La política de vecindad convierte las fronteras en vínculos

Artículo publicado el 30 de Abril de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 30 de Abril de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Transformar el arco de estabilidad en un “anillo de amigos”. Éste es el objetivo de Bruselas, que ahora quiere hacer de la política de vecindad un instrumento de política exterior.

El efecto más claro de la ya inminente ampliación es el desplazamiento de las fronteras de la UE. Al este, los confines terrestres de la nueva Unión de los 25 se extenderán hasta casi limitar con Rusia y los estados que se independizaron recientemente, como Ucrania, Bielorrusia y Moldavia. Al sur, tras la adhesión de Chipre y Malta, la UE limitará con el arco que forman los países de la costa sur y sureste del Mediterráneo.

¿Marruecos en el mercado único?

Sin embargo, nuevos confines significan nuevos vecinos y la UE no quiere sorpresas en las relaciones que se establecerán con los estados que desde el 1 de mayo estarán incluidos en su territorio. Por el contrario, la UE parece tener la intención de iniciar con ellos el camino hacia una nueva época de relaciones bilaterales.

Un abanico de relaciones que no sólo serán estudiadas con detenimiento, sino que se incluirán dentro de un nuevo concepto de relaciones de vecindad. La UE intenta así garantizar la estabilidad estructural del área que rodea las nuevas fronteras, ofreciendo a los países limítrofes, según la declaración de la Comisión del 11 de marzo de 2003, nada menos que la «perspectiva de una participación en el mercado único europeo y de una posterior liberalización e integración para promover la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales».

Atención a la opinión pública árabe

El hecho de proporcionar un grado de igualdad a los países vecinos interesados garantiza una mayor eficacia a las condiciones de alineamiento con la legislación comunitaria establecidas por la UE. De este modo, se puede disfrutar de los efectos de la apertura del mercado único. No obstante, la continua demanda de legislaciones nacionales por parte de los países vecinos podría dar lugar, especialmente en los países mediterráneos, a una importante resistencia cultural. El riesgo consiste en alimentar una percepción “invasiva” de las acciones de la Unión entre la opinión pública de esos países.

Parece, por tanto, esencial la elaboración de una estrategia moderada y progresiva, tanto en el tiempo como en el espacio, que elimine esta posibilidad. En el campo temporal, es imprescindible una política de vecindad gradual que se aplicará, según los planes de la Comisión, en dos fases (2004-2006 y de 2007 en adelante) que primero acompañarán a los programas ya existentes y posteriormente los sustituirán, elaborando un instrumento único de vecindad sobre la base de un marco jurídico y financiero ad hoc. Posteriormente, se pasará a la dimensión espacial de la política de proximidad, donde es necesaria la máxima flexibilidad, ya que su empleo será de diferente naturaleza en cada uno de los países vecinos, diferentes entre ellos en el ámbito político, jurídico y cultural.

Según Prodi, compartiremos «todo, salvo las instituciones»

La estrategia de la nueva política de vecindad tiende, por tanto, a la idea de que la UE de los 25 y los países limítrofes compartirán, como ha sugerido el Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, «todo, salvo las instituciones». Sin embargo, más allá de su valor específico, la nueva política de vecindad presenta algunas novedades a destacar. En primer lugar, hay que apreciar positivamente el intento de la Comisión por unificar en un único diseño estratégico las relaciones externas de la UE con sus vecinos. Sistematizar significa en realidad conseguir definir con más claridad el alcance de las actividades externas de la Unión y, a este respecto, la política de proximidad hará más visibles los límites entre los que se desarrolla la tan oscilante Política Exterior y de Segurdad Común (PESC). No obstante y sobre todo, la política de proximidad refuerza la idea de que la UE representa una novedad histórica como modelo de desarrollo. En este sentido es interesante señalar el modo en que el Parlamento Europeo consideró necesario que la política de proximidad propuesta por la Comisión se articulara en tres áreas diferentes: en primer lugar, en el área política, humana, civil y cultural; en segundo lugar, en el área de la seguridad interior y exterior; y en tercer lugar, como enseña del “co-desarrollo” económico y social sostenible.

La construcción del «anillo de amigos» (Prodi) entorno a la UE de los 25 supone, por tanto, un proyecto que no tiene como objetivo mantener relaciones de carácter comercial entre un bloque cohesionado de estados tecnológicamente desarrollados y una serie de estados pobres y dependientes. Por el contrario, apunta a la creación de un área de integración comercial y de una estrechísima cooperación institucional, con la capacidad de dejar obsoleto el viejo concepto de frontera entendida como límite y, a la vez, edificar la nueva definición de frontera como vínculo.