La palabra “musulmán” implica Fe e identidad

Artículo publicado el 16 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 16 de Diciembre de 2004

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Jytte Klaussen ha llevado a cabo durante dos años un estudio sobre la elite política musulmana en Europa. En esta entrevista con Café Babel nos cuenta sus conclusiones.

¿Se corresponde el término “musulmán” con la manera en que vemos a la gente con la que usted ha tratado, o con el modo en el que ellos se ven a si mismos?

Yo utilizo el término “musulmán” al igual que en EE UU utilizamos el de judío: nos referimos tanto a la fe como a la identidad. Cuatro de cada cinco personas en mi estudio creen que para ellos el Islam es muy importante o relativamente importante. Incluso los que creían que el Islam no lo era, lo aceptaron como la etiqueta de descripción de lo que son. Un parlamentario me dijo: “No solía pensar mucho sobre mi religión pero ahora que todo el mundo habla de ‘los musulmanes’ tengo ganas de levantarme y decir ‘yo también soy uno de ellos’”.

La racialización de la palabra “musulmán” en debates públicos actúa como vínculo entre los musulmanes europeos de cualquier creencia y origen.

Incluso Ayaan Hirsi Ali, que escribió la controvertida película de diez minutos de duración,"Submission" junto con el asesinado productor de cine Theo Van Gogh, se llama así misma “exmusulmana, musulmana”.

¿Qué opinan los líderes musulmanes acerca de la situación de los musulmanes en sociedades europeas? ¿Fue el 11 de Septiembre un punto de inflexión?

La mayoría de los líderes con los que hablé consideran que los musulmanes son víctimas de la incomprensión y de la discriminación. Y, sí, los líderes públicos más integrados piensan igual. El 11 de Septiembre aceleró un proceso que ya estaba en camino: antes del 11 de Septiembre, Pim Fortuyn había dicho que los musulmanes eran una amenaza para la identidad holandesa, así que ese hecho hizo legítimo el argumentar que existe un abismo entre cristianos y musulmanes. Sin embargo, muchos musulmanes citaron acontecimientos en países europeos como momentos de tránsito de una discusión legítima acerca de los problemas de integración a una fase de histeria. En Suecia, fue el “honorable asesinato” de una joven musulmana a manos de su padre lo que hizo que los suecos vieran a las mujeres musulmanas como víctimas del Islam y a los velos como la muestra principal de la opresión. En el Reino Unido, fue el acontecimiento Rushdie en 1989 el que hizo que los británicos consideraran a todos los musulmanes antidemócratas. Muchos musulmanes británicos dicen hoy que las protestas anti-Rushdie y las hogueras de libros fueron un “gran error” y una lección que ya aprendieron. “La libertad de expresión es buena”, me dijo un importante Imán británico, “nos protege de los que nos odian”.

Entre los países de tu estudio, ¿observaste grandes diferencias en la percepción de la discriminación entre los participantes?

Basándome en las preguntas usadas para evaluar el descontento entre los líderes durante mi estudio, he de decir que donde mejor están las cosas es en Suecia y Gran Bretaña y donde peor en Holanda, Dinamarca y Alemania. Todavía no tengo conclusiones para Francia pero, según mis entrevistas, falta integración elitista en importantes aspectos de la situación francesa. En Septiembre, dos mujeres musulmanas fueron elegidas para el Senado, pero son las primeras que llegan tan lejos. Si consideras que en Francia hay entre cuatro y cinco millones de musulmanes y que muchos de ellos tienen la ciudadanía (no sé cuantos exactamente) el hecho es significativo. Esto se debe a que los partidos políticos no están dispuestos a presentar a musulmanes a las elecciones a no ser que desaprueben el Islam.

¿Qué relación existe entre “los musulmanes de elite” y los otros musulmanes que residen en sociedades europeas?

Los musulmanes parlamentarios y consejeros no son elegidos por musulmanes. Son elegidos por votantes que en su mayoría no son musulmanes. Y no consideran que su principal tarea sea la de representar a los musulmanes. Dicho esto, los partidos políticos han comenzado a proponer musulmanes y a otros inmigrantes en distritos con mayoría de votantes inmigrantes. Una de las mayores dificultades es la falta de integración y la discriminación de musulmanes. Esto se ha convertido en el “tercer cable” de las políticas europeas: si tocas el tema, ya no hay nada que hacer (para aquellos que no estén familiarizados con el sistema ferroviario, el tercer cable es aquel de alto voltaje que da fuerza a los trenes). La integración de los musulmanes es uno de los debates que necesita nuevas ideas y un liderazgo político. Los líderes musulmanes integrados en partidos políticos y en instituciones son buenos candidatos para llevar ese liderazgo, aunque lo hagan corriendo un gran riesgo político.

Los jóvenes musulmanes nacidos en Europa deberían, teóricamente, estar mejor preparados para dedicarse a la política que sus padres.

¿Cómo están estos jóvenes representados en la elite musulmana?

Una de las principales sorpresas que me llevé durante mi estudio es que tres cuartas partes de los políticos musulmanes de hoy en día son la primera generación de inmigrantes. Y, aunque damos por hecho que estos líderes son el producto de un estado de riqueza y de educación pública, la realidad no es así. La mayoría de estos líderes estaban ya políticamente activos antes de venir a Europa; muchos de ellos son refugiados políticos que han estado encarcelados o bien han sido forzados a abandonar sus países debido a sus compromisos políticos. Muchos llegaron como jóvenes adultos habiendo recibido la educación secundaria en sus países de origen. Es gente que proviene de familias de clase media y con compromisos políticos que reflejan su experiencia.

¿Qué le pide la elite musulmana a los gobiernos y sociedades europeos?

Los debates más importantes son el de la integración del Islam en Europa y el de la discriminación religiosa. Los líderes musulmanes quieren construir instituciones de fe en Europa y educar a Imanes en las facultades teológicas de las universidades (tal y como hacen miembros del clero cristiano), así pueden contratar a Imanes que hablen holandés, danés o alemán. También quieren construir mezquitas y crear cementerios para que los familiares difuntos puedan ser enterrados cerca de sus seres queridos en vez de ser trasladados a sus países de origen, donde cada vez menos lazos familiares tiene.