La tierra de hielo y fuego

Artículo publicado el 20 de Mayo de 2016
Artículo publicado el 20 de Mayo de 2016

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

o: "Estuvimos a punto de morir y, aún así, amo este país".

Os puedo asegurar que no viajamos a Poniente para admirar la absoluta inmensidad del Muro ni tampoco llegamos hasta el borde de los acantilados de Pedernal, cerca de las Islas del Hierro, para contemplar una puesta de sol sobre el mar. Entonces, podéis preguntaros por qué hemos hecho estas increíbles fotos que se parecen con todo lujo de detalles a esos lugares. Porque viajamos a una tierra de extrema belleza, paisajes impresionantes y un frío polar. No somos personajes que se han escapado de las novelas de George R. R. Martin (yo sería Tyrion), sino estudiantes de periodismo de muchos rincones de este planeta que llamamos Tierra y que decidimos que Aarhus (la segunda ciudad más grande de Dinamarca, y una de las más antiguas) no es lo suficientemente frío para nuestro gusto – bueno, en realidad, necesitábamos experimentar un “Juego de Tronos”-. Y congelados hasta los huesos y aún felices por eso… la verdad es que me gustaría construir un argumento sólido defendiendo que esto solo es posible en Islandia. Siete días, cinco amigos, un Peugeot 108 y cero espacio para las piernas. Comenzábamos una aventura.

La península de Snæfellsnes 

Conducir a través de este país te hace recordar constantemente películas y libros. No puedo contar cuántas veces he gritado: “Chicos, esto es idéntico a aquella escena en la que Aragorn, Legolas y Gimli llegan a Rohan” –para desconcierto de mi grupo de amigos. Seguramente esto se debe a que muchos autores se han inspirado en el paisaje islandés, en el que reposan viejas leyendas y sagas. Julio Verne hace referencia a uno de sus volcanes – el Snæfellsjökull – a través del cual los expedicionarios de Viaje al centro de la tierra penetran en las entrañas del planeta. Y eso fue precisamente por lo que hicimos aquí nuestra primera parada. A la península de Snæfellsnes no se la conoce como "Islandia en miniatura" por nada. Esta zona aglutina el mayor número de sitios de interés turístico que Islandia nos puede ofrecer en una misma franja de terreno: acantilados escabrosos, playas ventosas, pueblos pintorescos y un volcán. La principal ventaja, por encima de otras, la facilidad con que se puede llegar desde la capital Reikiavik. Aquí, te puedes perder realmente en la natural grandiosidad de la campiña, observando los largos brazos de lava que de repente se transforman en gigante montaña cubierta por la nieve y, en cuanto has pasado, bajas rápidamente hacia un valle de verdes pastos. Siempre en dirección al mar, naturalmente.

A mucha distancia, los acantilados entre Arnarstapi y Hellnar parecen estar escondidos bajo las praderas que llegan justo hasta el Atlántico Norte, pero solo tienes que conducir hasta bastante cerca del borde y los verás. Lo hemos hecho, sobre todo, en homenaje a la canción de Damien Rice The Blower’s Daughter, parte de la banda sonora de la película Closer – la piel de gallina está garantizada. En el camino de vuelta tenéis que desviaros para ver Stykkishólmur, un pueblo costero que aparece repetidamente en la película La vida secreta de Walter Mitty, adaptación del cuento del mismo nombre publicado en 1939. Al salir del coche en este colorido pero triste lugar, parecía como si nos hubiésemos adentrado en el final de la tierra . A nuestro regreso será muy placentero ver las películas rodadas en Islandia y ver los lugares en los que hemos estado.

Círculo Dorado

Otra visita que no hay que perderse en Islandia es la ruta turística del Círculo Dorado, donde lo que más impresiona de todo es la catarata de Gullfoss, cascada dorada en islandés. A pesar de estar congelada en invierno, nunca he visto tantas tonalidades de blanco y azul y nunca he estado tan asustada a la hora de hacer a pie una ruta turística común. Vi a tantas personas caerse en el hielo que no era tan divertido.

