La teóloga turca que dejó de llevar velo

Artículo publicado el 22 de Octubre de 2008
Artículo publicado el 22 de Octubre de 2008
Sus hermanas piensan que está enferma y "mejorará” un día, su madre está disgustada, mientras su padre la considera su hija más inteligente, e insiste en que hizo “lo correcto” hace tres años. La historia de Nuriye Durán- Özsov

"Estoy cansada de decirle a la gente que no creo que el velo sea un mandato de Dios, que soy una persona que habla, ríe y baila como los demás”, explica Nuriye Duran- Özsoy. La teóloga está sentada sobre un sofá rojo en el vestíbulo del hotel Rixos de Konya, en Turquía central, la ciudad donde creció, y está cansada de explicar por qué decidió quitarse el velo que había usado desde que tenía trece años. Son más de las 11 de la noche, pero ella lo vuelve a repetir con paciencia. Su jefe le había dicho que se quitara el pañuelo si quería continuar enseñando. La pequeña mujer, que ahora deja ver su cabello corto, se preguntaba por qué el hombre, siendo musulmán practicante como ella, no la apoyaba en su fe común. 

Cuestionando el velo

(Foto: Kinia Adamczyk)Presidía la Plataforma Baskent para mujeres, un modelo de comportamiento a seguir para mujeres musulmanas practicantes en Turquía, cuando tomó la decisión, a los 27 años. Algunos aceptaron su decisión, pero se “sintieron tristes por ella”. Otros lloraban: “te perdimos”. “No voy a cambiar de la noche a la mañana solo porque me saqué el pañuelo”, explica. “Soy la misma Nuriye de ayer”. Una mujer del ministerio de asuntos religiosos le reprobó al principio fuertemente su decisión, pero Duran-Özsoy mantuvo su posición en la presidencia de la plataforma. Después, se disculpó.

Las tendencias rebeldes y curiosas de Duran-Özsay emergieron en la universidad. Cuando era estudiante, sus compañeros la criticaban por usar colores vivos. “Siempre me gustó usar ropa bonita. Algunos decían que iba contra las reglas de Dios, pero es su opinión y no tiene que ver con la religión”. Desde 1996, un tiempo “más liberal en Turquía", Duran-Özsay y sus amigas empezaron a hacerse preguntas sobre el velo, sobre los derechos de las mujeres, sus roles, relaciones y actitudes dentro del Islam. “En el pasado, siempre eran los hombres quienes enseñaban la religión, pero ahora nosotras empezamos a discutir nuestro papel en la sociedad desde un punto de vista femenino”.

Símbolo político de hoy

En 1998, poco después de este viento liberal de cambio, la prohibición del pañuelo en la cabeza se hizo cumplir estrictamente. Como muchas de sus compañeras de estudios, Duran-Özsay abandonó sus clases no porque "fuera un mandato de Dios", sino porque no aceptaba la autoridad que la estaba obligando a descubrir su cabeza. Se entristeció cuando el actual partido gobernante Justicia y Desarrollo (AKP), considerado por lo general como islamista por los medios extranjeros, ascendió al poder en 2002. La cuestión del pañuelo en la cabeza, que se debate calurosamente ahora, desde que el gobierno levantó técnicamente la prohibición en febrero de 2008, no estaba en la agenda al principio de su administración. “Los hombres religiosos no entienden nuestros problemas. No quieren oírlos. Me hizo pensar que Dios no querría que yo tuviera todos estos problemas a causa del pañuelo”.

Según su opinión, la función de esta prenda ha evolucionado con el paso del tiempo: en las sociedades modernas, se ha vuelto más una tradición, aunque era una costumbre en el mundo árabe en el tiempo en que se escribió el Corán. “No es la voluntad de Dios para todas las mujeres hoy”, dice. A los ojos de los seculares turcos, el pañuelo en la cabeza se ha convertido en un símbolo político y una amenaza a los fundamentos de la república turca. “La prohibición asume que el velo tiene un significado claro”, argumenta Yesim Arat, un erudito en Ciencias Políticas de la universidad de Bogazici. Pero hay muchas formas de usarlo y las mujeres lo hacen por diferentes razones, sea por presión social o por elección y creencia personal. Por cualquiera de las razones, las “mujeres cubiertas se convierten en caballos de Troya que se infiltran en la república secular. Mientras tanto, el Estado cae en la trampa del autoritarismo, alienando a los liberales dentro de la comunidad islámica y radicalizando a los islamistas no liberales”, sostiene Arat.

Para Duran-Özsay, es esencial que las mujeres debatan la cuestión. “Creo que tenemos que resolver este problema tan pronto como sea posible. Tenemos que debatir si el pañuelo en la cabeza es un mandato de Dios o no, porque la mayoría de nosotros estamos experimentando problemas psicológicos a causa de esta situación. Tenemos que resolver esto como mujeres y no dejar que los hombres decidan por nosotras”.

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