La PAC siembra la cizaña

Artículo publicado el 13 de Junio de 2005
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Artículo publicado el 13 de Junio de 2005

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Aunque las perspectivas financieras para 2007-2013 centran la atención de todos, no es posible obviar la Política Agrícola Común que engulle casi la mitad del presupuesto comunitario y que sazona las tensiones entre Estados miembro.

Tras los Noes francés y holandés en sendos referendos sobre el Tratado constitucional en mayo, un acuerdo sobre el presupuesto para el sexenio 2007-2013 “demostraría que Europa no ha perdido el rumbo”. En estos términos se expresó el Presidente semestral de la Unión, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, de cara al Consejo europeo del 16 y 17 de junio próximos. No obstante, tal acuerdo parece difícil si no imposible de alcanzar, sobre todo por lo que concierne la Política Agrícola Común (PAC). Los Noes a la Constitución, la perspectiva de elecciones anticipadas en Alemania que limita el margen de maniobra de Gerhard Schröder y la actitud inflexible del Reino Unido en defensa de su ”cheque británico” acordado en 1984, corren el riesgo de crispar a diferentes niveles las negociaciones. Más aún cuando son los gastos y no los ingresos los que alimentan la controversia entre los 25.

Crispación sobre el gasto

El probable mantenimiento en el 45% del presupuesto comunitario dedicado a la PAC sigue alimentando una controversia que dura ya varias décadas. Además, se ha reforzado la disputa con las ampliaciones: la entrada de pequeños países ricos con tradición intervencionista y proteccionista en este sector (Austria, Finlandia y Suecia) y la adhesión de los 10 nuevos miembros, entre los cuales muchos tienen una alta producción agrícola, ha confortado al clan de los países que exigían el mantenimiento o incluso el refuerzo del presupuesto consagrado a la PAC.

La cuestión clama tanto más cuanto que nadie es capaz de asegurar que la Política Agrícola Común alcance sus objetivos. Muchos se preguntan si los éxitos obtenidos merecían el esfuerzo. De este modo, estudios como el de National Consumer , han desatado la polémica al calcular que la PAC costaba en 1996 el equivalente a 30 euros por familia y por semana.

Aun así, las nuevas orientaciones de esta política explican porqué muchos Estados miembro quieren seguir atribuyéndole una parte considerable del presupuesto: la nueva PAC en vigor desde el 1 de enero de 2005 tiene por objetivos, entre otros, el modificar considerablemente de los explotadores agrícolas y ganaderos en materia medioambiental. Como medio para castigar económicamente a la agricultura intensiva, las ayudas acordadas por la Comisión europea se ven, en efecto, condicionadas por el respeto a la normativa sobre contaminación del suelo y del agua. Semejante transición desde un sistema basado en la producción hacia otro que favorezca el medioambiente y el desarrollo de una economía rural duradera requiere de fondos importantes para llegar a buen puerto.

Tensiones por el cheque británico

En relación con los ingresos, la batalla se concentra sobre el cheque acordado a Margaret Thatcher en 1984 con motivo de la delicada situación en la que se encontraba entonces el Reino Unido y del poco partido que sacaban los ingleses de la PAC. Jack Straw, el ministro británico de asuntos exteriores, amenaza con el veto si se suprime este privilegio que, según él, sigue estando justificado. La mayor parte de los miembros y de la Comisión piensa, en cambio, que este cheque británico debe ser suprimido de una vez por todas, pues la economía británica es hoy una de las más prósperas del continente. De todos modos, parece que los británicos estarían dispuestos a un “arreglo”. La propuesta de Jean-Claude Juncker de congelar el cheque al nivel en que estaba antes de la ampliación de 2004, e ir reduciéndolo de manera progresiva entre 2007 y 2013, podría permitir a los Estados satisfacer un acuerdo sobre este punto.