La Revolución de las Mujeres en Macedonia

Artículo publicado el 30 de Junio de 2016
Artículo publicado el 30 de Junio de 2016

Pintalabios rojo en los escudos antidisturbios y abrazos a oficiales de policía como signo de pacifismo. En 2015, Macedonia fue testigo de su primera "revolución de las mujeres", un acontecimiento que mostró que el "sexo débil" está preparado para cambiar la sociedad.  

Macedonia fue hace mucho tiempo una de las repúblicas más pacíficas de la República Federal Socialista de Yugoslavia. En la década de los 90, se retiró del "reinado" socialista, sin balas y sin revueltas civiles. Sin embargo, en los últimos años, el descontento social se ha hecho muy patente, lo que ha desencadenado una oleada de levantamientos en cuyas primeras líneas están ellas, las mujeres. 

En 2013, una enmienda a la legislación del aborto movilizó a un centenar de mujeres, jóvenes y adultas, en las calles de Skopie. En la Yugoslavia de Tito, sólo bastaba visitar al ginecólogo para hablar de aborto. Esto duró hasta que el Parlamento, sin mucho miramiento, aprobara una ley bastante restrictiva para regular la interrupción del embarazo. Aunque esta ley ponía los derechos de las mujeres macedonias en riesgo, la ley acabó aprobándose. 

Para Savka Todorovska, la reconocida Presidente de la Unión de Organizaciones de Mujeres de Macedonia, esto significó un verdadero escándalo. Todorovska trae a la memoria cómo los derechos de las mujeres gozaban de mayor protección durante la era comunista. "Por citar un ejemplo, había un Tribunal de Trabajadores. Si se vulneraban los derechos de las mujeres en algún sector, la ley nos permitía apelar y esta corte siempre prestaba ayuda. Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que las mujeres macedonias teníamos todos los derechos, pero no éramos consientes de ello". 

Hoy en día, los derechos de las mujeres "existen solo en papel", agrega Todorovska, ya que en este sistema capitalista, los empleadores sólo miran por sus propios intereses. El sexo femenino suele tener ciertas desventajas, al trabajar por las noches y durante los fines de semana, a pesar de que no encontrar guarderías que funcionen a esas horas. Resultaba más fácil armonizar la familia y el trabajo bajo el régimen comunista. Por entonces, a la mujer no se le permitía trabajar más de 8 horas y podía reducir su jornada laboral para amamantar a su hijo recién nacido". 

Curiosamente, esta cruel forma de discriminación en el ámbito laboral no se refleja en la política. En 1991, solo había 5 mujeres en el Parlamento. Hoy hay 42. De acuerdo con el Informe anual del defensor del pueblo de 2014, en un total de 108.848 empleados de la administración pública, un 52% son hombres y un 48% son mujeres. No obstante, el número de hombres en puestos de dirección es mayor que el de sus pares femeninos, aun cuando hay mujeres con mayor cualificación. La publicación 20 Años de Independencia de Macedonia, publicado por la Oficina de Estadísticas Públicas establece que el número de mujeres con títulos de posgrado supera al de los hombres. 

A comienzos del 2015, hubo otro escándalo. Según alegó la facción opositora, cerca de 20.000 ciudadanos macedonios sufrieron la intervención de sus teléfonos. A fines de 2014, tuvo lugar en Macedonia una de las protestas más grandes que se han realizado desde la independencia del país, con una concentración masiva del llamado "Plenario estudiantil" en Skopie. A éste se le unirían más tarde miles de ciudadanos y miembros de otros movimientos. Todos ellos se univeron finalmente bajo la misma bandera: ¡Protestiram! (Yo protesto).

