La reforma de la ONU es un desafío Europeo

Artículo publicado el 13 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 13 de Septiembre de 2004

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Con casi 60 agencias distintas, la ONU no logra cubrir las necesidades que le plantea el mundo actual. ¿Qué papel tiene Europa en el difícil pero inexorable proceso de reforma que debe abordar esta organización?

Este próximo 14 de septiembre, dará comienzo en Nueva York la 59ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta organización surgida como consecuencia de la segunda Guerra Mundial en las vísperas de la Guerra Fría, ya no encuentra su correspondencia con la nueva división de poderes del mundo de hoy. En 1945, a duras penas había quien cuestionara la supremacía de EEUU, y la posición de la Unión Soviética se reforzaba mientras la situación de los países Europeos salía considerablemente debilitada tras la Guerra Mundial.

Durante estos últimos 59 años la ONU ha cambiando muy poco y el mundo lo ha hecho vertiginosamente. Se ha descolonizado África, hemos asistido al fin de la guerra fría y al nacimiento de nuevas potencias regionales. La soberanía estatal se ha visto disminuida, actores no estatales ejercen un importante papel en las relaciones internacionales y estamos en plena guerra contra el terrorismo.

Comenzando desde cero tras la Guerra Fría

El mundo no ha cesado de girar durante las últimas seis décadas pero las Naciones Unidas no han sido capaces de adaptarse por completo a este nuevo medio, ni de afrontar los nuevos retos que se le plantean. Es cierto que durante los noventa se lanzaron una serie de Conferencias Mundiales tales como la Cumbre de la Tierra en Río, la Conferencia sobre Derechos Humanos en Viena o la Conferencia sobre el Racismo en Durban, pero no consiguieron cubrir las expectativas ni las esperanzas que despertaron, pues la mayoría de los Estados fallaron a la hora de aplicar las recomendaciones surgidas en cada cumbre. Sea como sea, la necesidad de reformas se vuelve más y más acuciante según pasan los años. Recientemente, auspiciado por Kofi Annan, se ha reabierto el debate acerca de estas reformas; él mismo incidió en su Informe del Milenio aseverando que “si la comunidad internacional tuviese que crear unas Naciones Unidas mañana, seguramente su aspecto seria diferente a la ONU que conocemos”.

Los principales órganos de la las Naciones Unidas son: la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social, la Corte internacional de Justicia y el Consejo Fiduciario. Hoy en día ya no hay necesidad de este último y sus actividades fueron suspendidas en 1994. La composición del órgano políticamente más importante, el Consejo de Seguridad, también necesita una revisión, aunque el mayor desafío para la reforma de la ONU se encuentra en la urgente necesidad de incluir otros temas aparte de la seguridad y la paz en la Carta de la ONU. La protección del medio ambiente y los Derechos Humanos, aunque ya mencionados en la Carta de la ONU, necesitan profundos cambios en su organización para ser más eficaces.

Aun así, el reto más importante se esconde tras la respuesta a esta pregunta: ¿cómo coordinar mejor las diferentes agencias internacionales de las Naciones Unidas? A día de hoy sigue siendo común que sus acciones sean contradictorias entre si.

La Unión Europea en la ONU

La Unión no dispone de un único asiento en la ONU. La razón más obvia es que la UE no es un estado, y sólo los estados pueden ser miembros de la ONU. Sin embargo, todos los estados de la Unión son miembros muy activos de la ONU y de las variadas organizaciones dependientes de la misma. Además, ciudadanos de dos países europeos (hoy ambos también de la UE) han sido Secretario General de la ONU, Dag Hammarskjold de Suecia y el austriaco Kurt Waldheim. Dos de los cinco asientos permanentes en el Consejo de Seguridad corresponden a naciones europeas, (Francia y el Reino Unido), y la ONU está siendo ampliamente financiada por los miembros de la UE. Resumiendo, el impacto que los países de la UE ejercen sobre la ONU es abrumador .

Por desgracia, el impacto de estos países de la Unión en la ONU no se corresponde con el impacto que debería ejercer la UE. La política exterior de la Unión dista mucho de ser eficaz o efectiva; continúa siendo una idea más que una realidad. La UE apenas tiene una política exterior coherente en el seno de la ONU. Es cierto que los países miembro coordinan sus declaraciones e iniciativas, lanzan proposiciones en común y normalmente votan con el mismo sentido. Aunque todo esto se lleva acabo en el nivel intergubernamental que es el Consejo de Ministros, sin perspectiva europea y con escasa participación de la Comisión Europa o del Europarlamento. Realmente, el así llamado “Míster PESC” Javier Solana, carece de verdaderos poderes a su disposición, los poderes de verdad jamas le fueron transferidos y aún permanecen a la entera disposición de las Naciones Estado. Desde esta perspectiva, cuando Gerhard Schroeder reclama un asiento permanente en el consejo de Seguirdad para Alemania, no se comporta como un europeo comprometido, sino que actúa por el bien de Alemania, (no de la Unión Europea) a expensas de otros estados de la Unión. Tampoco es que el resto de estados estén actuando mejor, por ejemplo, los británicos y los franceses, durante más de 50 años han rehusado ceder el uno ante el otro en el Consejo de Seguridad.