La renovación política española: conversación con el ecologista Ernest Urtasun

Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2014

A las puertas de la gran cita sobre el cambio climático que tendrá lugar en 2015 en París, el diputado ecologista en el Parlamento Europeo Ernest Urtasun nos alerta sobre el callejón sin salida en el que se encuentra en estos momentos la política climática en Europa y pone sobre la mesa los desafíos medioambientales que tiene que afrontar la Unión Europea.

Es uno de los nuevos rostros del Parlamento Europeo para la legislatura 2014-2019. El eurodiputado ecologista español Ernest Urtasun ‒desde luego menos mediático que Pablo Iglesias Turrión, líder de PODEMOS‒ es también el símbolo de la nueva ola política española. Con solo 32 años, tiene ya una considerable experiencia política adquirida en el seno de las juventudes de ICV (Iniciativa per Catalunya Verds) y como secretario, entre 2004 y 2008, del diputado europeo Raul Romeva i Rueda. Trabajó también como diplomático y en 2011 pasó a ser consejero del secretario general de la organización internacional Unión para el Mediterráneo. Elegido en las últimas elecciones europeas de mayo de 2014, forma parte del Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea junto con su compatriota Jordi Sebastia y otros eurodiputados como José Bové, Ska Keller o incluso Philippe Lamberts.

"Europtimista" pero diferente

Poco mediático y miembro de un partido político bastante incomprendido, destacó con motivo de una conferencia organizada por la ENA (École National d'Administration) en Estrasburgo. Al preguntarle sobre los objetivos de la Conferencia de París sobre el Clima de 2015 donde los acuerdos de Kioto serán renegociados, el eurodiputado se muestra indignado con la política climática inoperante de la UE y «europtimista» de cara al futuro, pero muy crítico con la Europa actual. Desde su punto de vista, y a un año de la Conferencia de París sobre el Clima, la salida de los ecologistas del gobierno francés en marzo pasado no augura nada bueno, a la vez que es un grave error estratégico y un nuevo signo de debilidad del Elíseo. Razón de más, explica, para «organizar un gran debate público en la Conferencia de París» y evitar que se olvide al día siguiente de su clausura, como ocurrió con la Conferencia de Copenhague de 2009.

Su principal preocupación tiene que ver con las graves consecuencias humanas del recalentamiento climático: 22 millones de desplazados en el mundo a causa del cambio climático según el Internal Displacement Monitoring Center. Una oportunidad única, según Urtasun, de movilizar a la comunidad internacional sobre cuestiones climáticas y de presionar a nuestros representantes políticos nacionales y europeos para obtener garantías relativas al cambio climático. En su opinión, es la UE la que debe tomar la iniciativa en la lucha contra el cambio climático, algo posible si nos mostramos como una «Europa fuerte» durante la Conferencia de París. Un oxímoron en los tiempos que corren…

Sin embargo, la pregunta que nos hacemos es si la Comisión Juncker será suficientemente ambiciosa en este terreno a pesar de no contar con ningún comisario ecologista y de que Arias Cañete, comisario para la Energía y el Cambio Climático, es uno de los más cuestionados dentro de la Comisión: sobre él recaen graves acusaciones por un presunto conflicto de intereses entre su cargo de comisario y su reciente pasado en la industria petrolera, negocio en el que su hermano posee una importante cantidad de acciones. Y no hay que olvidar tampoco sus declaraciones machistas dirigidas a Elena Valenciano, su contrincante durante la campaña para las elecciones europeas de mayo de 2014.

Maniobra de Tibor

Urtasun duda de la determinación de la nueva Comisión para tratar estos asuntos y no puede más que constatar el progresivo abandono del interés mostrado por el clima, particularmente en la grave crisis que está provocando ya en la cuenca mediterránea. Según él hay un verdadero bloqueo en las relaciones institucionales de la cuenca mediterránea, pero señala que con «un sistema institucional reforzado» la Unión gozaría de mejores oportunidades para minimizar la crisis climática en esta región y aportar soluciones duraderas.

De hecho, en una entrevista concedida al periódico digital español «eldiario.es» Urtasun manifiesta su escepticismo respecto a la Comisión Juncker y denuncia acuerdos de no agresión pactados en los pasillos del Parlamento entre socialistas (S&D), liberales (ALDE) y populares (PPE) para repartirse los escaños de comisarios. Se asombra de la esquizofrenia de Juncker al nombrar comisario de Cultura y Educación a un neofascista, el húngaro Tibor Navracsics; para Servicios Financieros a un cabildero (lobby) de la City, el británico Jonathan Hill; y para Inmigración al ultraconservador griego Dimitris Avramopoulos, a pesar de que 3 000 personas han muerto ya en 2014 al intentar atravesar el Mediterráneo.

Para opinar sobre el tema de las políticas de inmigración en el Mediterráneo es precisamente para lo que Ernest Urtasun fue invitado en la radio pública France Inter en septiembre de 2014. Manifestó que el problema radica en el hecho de que, a pesar del drama de Lampedusa, los ministros de Interior de los países miembros de la UE quieren que la política de inmigración siga siendo una competencia nacional, lo que desemboca en la policiarización de las políticas de immigración, en la primacía concedida al enfoque represivo en detrimento de un enfoque en el que se combine eficacia, humanidad y seguridad.

Europa navega en aguas agitadas

Por mal que pese al Frente Nacional y a otros partidos de la extrema derecha europea, Urtasun considera que una política de inmigración eficiente y controlada tiene que estar integrada en la UE y Bruselas tiene que tener más competencias. De hecho, solo la UE dispone de los medios necesarios para armonizar y coordinar las políticas de salvamento marítimo con las políticas de asilo, las políticas de cooperación al desarrollo así como la supresión del mercado ilegal de personas.

Sin embargo, los países miembros de la UE dan una vez más prueba de timidez. De hecho, mientras que el programa italiano de rescate marítimo «Mare Nostrum» terminó el 1 de noviembre de 2014, el programa europeo «Tritón» dotado con un presupuesto mensual tres veces inferior acaba de reemplazarle. Un programa considerado insuficiente porque cada Estado ha decidido ser responsable de su política de inmigración, a pesar de que las fronteras internas de Europa han desaparecido con el Acuerdo de Schengen. ¿Cómo se pueden controlar las políticas de inmigración si no se cuenta con los medios necesarios para lograrlo?,  se pregunta  Ernest Urtasun. Es la paradoja de la UE, una institución con capacidad infinita, dotada de un gran potencial para afrontar las mayores crisis de nuestro continente pero con competencas excesivamente limitadas por las reticencias de los estados miembros cada vez más soberanistas.