LA SUPERVIVENCIA DE LOS RICOS: LA OLIGARQUÍA IMPIDE LA REFORMA EN UCRANIA

Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2017
Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2017

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Desde que Ucrania se hizo independiente, el problema de la oligarquía y la corrupción ha afectado las agendas de los personajes políticos y civiles más importantes de Ucrania. Se cree que estas incursiones son la causa principal por la que el cambio democrático no se produce en el país.  

Desde que Ucrania se hizo independiente, el problema de la oligarquía y la corrupción ha afectado las agendas de los personajes políticos y civiles más importantes de Ucrania. Se cree que estas incursiones son la causa principal por la que el cambio democrático no se produce en el país. Esto también preocupa considerablemente a aquellos involucrados en el desarrollo internacional y el apoyo a la construcción democrática. Curiosamente, Ucrania es unos de los países de Europa que más ayudas recibe. Este artículo pretende mostrar los problemas a los que Ucrania se enfrenta al luchar contra la corrupción y la oligarquía.

Descarga Policy Brief de Andrew Wilson

Fuente: Consejo Europeo en Relaciones Internacionales

La dimisión del Primer Ministro ucraniano Arseniy Yatsenyuk y el ascenso de Volodymyr Groisman demuestran el fracaso del proceso de reforma de Kiev, y abren las puertas a Europa para que luche por unos cambios más drásticos. Y mientras Ucrania sufre distintos casos de corrupción, la intrusión de la oligarquía en el cuerpo político impide la reforma.

En Ucrania la riqueza está concentrada en pocas manos. Antes de las protestas del Euromaidán de 2013, las acciones de las 50 personas más ricas de Ucrania constituían un 45% del PIB, casi cinco veces más que en EE.UU. La política en Ucrania resulta increíblemente cara, con gastos de campaña que ascienden a cien millones de dólares. Y el poder que ejerce la oligarquía sobre los medios de comunicación fortalece el poder político de los ricos.

El autor destaca dos aspectos claves, el sistema judicial y las empresas de propiedad estatal ucranianas, donde el proceso emergente de «desoligarquización» ha fracasado. El control que ejerce el gobierno sobre los tribunales da a lugar a que ninguna figura de la alta alcurnia de la era de Yanukovych haya pasado por juicio. Por otro lado, las empresas públicas de Ucrania desvían el capital del gobierno a los bolsillos de los oligarcas, ofreciéndoles más medios para controlar lo que sucede en Kiev.

La UE sigue siendo la única posible aliada de Ucrania y, de por sí, tiene el poder de utilizar una gran parte de su influencia en el proceso de reforma. Wilson destaca dos aspectos en los que los legisladores de Europa deberían poner su atención, ambos centrados en separar a los oligarcas del sistema político, en lugar de atacar la oligarquía en sí.

Como primera medida, se debería reforzar el poder de la sociedad civil local y presionar más a las autoridades ucranianas. Esto se podría llevar a cabo favoreciendo la participación de las ONG ucranianas en el diálogo entre la UE y el gobierno de Ucrania.

La UE y sus países miembros también deberían presionar a los líderes de Ucrania, que continúan al mando y que en algunos casos se benefician directamente de algunas de las peores prácticas del régimen de Yanukovych. Se debe investigar el abuso por parte de los hombres de confianza de la oligarquía en el estado burocrático.