La psiquiatría francesa, una situación de locos

Artículo publicado el 4 de Diciembre de 2008
Artículo publicado el 4 de Diciembre de 2008
Al día siguiente de la muerte de un estudiante apuñalado por un esquizofrénico ‘huido’ de un hospital psiquiátrico, el hiperactivo presidente Sarkozy exigía una “reforma en profundidad” de la psiquiatría. Menos de tres semanas más tarde, el 2 de diciembre, dicha reforma era anunciada...

En el programa: un endurecimiento de las hospitalizaciones obligatorias y el refuerzo de la seguridad de los centros psiquiátricos. El presidente tiene previsto invertir 30 millones de euros para “controlar mejor las entradas y las salidas”, proporcionar a ciertos pacientes un sistema de localización por satélite o habilitar nuevas habitaciones de aislamiento. Se crearán cuatro unidades para los enfermos más graves que se unirán a las cinco que ya existen en Francia. Todo el mundo habla de ello, la psiquiatría francesa va mal. Sobre todo, debe enfrentarse a sus contradicciones.

Hospitalizaciones al alza, medios a la baja

Según la ley gala, el gobernador del departamento (prefecto), en vista de un certificado médico, puede ordenar una hospitalización ‘de oficio’ si los problemas mentales del paciente amenazan la seguridad de las personas o suponen un peligro para el orden público. Si la hospitalización la demanda un tercero, solo necesita dos certificados médicos, sin ningún otro tipo de permiso. Desde 1992, las hospitalizaciones sin consentimiento han aumentado más del doble en Francia, sobrepasando las 70.000 por año. Es decir, de tres a cuatro veces más que en Reino Unido, España o Italia.

Ahora bien, si la proporción de 90 camas por cada 100.000 habitantes sigue colocando a Francia por encima de la media europea (según Eurostat), también es verdad que se han eliminado más de 50.000 camas en veinte años. Frente a la multiplicación de demandas de hospitalización y la disminución de recursos hospitalarios, los profesionales se lamentan de las difíciles condiciones en las que se debe desarrollar su trabajo: “Cada día practicamos más la psiquiatría de rotación”, decía indignada la enfermera Nadia Missaoui en un artículo de Le Monde el pasado 21 de noviembre.

Francia no se hace cargo de todos los enfermos por igual

Keraoc / flickrLas hospitalizaciones se vuelven más cortas, mientras que los tratamientos necesitan varias semanas para hacer efecto: mandan a los pacientes para casa incluso antes de ser estabilizados. También es preocupantemente frecuente que el paciente entre en el círculo vicioso de hospital-calle-cárcel. Se estima que menos del 5% de los franceses sufren problemas psiquiátricos crónicos, que contrasta con el 25% de los sin techo y el 20% de los encarcelados. Enfermos de los que apenas se hacen cargo.

En un informe publicado en diciembre de 2007, el Comité Europeo para la prevención de la tortura (CPT) ha calificado de “dramático” el estado de la psiquiatría penitenciaria en Francia. Este comité de expertos del Consejo europeo denuncia especialmente el hecho de que los presos que “sufren descompensaciones graves” son a menudo llevados a módulos de aislamiento o incluso disciplinarios. Hace mención a pacientes obligados a permanecer desnudos en una célula de aislamiento de dos a siete días, con el consentimiento del personal penitenciario, a la espera de ser hospitalizados.

Un informe de 2007 califica de dramático el estado de la psiquiatría penitenciaria en Francia

En este contexto, la solución del presidente despista a enfermos y médicos, deshumanizando aún más la psiquiatría sin consentimiento. “Al principio, las salidas por un día se hacen en el entorno familiar o acompañados de un médico. Si esta se produce correctamente, se le puede autorizar al paciente a salir solo, pero siempre de manera muy progresiva”, explica el profesor Jean Louis Senon, presidente del colegio de psiquiatría médico-legal en la Federación francesa de psiquiatría. Estos permisos contribuyen a la reinserción gradual del paciente en la sociedad. 

Ahora las salidas serán más difíciles de conseguir: el prefecto decidirá la salida de los enfermos que hayan sido hospitalizados de oficio después de consultar a un “colegio de tres miembros del personal médico: el psiquiatra que sigue el caso del paciente, los enfermeros que conocen a la persona y su comportamiento y un psiquiatra que no conozca al paciente”.

Los enfermos mentales: escoria en el imaginario colectivo

Este endurecimiento global de la psiquiatría institucional crea una peligrosa confusión entre enfermo y delincuente. Incluso Maître Gerbi, el abogado de la familia de Luc Meunier, el estudiante asesinado el 12 de noviembre por un esquizofrénico que se había fugado, ha hecho saber que “el drama de la familia Meunier no puede servir de pretexto a una reforma surgida en un momento de urgencia y de emoción obviando que no todos los enfermos psiquiátricos son peligrosos”.

La familia de la víctima no quiere que su desgracia se use como pretexto para reformas poco meditadas

En efecto, las estadísticas criminales no justifican para nada un fortalecimiento de las medidas de seguridad. En un informe entregado al gobierno francés en marzo de 2005, la Comisión “violencia y salud mental” ya apuntaba que “en la conciencia general, la enfermedad mental ha estado siempre asociada a la violencia [...]. De hecho, el riesgo que se le puede atribuir a las personas con enfermedades mentales (el porcentaje de actos violentos de los que se les puede hacer responsables) es bajo. Los índices estimados por estudios epidemiológicos varían entre el 2,7% y menos del 10%”. Por lo tanto, hay pocas razones para temer a los locos. Si Francia continúa aspirando al imposible ‘riesgo cero’, es nuestra propia libertad la que peligra.