La primavera bosnia estalla debido a la inmensa diferencia entre pobres y ricos

Artículo publicado el 7 de Marzo de 2014
Artículo publicado el 7 de Marzo de 2014

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Un hom­bre ham­brien­to es un hom­bre fu­rio­so. Quien siem­bra mi­se­ria re­co­ge furia. Estas son las pa­la­bras gra­ba­das en los muros de la sede de la pre­si­den­cia de Sa­ra­je­vo tras las vio­len­tas pro­tes­tas del vier­nes 7 de fe­bre­ro, las cua­les fi­na­li­za­ron con la quema de los edi­fi­cios de los go­bier­nos lo­ca­les de nu­me­ro­sas ciu­da­des bos­nias como Tuzla, Ze­ni­ca, Sa­ra­je­vo y Mos­tar. En esta úl­ti­ma, la pro­tes­ta fi­na­li­zó con la sede de los par­ti­dos po­lí­ti­cos ét­ni­cos en lla­mas; lla­mas pro­vo­ca­das por bos­nios y croa­tas uni­dos, quie­nes se ma­ni­fes­ta­ron para aca­bar con la di­vi­sión ét­ni­ca, el ham­bre, el des­em­pleo y las fal­sas pro­me­sas.  

De hecho, la ma­yo­ría de los pro­tes­tan­tes bos­nios eran tra­ba­ja­do­res y jó­ve­nes des­em­plea­dos, a quie­nes al­gu­nos me­dios de co­mu­ni­ca­ción til­da­ron de ''ma­ni­fes­tan­tes vio­len­tos que solo que­rían des­truir los mo­nu­men­tos cul­tu­ra­les''. Esta ca­li­fi­ca­ción ha sido apro­ve­cha­da por los po­lí­ti­cos  como es­tra­te­gia para vol­ver a se­pa­rar al país entre aque­llos que apo­yan la vio­len­cia y aque­llos que se opo­nen a ella. Des­afor­tu­na­da­men­te, lo han con­se­gui­do, ya que según re­fle­ja la en­cues­ta rea­li­za­da por Klix.​ba, el mayor por­tal de no­ti­cias bos­nio, 6.547 per­so­nas jus­ti­fi­can la vio­len­cia que tuvo lugar ese vier­nes fren­te a 5.206 per­so­nas que no lo hacen. Sin em­bar­go, los me­dios de co­mu­ni­ca­ción ex­tran­je­ros, este epi­so­dio no se aso­cia­do a ''ma­ni­fes­tan­tes vio­len­tos'', sino a des­con­ten­to, des­em­pleo, co­rrup­ción y mi­se­ria.

Sin em­bar­go, aque­llos que des­tru­ye­ron los mo­nu­men­tos eran jó­ve­nes en paro, tra­ba­ja­do­res en­ga­ña­dos y gente sin es­pe­ran­zas, las cua­les fue­ron pi­so­tea­das du­ran­te años por la clase po­lí­ti­ca. En pa­la­bras de uno de los ma­ni­fes­tan­tes, la si­tua­ción ac­tual de Bos­nia ha sido el re­sul­ta­do de dos dé­ca­das en las que las au­to­ri­da­des solo han  en­se­ña­do a la po­bla­ción a odiar, so­bor­nar, no pro­tes­tar y des­truir. Es más, estas au­to­ri­da­des nunca se han cri­ti­ca­do y siem­pre han cul­pa­do a aque­llos que su­pues­tamen­te per­tene­cen a una na­ción di­fe­ren­te. De esta forma, la po­bla­ción queda di­vi­di­da en dos: por una parte, el 50% de los bos­nios se en­cuen­tran in­de­fen­sos ante los po­lí­ti­cos que los go­bier­nan y roban; por otra parte, el otro 50% de ellos con­si­guie­ron una po­si­ción pri­vi­le­gia­da va­lién­do­se de me­dios co­rrup­tos, es decir, sin los trá­mi­tes la­bo­ra­les apro­pia­dos ni ofer­tas per­ti­nen­tes, sino a tra­vés de re­la­cio­nes fa­mi­lia­res u obe­dien­cia a par­ti­dos po­lí­ti­cos, entre mu­chos otros mé­to­dos des­ho­nes­tos.