Jasmina Golubovska, de 30 años de edad, se convirtió en un ícono de la protesta del 5 de mayo, cuando una foto en la que aparecía ella intentando besar a un agente de policía en medio de la multitud, se hizo con todos los titulares. "Estuvimos cinco horas frente a la casa de Gobierno", recuerda. "Hablábamos continuamente con los oficiales para convencerles de que bajaran sus escudos. El que estaba delante de mí estaba muy enfadado. Le pregunté si le podía dibujar un corazón, pero no me lo permitió y me amenazó con arrestarme. Tras intentar dibujar algo, le pregunté si podía usar pintalabios y poco después le besé el escudo. La multitud comenzó a buscar lápiz labial rojo para marcar la sangre que se había derramado durante tantos años". 

Golubovska estudió un máster en BoloniaItalia, y regresó a Macedonia en 2009. Dice que no ha dejado de protestar desde entonces. "Lo llamamos la Revolución de las Mujeres". Nosotras soportamos la carga impuesta aunque la misoginia es una de las herramientas estrella de este Gobierno para disminuir la importancia y la posición femenina. Resulta que las mujeres son más valientes al responder preguntas difíciles, como las que giran en torno a la comunidad LGBT, cuyas respuestas no tienen por qué gustar a todo el mundo. Las mujeres han tenido que tomar cartas en el asunto, ya que les perjudicaba", expresa Golubovska.

La forma en que las mujeres se apropiaron de la protesta era algo que Macedonia jamás había visto. Usaban "armas" muy distintas: abrazaban a los oficiales y besaban sus escudos antidisturbios. "Las mujeres participaron en las protestas políticas más importantes", explica Uranija Pirovska, Directora del Comité Helsinki de la República de Macedonia, una institución que peleó por la nueva ley del aborto. "El hecho es que la idea de que, por ser mujer, debo apartarme de la primera línea, es de todo menos válido. Al contrario, hemos demostrado que si hay que pelear contra el sistema, somos un sector muy importante al mismo nivel". 

Para las minorías que viven en Macedonia, el problema de la discriminación hacia el sexo femenino es incluso más grave. Las minorías albanesas, por ejemplo, representan un 25% de la población del país, según el censo de 2002. De acuerdo con Xane Kreshova, la directora del Foro Femenino en Tevoto, en la comunidad albanesa no se considera a las mujeres al mismo nivel que a los hombres. "Cuando llegué a Tevoto en 1983, las mujeres no podían mostrarse en público. Era impensable verlas yendo a pastelerías a comer solas. Ni siquiera cuando Yugoslavía aun existía, las albanesas podían trabajar", cuenta Kreshova, que antes de convertirse en en defensora del Foro de Femenino fue ama de casa. "Su deber era casarse, tener hijos y cuidar de la familia".

Kreshova explica que la situación de las mujeres albanesas cambió cuando se fundó la Universidad del Suroeste Europeo en Tetovo, lo que la convirtió en una "ciudad abierta". Kreshova cree que la educación ha modificado la percepción de las albanesas sobre su obligación de quedarse en el hogar. "Me alegra que ahora las mujeres quieran trabajar", dice. "Los hombres también buscan empleo para sus esposas. Todos quieren tener un mejor nivel de vida y proporcionar mejores condiciones a sus hijos, aunque en las áreas rurales esto no está del todo conseguido aún".

Mersiha Smailovikj, una activista por los derechos humanos de 31 años ha formado parte de casi todas las protestas que se han llevado a cabo estos últimos años. "Creo que debo estar activa por la cantidad de problemas que existen en nuestra sociedad". Su compromiso comenzó en 2007 cuando era estudiante en la universidad. Ella era musulmana pero en su carnet de identidad no podía llevar velo. "Como había estado usando un pañuelo en mi cabeza desde 2005, y como era una decisión propia, no me lo quité y dije que era un derecho constitucional. Organicé una rueda de prensa y en poco tiempo, la ley cambió", dice Merisha. "En ese momento me di cuenta que nuestras voces tenían poder".

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Texto: Zaklina Hadzi-Zafirova

Fotos: Tomislav Georgiev

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