LA PEQUEÑA NAPOLITANA

Artículo publicado el 9 de Junio de 2016
Artículo publicado el 9 de Junio de 2016

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Soy una napolitana que ha venido a la encantadora ciudad de Bruselas, capital de la Unión Europea, para hacer prácticas en el Parlamento Europeo. Será mi primera experiencia de este tipo y estoy segura de que habrá emociones fuertes.

LOS “SANTOS”

Mientras continúo descubriendo la capital belga y sus maravillas, me encuentro con lo que podríamos llamar el San Genaro de Bruselas. Sí, porque también tienen a alguien que “venerar”, pero no es exactamente un santo.

Es el Manneken Pis, literalmente en neerlandés “el niño que mea”.

Esta estatuilla de bronce de 61 cm viene a ser el equivalente belga de nuestro querido San Genaro en Nápoles.

La pequeña diferencia es que mientras que nosotros “adoramos” la sangre, ¡ellos "adoran" el... pis!

Me parece realmente fascinante ver a la mutitud de turistas arremolinándose para hacer una foto a la estatuilla, que desde luego es simpática y divertida, pero no creo que digna de tal adoración. Todos intentan poder hacerse un selfi (entre los que me incluyo para “no desentonar), como si fuese La Mona Lisa (con la que obviamente tengo un selfi). Thug life!.

En todas partes de la ciudad encontramos referencias al travieso niño que sin pudor alguno orina en la calle, tantas como para ser considerado casi un símbolo de la ciudad. Ya que había pensado hacerme un tatuaje que me recordara a Bruselas, me apunto el "símbolo". Así que podéis imaginaros mi cara ante la idea de tener que tatuarme, tal vez a lo largo de toda la espalda, ¡un niño que hace pipí! ( ¡y hay quienes lo hacen!)

Tal vez sea el momento de buscar otro.

EL ORGULLO

En esta ciudad se celebra siempre, con un festival y un desfile.

El pasado 14 de mayo se celebró el desfile del Orgullo por las céntricas calles de Bruselas

Amor, color y música invadieron las calles de la capital belga, que se volvían locas al paso de las carrozas, cargadas de feromonas y ganas de vivir.

Nosotros, los becarios de la Unión Europea, tuvimos nuestro propio “espacio” en la carroza de Mister Gay Bélgica, ya que pudimos disfrutar viendo a todos esos chicos bien vestidos y dando espectáculo. ¡Lástima que con ninguno de ellos tenga alguna posibilidad!

También había personas a las que, en realidad, les resbalaban  los derechos de los homosexuales; solo estaban allí para aprovechar la oportunidad de fiesta, beber, bailar y abrazar a gente al azar.

Porque,sí,, también hubo abrazos gratis, en esta ocasión más cálidos y amorosos de lo habitual. Pienso si nacería algún amor después de uno de esos abrazos.

Aún con ganas de marcha, después de 3 horas de caminar por las calles, las celebraciones se trasladaron hasta bien entrada la noche a la plaza Mont des Arts, usado como Gay Village, con música techno y house, los dos principales géneros de la música electrónica.

LA SALUD

Hay que decir que los belgas parecen gozar de una excelente salud y de una excelente forma física, a pesar de la ingesta continua de cerveza y patatas fritas.

Y creo que es así porque Bélgica es uno de los mayores productores de cerveza. Cuando en un bar me enseñan la carta de birras, entro en pánico. De la larga lista, no conozco ni siquiera una. Igual que a veces en la vida hay que elegir, digo: "¡Tráeme una cerveza y que sea lo que Dios quiera!

También son famosas las patatas fritas belgas, pero no fritas de una manera normal, sino fritas dos veces. ¡DOS VECES!

¿Os dais cuenta de todo el daño que estas patatas fritas proporcionan a la salud?

Si ya solo con comerme una simple ración de patatas fritas pienso automáticamente en someterme a una liposucción, ¿qué pensaría mi mente después de una ración de patatas fritas dos veces? El problema principal es que me vuelvo loca por las patatas fritas, por lo que vivo un continuo dilema interior.

Tal vez debería tatuarme unas patatas fritas en el antebrazo para acordarme del mal, físico y psicológico, que me hizo Bruselas.

Afortunadamente me salvaré del colapso total gracias a mi vegetarianismo. De hecho, existe el mitraillette.

Ya el nombre debería hacer intuir alguna cosa. En castellano significa, literalmente, 'metralleta'. Se trata de un bocadillo (con pan tipo baguette) típico belga hecho con carne, cebolla, otras cosas de dudosa procedencia y, desde luego, doble de patatas fritas belgas. ¿Qué pensáis? Ellos que ¡es un bocadillo normal! Y es que no habéis visto la cantidad de patatas, mucha más que carne y además, repito, ¡FRITAS DOS VECES!

No sé, tal vez soy una persona que piensa demasiado en la vida sana. Estoy pensando precisamente en los que, en Nápoles, colapsan el Krugel con las hamburguesas megagigantes. Así que probablemente no todo el mundo entenderá mi desaprobación y estupor.

Pero eso está bien, allá cada uno con su gordura y con sus michelines, porque... ¡la grasa es bella!

Hasta pronto.