La Prima Linea: para, pero sin el pueblo

Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2010
Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2010
Crumiro (esquirol). Esta palabra, aparecida en rojo sobre pared blanca, es una de las primeras imágenes del largometraje de Renato di Maria que narra la historia de Sergio Segio, uno de los fundadores del grupo armado de extrema izquierda Prima Linea.

Nacida y desvinculada de Le brigate rosse, Prima Linea es un movimiento clandestino de mediados de los setenta, cuya esperanza de alcanzar el “sueño revolucionario” quedó solo en una utopía, por el terror y la desaprobación que su “obra” causó en la población italiana. La evolución de su ideario la cuenta, desde su celda, el personaje de Sergio Segio de esta película.

Basada en el libro autobiográfico Miccia Corta (Mecha corta), el actor Riccardo Scamarcio encarna a la perfección las dudas y los miedos de una lucha en la que, poco a poco, fueron creyendo menos. El asesinato del juez Emilio Alessandrini, marca el punto de inflexión de Prima Linea y de su fundador; primer asesinato y primera gran manifestación popular en Milán, en enero de 1979, contra una acción tildada de “innecesaria”.

Una de las escenas de mayor tensión de la película es la que se encuadra en el 3 de enero de 1982. Reunido Segio en Venecia con unos camaradas, se organiza un plan para liberar a cuatro detenidas compañeras de la cárcel de Rovigo, región de Veneto. Entre ellas, se encuentra Susanna Ronconi, su novia, interpretada fielmente por la actriz Giovanna Mezzogiorno. El descontrol en la estrategia, y la muerte de un abuelito que paseaba tranquilamente a su perro por los alrededores de la penitenciaría, jamás serían superados por los miembros del comando liderado por el protagonista.

El también llamado Comandante Sirio sería arrestado el 15 de enero de 1983 y con él, los últimos coletazos de una mal entendida lucha de clases llena de violencia en Italia. Veinte años encarcelado dieron a Sergio Segio más que tiempo suficiente para intentar explicar al mundo la pureza de sus ideales, y la tortura eterna de recordarlos en los ojos de víctimas inocentes. Una reivindicación expresa; “nada que ver con la autoría de la masacre de Aldo Moro”.

Clara Fajardo

Nota: Especial agradecimiento a Lucia Giordano, profesora de lengua italiana en el Centro Cultural Italiano de Sevilla, por su asesoría en datos históricos y culturales del país transalpino.