También hay que parar en Thingvellir, un valle y parque nacional que se me quedó grabado. La deriva continental puede observarse claramente en este lugar, visible en las fallas que atraviesan la región.  La más grande de todas forma un cañón de considerables proporciones. Se trata de la dorsal Mesoatlántica (Mid-Atlantic Ridge), que a su paso por estas tierras separa las placas Euroasiática y la Norteamericana -algunos turistas estadounidenses nos  lo han remarcado: Europa y Estados Unidos a menos de cinco minutos… La lista de las cosas que hay que hacer antes de morir está completa, ¿tengo razón? Conduciendo a través del inmenso parque nacional Thingvellir, totalmente nevado, debería ser obligatorio poner música de la banda islandesa Sigur Rós (Rosa de victoria, en islandés). Lo que más me decepcionó fue el Geysir, el géiser más antiguo que se conoce y uno de los más impresionantes. No entró en erupción. Normal, lo que estábamos viendo era el Strokkur, la fuente géiser que está más próxima y que erupciona cada diez minutos más o menos. La zona geotermal parece sacada de una novela fantástica, y tiene un olor un poco peculiar. El Círculo Dorado bien merece, desde luego, un paseo; solo tienes que estar preparado para encontrarte con otros seres humanos.

Reikiavik

La más septentrional de las capitales del mundo es más pequeña que mi ciudad natal, incluso más pequeña que Aarhus (la segunda ciudad más grande de Dinamarca). Con sus pequeñas casas de colores, el puerto viejo, sus numerosos cafés y la Hallgrímskirkja (una iglesia de rito luterano) bien merece una visita diurna, aunque cobra vida cuando llega la noche. En ese momento se convierte en una ciudad animada y bulliciosa, llena de oportunidades: beber cerveza a precio más bien caro, tener una vaga conversación con un chiflado islandés o bailar hasta que salga el sol. Nos lo pasamos genial en un bar gay llamado Kiki, donde la música era fantástica y los clientes de los más abiertos que he conocido en Escandinavia (por supuesto, esto podría llevar a toda una discusión sobre si es o no Islandia actualmente parte de Escandinavia –mi opinión es que sí). Por favor, no os perdáis una noche de fiesta en Reikiavik, aunque beber allí sea realmente caro. Participr en algún juego para conseguir bebidas gratis, que siempre es divertido.

Auroras boreales

Nos quedamos atrapados en la nieve en medio de la noche, estábamos alucinados por la fuerza del viento, y tuvimos que recorrer una gran distancia –todo sea por conseguir ver la aurora boreal. Tuvimos mucha suerte y la vimos dos veces  en una semana: la primera noche y la última. Era como si hubiese decidido darnos la bienvenida y despedirse, magia a un nivel desconocido. La primera noche empezamos a conducir lejos de la ciudad en plena noche, nos perdimos y acabamos por quedar atrapados, pues nuestro coche era demasiado pequeño para pasar por la nieve. Empujar el Peugeot para sacarlo de la nieve, todo ello en plena noche y con un viento espectacular que nos helaba la cara suena a puro horror, pero no lo era.

Durante nuestra última noche, ya en el aeropuerto de Keflavik, uno de nuestros amigos descubrió que la aurora boreal era visible justo a unos minutos del aeropuerto, así que comenzamos a correr. Corrimos por la nieve con todo el equipaje, siempre hacia la oscuridad. Cuando por fin vimos la luz verde, sin aliento y con moratones de resbalarnos y caernos en el hielo, eso es una sensación indescriptible de triumfo y asombro. Un final perfecto para un viaje increíble.

Consejos de viaje

  • Desde el aeropuerto de Copenhague, la compañía WOW air ofrece vuelos baratos a Islandia (aeropuerto de Keflavik).

  • Reservamos un Peugeot 108 con motor Toyota en Green Motion (empresa de alquiler de coches), un coche incrible, pero en Islandia es mucho mejor alquilar un coche más grande, preferiblemente con tracción a las cuatro ruedas. También: utilizar cada estación de servicio disponible, en algunas zonas será difícil encontrar una.

  • Si sois un grupo numeroso como el nuestro, merece la pena mirar los anuncios de Air BnB, aunque los hostales en Reikiavik también ofrecen precios razonables. Es conveniente tener en cuenta el tiempo que pasaréis conduciendo dentro y fuera de la ciudad, pues ¿es realmente necesario hospedarse en el centro si vais a pasar la mayor parte del tiempo en la carretera?

  • Para una excursión de medio día ir al sur de Reikiavik, hacia Selfoss, y luego continuar hasta Stokkseyri. Son algunos pueblos famosos por sus playas de arena negra, increíbles incluso en invierno.