La prensa tunecina asesinada, Europa cómplice

Artículo publicado el 5 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 5 de Abril de 2004

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Los medios de comunicación tunecinos, frente a la represión, se encuentran sometidos al poder. Lo que conviene a los europeos, que prefieren un régimen solido que deje las manos libres a las multinacionales.

Es mediodía. El barrio Lafayette, en el centro de la ciudad de Túnez, está tomado hoy sábado 27 de marzo. Decenas de agentes de la policía política prohiben el acceso a todos los caminos que conducen a la Casa de la Radio y de la Televisión Tunecina (RTT). Las instrucciones son estrictas: impedir la concentración organizada por el Comité de liaison pour une information libre (Comité de enlace por una información libre), compuesto por representantes de la oposición democrática y asociaciones para protestar contra la política oficial en materia de información.

Sin embargo, a pesar de esta demostración de fuerza policial, algunas decenas de manifestantes han conseguido llegar hasta el lugar de la concentración, desafiando a los policías apostados en gran número a unas decenas de metros de la RTT. Se desatan las consignas en favor del respeto a la libertad de prensa y denunciando el fascismo. La policía interviene con la violencia a la que está acostumbrada, intentado dispersar a los militantes. La concentración se convierte entonces en manifestación callejera. Los ciudadanos que pasan por allí son rechazados de manera brutal con el fin de impedir que se sumen a la manifestación. El mensaje ha pasado.

Acabando con la prensa

Desde que los tunecinos ven la televisión por satélite, su despecho aumenta frente a una televisión nacional que continúa vendiendo mentiras y escondiendo los verdaderos problemas que viven los tunecinos, cuyo poder adquisitivo no deja de deteriorarse y cuyos derechos son cada vez más expoliados. El grito lanzado por los manifestantes a favor de unos medios de comunicación que desvelen sus verdaderos problemas y, sobre todo, respeten su inteligencia, adquiere importancia. En realidad, la situación de la prensa en Tunicia ha ido en picado. Alguien ha recordado, justamente, que si en Algeria se mata a los periodistas, en Tunicia, simplemente, hemos terminado con la prensa. Ésta, por otra parte, ha entregado su alma tras la desaparación de títulos como le Phare, le Maghreb, el Badil y el Fajr, y la encarcelación de los directores de estos tres últimos periódicos. Ciertos periodistas han aceptado acatar la nueva orden, mientras que otros han preferido irse a trabajar a los medios extranjeros.

Frente a esta situación dramática en la que un pueblo está obligado a permanecer en silencio, se comprenden mejor las razones que empujan a poner un bozal a la prensa. Una prensa libre, ¿no podría informar sobre los numerosos muertos bajo tortura en los locales del ministerio del Interior, las comisarías de policía y las prisiones? ¿No informaría sobre las pesadas condenas dictadas tras procesos inicuos contra militantes comprometidos con sus opiniones? ¿No evocaría el problema de la corrupción y el saqueo de las riquezas del país por la familia real y sus sirvientes próximos?

Rewriters de los telegramas del régimen

El asesinato de la prensa es una necesidad y una garantía de supervivencia para un régimen político dictatorial. El periódico, la radio y las cadenas de televisión ya no son medios concebidos para informar sobre lo que pasa, sino sobre lo que debería pasar para blanquear un Estado corrupto y enemigo de la sociedad civil. Un Estado cuyos actos armados son el amordazamiento de las asociaciones y el control de organizaciones como la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT).

Los periodistas tunecinos que ansiaban regatear esta situación se ven reducidos al papel de rewriters de los telegramas de las agencias de prensa. El perfil de periodista investigador, crítico y creativo ha desaparecido, dejando lugar al periodista celoso y, en ocasiones, colaborador del Ministerio del Interior. También, se comprende que frente a esta negativa de información, la Asociación Tunecina de Directores de Periódicos se haya visto excluída de la Organización Mundial de Periódicos en mayo de 1997. Incluso, la Federación Internacional de Periodistas decidió al comienzo del pasado marzo excluir de sus filas a la Asociación de Periodistas Tunecinos tras haber comprobado que esta organización incumplía su deber. Desde 1998, el Comité Internacional de protección de periodistas sitúa regularmente a Ben Alí entre los diez primeros Jefes de Estado más hostiles a la libertad de prensa. En su informe anual, Periodistas sin fronteras alinea a Tunicia en la zona negra, aquella en la que la libertad de prensa es menos respetada. Tunicia se encuentra, así, clasificada por detrás de países como Benin, Senegal, Costa de Marfil…

No molestar los intereses de las multinacionales

A pesar de esta situación, países como Francia, Bélgica, Italia y España continúan estimando que el balance de Ben Ali en materia de Derechos Humanos es positivo. Pero, cómo explicar las posiciones de los Jefes de Estado que representan regímenes que se consideran democráticos si no es con el hecho de que los intereses económicos de sus países son mejor servidos por Estados fuertes, capaces de garantizar una mejor explotación de las riquezas locales. ¿Que sería de los intereses de los países ricos si, en los Estados dependientes los sindicatos fueran capaces de molestar los intereses de las multinacionales, si partidos políticos independientes pudieran cuestionar tratados injustos y si una prensa libre estuviera allí para informar a los pueblos de los caminos peligrosos por los que se les conduce?

De esta manera, la manifestación del 27 de marzo adquiere significado. Las autoridades han comprendido este significado. Y han golpeado duro como de costumbre.