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 5 de Abril de 2004

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A un año del final de la “guerra”, desde Chechenia a Taiwán podemos ver lo que para una determinada Europa significa la palabra “paz”.

Hace poco más de un año del ataque a Sadam Hussein y la mayoría de los iraquíes, según un estudio del Oxford Research International publicado hace unos días por The Economist, afirma que está mejor que «cuando se estaba peor», mientras que el 70% de éstos está convencido de que las cosas no pueden sino ir a mejor en el curso del próximo año. Entre los "no iraquíes", la última minoría que no han percibido aún el final de la dictadura y, por tanto, sus efectos positivos, está formada por las Casandras bienpensantes habituales: una pequeña tribu en vía de extinción repartida por varias metrópolis europeas que se mantiene en una abierta actitud de propaganda bélica, cuando incluso el iraquí medio siguiendo su sentido común comprende que lo peor ya ha pasado, que la guerra ha terminado.

Estabilidad de los cementerios

Sin embargo, la guerra continúa para la Europa de Chirac, una Europa que con tal de hacer cumplir la fácil profecía del mundo multipolar está dispuesta a cualquier tipo de servilismo, en lo que concierne a cualquier tipo de poder “alternativo” al de los “rivales” y aliados de siempre del otro lado del Atlántico.

Esta Europa de Chirac y la tribu de las Casandras bienpensantes han animado y siguen animando a los europeos desde hace ya meses, convenciéndoles para que se rasguen las vestiduras y para que se vistieran con banderas del arco-iris de dudoso gusto en nombre de "otro mundo es posible”, en nombre de la “legalidad internacional”, de la “diversidad” europea, del “relativismo cultural”, de las “innobles mentiras”, del imperio, de la “estabilidad” de lo que de un modo inadecuado se ha empezado a llamar “Paz”.

Sin embargo, de un año a esta parte, ¿en qué se ha concretado la acción política de la Europa de la "Paz"? ¿Qué alternativa al tan detestado “cambio de régimen” de los malditos neoconservadores está construyendo esta Europa?

Grandeur china y cinismo à la française

Quizás el icono de la “Paz” europea sea Chechenia, donde la partnership estratégica acordada con el zar Putin impide a los europeos tomar cualquier tipo de posición concreta. Si "paz" quiere decir silencio, entonces silencio es lo que ha habido ante el secuestro de 17 familiares del ministro de sanidad checheno en el exilio, Umar Khanbiev, y también sobre la enorme dificultad que encuentran los exiliados chechenios para ejercer su derecho a la libre circulación. Silencio total sobre el pequeño rincón de Europa sobre el que, por una vez, Chirac parece pensar al estilo Bush.

Sin embargo, esta “paz” no quiere decir únicamente “inercia”. Los europeos a veces también muestran las garras. En uno de los momentos de máxima tensión durante los acuerdos entre la dictadura china y la pequeña república de Taiwán, a la espera de unas tensísimas elecciones presidenciales y de un referéndum y mientras un atentado ponía en peligro la propia vida del presidente saliente de Taipei, París ha aprovechado la magnífica ocasión para lanzar su primer ejercicio naval conjuntamente con la flota de Pequín. Entre el salvaje comunismo chino y la precaria pero vital democracia de Taiwán, la elección no podría ser más explícita. E inoportuna.

"Diversidad cultural” según Bruselas

Y en lo que respecta al soft power, mientras los Estados Unidos lanzaban la publicación en lengua árabe "Al Hurra", la comisaria europea de cultura, Viviane Reding, durante el transcurso de una sesión del Parlamento Europeo, ha calificado los elogios de China como un modelo de “diversidad cultural”. De hecho, es bien sabido que desde hace años el imperio de la autoridad china en este campo eliminará para siempre el problema de la “diversidad cultural” de los altiplanos del Tíbet, del Este-Turkistán y de un país entero en el que una censura siempre más que feroz priva a cientos de millones de mentes de una nutrición creativa mediante verdades. Todos se echaban a la calle en nombre de una Europa que se negaba a hacer ciertas guerras. Sin embargo, esa misma Europa continúa financiando a los dictadores de todo el mundo sin activar las cláusulas democráticas, esa misma Europa acoge esos mismos amigos tiranos como emperadores. Se trata de la Europa incapaz de sostener los movimientos democráticos que pueblan la otra orilla del Mediterráneo más allá del fundamentalismo. Se trata de la Europa que, si pudiera, abastecería los arsenales de los peores regímenes si pudiera y que todos los meses somete a votación el levantamiento del embargo sobre las armas en China.

A esta Europa, tan desenvuelta a la hora de predicar la "paz", el multilateralismo y la "legalidad internacional", como si fuera una Organización Mundial de la Democracia, sólo se le puede asignar el triste premio especial al cinismo. Lo reconocerían también las plazas pacifistas si la tribu de las Casandras desembuchasen y dijera un poco la verdad, sin complejos, un poco toda la verdad.