La petición palestina ante la ONU destapa las contradicciones de Europa

Artículo publicado el 21 de Septiembre de 2011
Artículo publicado el 21 de Septiembre de 2011
Hace 64 años, la ONU otorgaba a los palestinos un estado que consistía en el 43% del antiguo territorio de Palestina, estado que aún no ha visto la luz del día. La votación en la ONU del pasado setiembre dejó al descubierto las divisiones que existen en Europa, con países a favor, países en contra y otros que estaban a la espera de acontecimientos.
Esto demostraba, una vez más, la reticencia de la Unión Europea a adoptar una política exterior común.

Como ya se sabía, la UE estaba claramente dividida ante la votación que concedería a Palestina un estatus de “estado miembro”. Entre los estados que iban a votar en contra de la resolución estaban Alemania, Italia, los Países Bajos y la República Checa mientras que, por su parte, Bélgica, Suecia, Noruega y España estaban a favor. Antes de la votación, Francia y el Reino Unido no se habían pronunciado. La política favorable de Alemania hacia el estado israelí tiene orígenes económicos a la vez que históricos, mientras que España mantiene su posición más bien favorable a los países árabes, a excepción de su papel en Irak. Parece razonable pensar que la posición de Noruega, Suecia o Finlandia se debe sobre todo a cuestiones éticas y de acuerdo con la voluntad ciudadana, claramente inclinada hacia el lado palestino.

Entre la hipocresía política y la lucha por la justicia social

Las contradicciones europeas no son ajenas al hecho de que, por una parte, la UE ayuda económicamente a la autoridad palestina, a la vez que es el primer socio comercial de Israel. La posición de Europa en el conflicto palestino-israelí viene heredada de un tratado de hace treinta años, la Declaración de Venecia. Dicha declaración se parapeta tras sus fórmulas neutras sobre el derecho de Israel a defender sus fronteras y también el de Palestina a reivindicar su Estado y Europa, sobre todo, pone de manifiesto su benevolencia respecto a Israel. Su neutralidad se ponía a prueba en esta situación. El veto ya anunciado de losEstados Unidos simplificaba, en este sentido, las posiciones poco definidas (por no decir hipócritas) de Francia y el Reino Unido. Por su parte, los sondeos indican el apoyo mayoritario de los europeos a dicha resolución aunque sea de manera virtual, teniendo en cuenta el aumento del extremismo antiárabe y la elección de gobiernos conservadores considerados proisraelís, lo que parecería a primera vista contradictorio. Del lado israelí, sólo una minoría es propensa al apoyo de la demanda palestina. Las 400.000 personas que han salido a la calle en las últimas semanas no parecen compartir una misma solución, quizás porque la cuestión palestina continúa dividiendo a la población, porque muchos no creen en la solución de los dos estados, o porque continúan convencidos que el objetivo final de los palestinos es la destrucción del estado hebreo. Así y todo, los israelís luchan también por un estado más social y más justo, lucha que tiene su origen en la astronómica inversión de su gobierno (un 20% del presupuesto) en el sector de la defensa.

Un cambio de estatus para negociar de igual a igual

Al contrario que el voto del Consejo de Seguridad, el de la Asamblea General de la ONU no daba más que un estatus simbólico a Palestina, aunque como subraya Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina, éste permitiría cambiar su “forma jurídica”. En particular, Palestina podría asirse al Tribunal Penal Internacional y quizás, como otros 16 estados anteriormente, avanzar hacia la conversión en un miembro de pleno derecho, pasando así de un Estado virtual sin continuidad territorial a un Estado dentro de los límites establecidos en1967. Aunque su demanda es esencialmente unilateral, tiene el apoyo de las ligas árabes, además de la mayoría de países africanos, latinoamericanos y asiáticos, y se corresponde con un momento clave en el proceso de autodeterminación y de emancipación de los palestinos. Como bien subraya Leila Shadid, delegada general de la autoridad palestina en Francia, un cambio de estatus permitiría al Estado palestino negociar con Israel “de igual a igual”. Negociaciones de paz, por otro lado, deseadas por Europa y los Estados Unidos.

A pesar del destacado discurso de Obama en El Cairo y de sus declaraciones sobre un Estado palestino que podría ocupar un asiento en la ONU muy pronto, los Estados Unidos han denunciado este proceso como contraproducente y declarado su oposición sea cual sea la fórmula adoptada. En todo caso, y al igual que la UE, están obligados a asumir una política pragmática que pone la cuestión palestina en un segundo plano, por detrás de una política interior que dé respuesta, en especial, a las expectativas de poderosos grupos de presión. Algunos lo verán como una ocasión perdida de los países occidentales de cambiar la situación y ser partícipes de los profundos cambios que están ocurriendo en la región. Para otros, será una demostración que nuestros estados tienen dificultad para ver los problemas desde una perspectiva global, una falta no sólo de consideración hacia aquellos pequeños países sin recursos sino también de voluntad para guiar estos cambios por inevitables que sean, obviando a la vez la opinión de sus ciudadanos.

Fotos: abangbay @ Malaysia/flickr; texto (cc) sven_kindler/flickr