La política comercial de la UE con China: ¿caballo regalado o caballo troyano?

Artículo publicado el 5 de Enero de 2004
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Artículo publicado el 5 de Enero de 2004

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Café Babel habló con Peter Nightingale, Presidente de la Asociación Euro-China de negocios y Presidente Ejecutivo del Consejo de negocios chino-británico. Nos habló sobre las relaciones comerciales entre ambas entidades.

La palabra comercio implica un sentido de intercambio justo. Pero cuando se usa en el contexto de la política comercial de la UE con China, ¿cómo de justo es el intercambio del que hablamos? Cuando China declaró su intención de convertir a la UE en su principal socio comercial y no ya el tercero más importante en la carrera hacia la Cumbre de la UE en Beijing el 30 de Octubre de 2003, se podía haber pensado que estaba haciendo una proclama magnánima. Hay, sin embargo, muchos que vieron esta intención con algunas sospechas.

Uno sólo tiene que pensar en las relaciones comerciales de China con los EEUU que dieron lugar a, según la estimación de China, ciento veinticinco mil millones de dólares de superávit comercial, y las alegaciones por parte de los EEUU de comercio injusto para apreciar donde podían derivar tales aprensiones. ¿Tienen justificación tales preocupaciones, que están debajo de las aparentes concesiones hechas por China sobre el papel, o hay sencillamente, un deseo de China de explotar la competición entre los Estados miembros de la UE?

Café Babel habló con Peter Nightingale, Presidente de la Asociación Euro-China de negocios y Presidente Ejecutivo del Consejo de negocios chino-británico.

Café Babel: ¿Cuáles opina usted que son las concesiones más significativas hechas por China y la UE durante la cumbre, con relación a las relaciones comerciales?

Peter Nightingale: Lo más significativo que salió de la discusión, fue el acuerdo entre China y la UE, en el que los países Shengen de la UE deberían recibir el estatus de destino autorizado (Authorised Destination Status ADS) para los turistas chinos, lo que tuvo enormes implicaciones para el turismo chino y de la Unión. Otro tema significativo fue la decisión china de participar en el programa espacial europeo Galileo. El hecho de que China vaya a invertir en un programa europeo es muy importante. Además la UE y China van a mantener conversaciones sobre algunos temas del sector industrial y la protección de los derechos de propiedad intelectual, que es por supuesto de interés vital para prácticamente todo inversor extranjero en China. Yo creo que en el caso del estatus de destino autorizado es completamente para el beneficio de la UE.

Dos semanas antes de la Cumbre, China publicó su primera propuesta política sobre la UE en la que declaró su intención de convertir a la UE en su principal socio comercial y no ya el tercero más importante. ¿Cuál debería ser la reacción de la UE ante estas intenciones?

Yo creo que lo que ha sucedido desde que China se unió a la OMC es que se dio cuenta de que la UE es un jugador importante en la arena internacional. La UE es responsable de toda la política comercial de los estados miembros, y por ello China sabe que tiene que negociar y cooperar con la UE en todas las materias importantes con relación al comercio. Por supuesto que la propia UE acaba de producir su propuesta estratégica para China y que ambos quieren desequilibrar al contrario. Obviamente, en cada caso el autor de la estrategia apuesta por aquello que particularmente quiere ver, pero está bien que ambas partes estén negociando y dialogando seriamente.

Actualmente hay mucha competición entre los estados miembros en China, por ejemplo, entre Alemania y Francia sobre la construcción del ferrocarril Beijing-Shanghai. ¿Cree usted que las intenciones que China expuso en su propuesta política tenían por objeto beneficiarse de tal competición?

Creo que esto hay que verlo a dos niveles. A nivel de la UE, estoy seguro de que China quiere equilibrar sus intereses y ventajas entre Asia, los EEUU y la UE. Por supuesto, esto incrementará la competición entre los mayores bloques comerciales para conseguir el mejor negocio en lo que sea que se esté negociando, que es lo que cualquiera haría. Creo que a nivel de los estados miembros de la UE es lo mismo. Negociando con los diferentes estados miembros para obtener el mejor precio es una decisión empresarial que creo que cualquier país o empresa tomaría. Creo que eso es algo normal.

¿Qué pasos políticos habrá que dar para alcanzar una política comercial común hacia China?

En lo que concierne a la parte de la que la UE es responsable de negociar en política comercial en nombre de los estados miembros con China, hay una política común, por lo que no creo que eso sea un problema. Lo que sí es un problema es, por supuesto, que algunos estados miembros son más fuertes que otros en ciertos sectores empresariales, entonces ciertos estados miembros de la Unión tienen objetivos diferentes en cuanto a la política comercial con China. Sin embargo, la forma de conseguir hacer realidad tales objetivos es trabajando a través de la UE. Esto asegura que los estados miembros estén presionando a la UE para negociar con China, para conseguir ciertos objetivos comerciales que convendrán tanto a estados miembros como a grupos de estados y en general a sectores industriales en toda la Unión Europea.

¿Cree usted que mejorando las relaciones comerciales entre la UE y China habrá una mejora en el tema de los derechos humanos en China, como muchos oficiales de la Unión creen? ¿Cómo podrían influir las empresas de Occidente la política china en este sentido?

En general, yo creo que deben ser los políticos y los gobiernos los que intenten influenciarse mutuamente, en campos como los derechos humanos. Pero creo que no hay ningún género de dudas en que los chinos se habrán beneficiado enormemente por la gran responsabilidad de las grandes compañías que están invirtiendo en China, llevando consigo lo que ellos consideran la mejor práctica en su industria, y esto ha mejorado enormemente en muchas áreas de China. Hay docenas de ejemplos de buena práctica establecidos en China como prueba de ello, y yo creo que esto ha impulsado los temas de derechos humanos enormemente. Creo que esta influencia las empresas la pueden repercutir en el sistema político chino, un sistema que no habría hecho grandes progresos en los últimos 25 años sin el impacto de la inversión extranjera.