Pri­va­ti­za­cio­nes sin cas­ti­go

Cuan­do la sede del Go­bierno en Sa­ra­je­vo es­ta­ba ar­dien­do, una mujer llo­ra­ba ante él. Esta mujer tiene 62 años y, a pesar de ju­bi­lar­se tras 40 años de duro tra­ba­jo, to­da­vía tiene que cui­dar al hijo de unos ami­gos ya que su pen­sión, de solo 160 euros, no es su­fi­cien­te para cu­brir los gas­tos ge­ne­ra­les de la casa. Tras fi­na­li­zar la Gue­rra Civil Bos­nia a fi­na­les de 1995, la com­pa­ñía en la que ella tra­ba­ja­ba, Ma­gros, no su­frió daños y pudo se­guir fun­cio­nan­do con cua­tro cen­tros co­mer­cia­les en el cen­tro de la ciu­dad y mu­chas otras ins­ta­la­cio­nes. Des­afor­tu­na­da­men­te, Ma­gros des­a­pa­re­ció a causa de los ''la­dro­nes'' del Go­bierno, al igual que otras com­pa­ñías que eran pro­pie­dad del Es­ta­do. Así, la pri­va­ti­za­ción se ha lle­va­do a cabo por todo el país y mu­chos de los em­plea­dos han muer­to es­pe­ran­do que se hi­cie­ra jus­ti­cia.

Lo más sor­pren­den­te es que no se ha de­man­da­do ni pro­ce­sa­do a los cul­pa­bles de esas pri­va­ti­za­cio­nes, pa­re­ce que nadie echa en falta a estas com­pa­ñías des­a­pa­re­ci­das y el Go­bierno no ha es­ta­do dis­pues­to a pro­te­ger a estos tra­ba­ja­do­res en los úl­ti­mos 17 años. A pesar de las cien­tos e in­clu­so miles de pro­tes­tas pa­cí­fi­cas rea­li­za­das tras el final de la gue­rra, nin­gu­na de ellas ha te­ni­do éxito, de ahí las vio­len­tas pro­tes­tas del vier­nes, una mues­tra de que la po­bla­ción está can­sa­da de la dis­fun­ción del Go­bierno. Los que par­ti­ci­pa­ron en ellas no tie­nen nada que per­der, nada que les im­por­te, nada que hacer, salvo des­truir. Esa mujer de 62 años re­cor­da­ba la gue­rra, pero poco des­pués se dio cuen­ta de que la clase po­lí­ti­ca no es solo la res­pon­sa­ble de un pa­sa­do trá­gi­co, sino tam­bién de un  ca­tas­tró­fi­co pre­sen­te, y de un fu­tu­ro poco es­pe­ran­za­dor.

