La torre más artista de Berlín

Artículo publicado el 25 de Junio de 2008
Artículo publicado el 25 de Junio de 2008

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Es pequeña, de forma cúbica, pero acoge en su interior una parte importante de la Historia alemana.

Es tan pequeña que te costará reconocerla. Cuando te adentras en el parque Schlesischer y ves los altos árboles dando sombra en los caminos donde se pasean los berlineses con tranquilidad, es difícil imaginar que este era uno de los lugares que dividía Berlín en dos con su muro. Cuando la torre aparece de repente entre los arbustos, aún te parece más improbable: es pequeña y gris, excepto por las pintadas que cubren el primer metro y medio del cubo. No imaginarías tampoco que la torre contiene una exposición de arte. Sin embargo, las actividades artísticas han prevalecido en ella durante casi 20 años, desde la caída del muro.

Ola de destrucción

Esta torre de diez metros, construida entre 1976 y 1983, controlaba otras 18 torres vigía cercanas. Al principio de los noventa, se suponía que debía ser destruida como la mayor parte del muro. El gobierno de la RDA asignó a las tropas fronterizas desmantelar todo el sistema de vigilancia en la linde de Berlín, con el apoyo de la opinión pública. No había casi ninguna intención de preservarlos como testigos de la Historia, según explica Hubert Staroste, de la autoridad patrimonial de Berlín.

El monumento gris sobrevivió a la ola de destrucción gracias a la asociación ‘Museo de arte prohibido’ (Museum der Verbotenen Kunst). Fue el soldado de la torre el que le pasó el mensaje a Kalle Winkler, un punk de Berlín, compositor y fundador del museo, después de que el muro dejara de ser necesario el uno de julio de 1990. Los militares cedieron la torre como signo de su intención mantener la paz, según explica Roland Prejawa, un miembro activo de la antigua asociación, aunque no fue tan sencillo de conseguir ya que los bienes militares no pueden ser cedidos para intereses privados. Además, de acuerdo con la Ley alemana, todo lo que se construido sobre un terrero pertenece al propietario de dicha parcela, en este caso el Estado.

Cruce entre los occidentales y los orientales

Los politicos y la opinión pública empezaron a cambiar tras el primer años de die Wende, la reunificación alemana. La gente empezaba a aceptar el doloroso hecho de que estos monumentos formaban una parte integral de la Historia alemana y de la Europa de la post-guerra. En 1992 la torre vigía de Schlesisches Busch pasó a formar parte de la lista de monumentos protegidos y la asociación la obtuvo en propiedad. “Queríamos convertirlo en un punto de encuentro para los berlineses del este y del oeste, ya que este fue el primer punto que se abrió en la ciudad”, comenta Prejawa.

El Museo de arte prohibido, como su nombre indica, expone arte que había sido prohibido en la RDA y se afana también en mostrar cómo funcionaba el sistema fronterizo. Al principio, los berlineses estaban muy interesados los unos en los otros, pero la curiosidad de los primeros momentos pasó, por lo que a finales de los noventa casi la totalidad de los visitantes de la torre eran turistas. El museo continuó con su actividad hasta 2004 cuando, por falta de fondos, debieron devolver la torre al Gobierno.

Cuestionando el pasado

Un nuevo capítulo en la Historia de la torre comenzó con la asociación de arte Kuntsfabrik Flutgraben e.V. Las autoridades de Berlín buscaron inspiración para poder continuar con las actividades artísticas en la torre y escogieron la de esta asociación, que comenzó a exponer en 2004. “La idea era mantener la torre abierta al público, lo que no es tan simple ya que una de sus principales características es la falta de accesibilidad”, comenta Svenja Moor, la encargada artística del proyecto.

La exposición actual, llamada Dorle, trata sobre una mujer que después de intentar escapar de Alemania del Este, fue ‘invitada’ a trabajar por las Stasi, Staatssicherheit, la policía secreta de la RDA. La artista, Christine Berndt conoció a Dorle, la protagonista, personalmente. Para ella, el principal tema de la instalación es un conflicto interno. Es un conflicto no solo para Dorle, sino también para el espectador. “Es difícil hacer un juicio, al mismo tiempo Dorle es inocente y culpable”, explica Berndt, que explica que la forma de la torre y los espacios cerrados dentro del monumento sirven de metáfora de la prisión interna que Dorle sentía.

La exposición provoca diferentes reacciones en los visitantes. A algunos no les gusta la música, algunos se sorprenden al encontrar una instalación donde esperaban que hubiera algo más histórico. Como sea, todos coinciden en que las exposiciones de arte son una buena forma de enlazar el pasado con el presente. Como comenta Berry Hall, turista americano en Berlín: “La gente olvida rápido, pero el muro es una parte de la Historia de Berlín”.