Sin tra­ba­jo y con los pa­dres a los 35 años

Sin em­bar­go, los ''ma­ni­fes­tan­tes vio­len­tos'' men­cio­na­dos no son más que tra­ba­ja­do­res en­ga­ña­dos y jó­ve­nes de unos 20 ó 30 años que na­cie­ron en la dé­ca­da de los 80 y los 90 y que nunca han te­ni­do un tra­ba­jo apro­pia­do, nunca han sen­ti­do la res­pon­sa­bi­li­dad del Es­ta­do y nunca han te­ni­do unas con­di­cio­nes de vida nor­ma­les. Mu­chos de ellos to­da­vía viven con sus pa­dres y no pue­den pen­sar en tener fa­mi­lia por la falta de re­cur­sos y su vi­sión de fu­tu­ro ne­ga­ti­va. Nin­guno de ellos la­men­tó la quema de los edi­fi­cios ya que eran sím­bo­los del con­ti­nuo robo que se ha lle­va­do a cabo tras las puer­tas de las ins­ti­tu­cio­nes es­ta­ta­les. Uno de los pro­tes­tan­tes afir­mó que al prin­ci­pio la­men­tó que el ayun­ta­mien­to se que­ma­rá (fue un daño co­la­te­ral), pero cuan­do re­cor­dó todos los acuer­dos frau­du­len­tos que se rea­li­za­ron en se lugar, dejo de sen­tir­lo. Otro de ellos co­men­tó que, tras vol­ver de las pro­tes­tas, sólo la­men­ta­ba que la sede de los Sin­di­ca­tos no se hu­bie­ra des­trui­do por­que este era tam­bién un sím­bo­lo de co­rrup­ción y obe­dien­cia po­lí­ti­ca, como de­mos­tró la falta de reivin­di­ca­cio­nes y de lucha por los de­re­chos de los tra­ba­ja­do­res de la Unión de Sin­di­ca­tos de Bos­nia a pesar de que casi la mitad de la po­bla­ción ac­ti­va del país es­ta­ba en paro. Esta inac­ti­vi­dad se debe a que los miem­bros de los sin­di­ca­tos for­man parte de la nó­mi­na de los par­ti­dos po­lí­ti­cos y nunca han te­ni­do una buena razón dejar de re­be­lar­se con­tra ellos.

La si­tua­ción es tan pé­si­ma que a pesar de haber so­bre­vi­vi­do a una cruen­ta gue­rra, los ciu­da­da­nos  no cuen­tan con un cuer­po de bom­be­ros apro­pia­do ya que el di­ne­ro para fi­nan­ciar­lo des­a­pa­re­ció. Ade­más, el Go­bierno ha re­du­ci­do el sa­la­rio de los pro­fe­so­res, las ayu­das para los es­tu­dian­tes y los bom­be­ros, pero por el con­ta­rio sus sa­la­rios si­guen sien­do los mis­mos, los cua­les son lo más altos de la re­gión, in­clu­so más altos que los de de Croa­cia y dos veces más que los de Ser­bia. En nom­bre de la paz so­cial, las au­to­ri­da­des si­guen pi­dien­do prés­ta­mos al Fondo Mo­ne­ta­rio In­ter­na­cio­nal, di­ne­ro que in­vier­ten en sus pro­pios sa­la­rios, una  lo­cu­ra que solo ocu­rre en los Bal­ca­nes.

Estas pro­tes­tas han sido un punto de in­fle­xión: a pesar de que no se sabe que de­pa­ra­rá el fu­tu­ro, nada vol­ve­rá a ser lo mismo. Por su parte, los pro­tes­tan­tes no tie­nen un líder ni ob­je­ti­vos con­cre­tos, aun­que al­gu­nos de los que se han men­cio­na­do han sido la re­duc­ción en la ad­mi­nis­tra­ción, la anu­la­ción de los can­to­nes bos­nios, entre otros. El éxito o fra­ca­so de estas pe­ti­cio­nes se verá en los pró­xi­mos meses, pero lo im­por­tan­te es que el pue­blo bos­nio no su­fri­rá más por per­ma­ne­cer en si­len­cio. Los Go­bier­nos de dos can­to­nes bos­nios ca­ye­ron ese vier­nes, se­gui­do del Go­bierno del can­tón de Sa­ra­je­vo. De hecho, es po­si­ble que toda la en­ti­dad gu­ber­na­men­tal sea la pró­xi­ma en des­a­pa­re­cer, tras lo cual, los bos­nios es­pe­ran que se con­vo­quen nue­vas elec­cio­nes y se in­ten­té re­sol­ver los pro­ble­mas es­ta­ta­les des­pués de las mis­mas. Hay una in­fi­ni­dad de so­lu­cio­nes para la me­jo­ra, una de las cua­les puede ser la ''chi­pre­ci­za­ción'' para así aca­bar con el ham­bre de una po­bla­ción que to­da­vía apre­cia sus sím­bo­los na­cio­na­les en un es­ta­do di­vi­di­do ét­ni­ca­men­te.